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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Souter con salsa picante

Ruth Marcus
Ruth Marcus
viernes, 29 de mayo de 2009, 01:08 h (CET)
El puesto, en cierto modo, no parecía estarle destinado a Sonia Sotomayor -- incluso siendo la única de los cuatro candidatos entrevistados para ocupar la vacante en el Supremo que el Presidente Obama no conocía de antemano.

Dos -- la Secretario de Interior Janet Napolitano y la Fiscal General Elena Kagan -- ocupan puestos en su administración; el cuarto -- la magistrada del Tribunal de Apelaciones Diane Wood -- era compañera suya de la Facultad de Derecho en la Universidad de Chicago.

Cada uno era tentador: Napolitano tiene el fondo legislativo que brilla por su ausencia en el tribunal desde la marcha de Sandra Day O'Connor; Kagan tiene precedentes de reunir a progresistas y conservadores en un campo que es por lo menos igual de díscolo que la Facultad de Derecho de Harvard; Wood es favorita de Obama con una reputación judicial estelar.

Y aún así las razones para escoger a Sotomayor eran tremendamente convincentes. Su trayectoria vital es atractiva en un sentido que refleja la propia trayectoria sorprendente de Obama: hija de puertorriqueños, asciende de las viviendas de protección oficial del Bronx a la cúspide de la profesión legal, superando adversidades (diabetes infantil, la muerte temprana de su padre) por el camino.

Ella aporta una amplitud considerable de credenciales y experiencia, desde la valentía de la oficina del fiscal de distrito de Manhattan a los enrarecidos recintos de la ley de la propiedad intelectual pasando por la práctica vida del magistrado de juzgados.

Y los atractivos evidentes, tanto simbólicos como prácticos, de que el primer presidente afroamericano designe al primer magistrado hispano del Supremo no han pasado desapercibidos a Obama. La elección de Sotomayor, por supuesto, satisface a un importante electorado del Partido Demócrata; si la sanidad y el cambio climático terminan eclipsando la reforma de la inmigración este año, un juez hispano puede ayudar a paliar las quejas.

Puesto que es probable que Obama tenga que llenar más de una vacante del alto tribunal, elegir a una mujer hispana para ocupar la primera vacante le proporciona la máxima flexibilidad para el futuro -- tal vez incluso un protestante anglosajón blanco, una especie en peligro de extinción entre los jueces.

Antes de la entrevista de Obama, los evaluadores de la Casa Blanca habían hablado con los colegas Republicanos de Sotomayor en la jurisdicción de Nueva York, que elogiaron tanto su intelecto como su cercanía; examinaron las transcripciones de argumentos orales y no vieron prueba de presunta intimidación en algunas informaciones.

De hecho, la supuesta asertividad de Sotomayor podría ser un extra a los ojos de Obama.

"La pregunta para él era, '¿es ésta una persona que cuente con la dureza, la capacidad intelectual, para plantar cara a John Roberts?'" decía un alto funcionario de la administración. “Salió con ella de su entrevista el jueves y dijo no tener ninguna duda de su capacidad intelectual para plantar cara a Roberts.”

Soy escéptica con las críticas iniciales a Sotomayor -- con algunas salvedades. Una de ellas está relacionada con el caso de los bomberos de New Haven, Conn. No estoy tan preocupada por la postura de Sotomayor como por la forma sumarial en la que el panel de tres jueces del que ella formaba parte instruyó el caso, sin molestarse siquiera en redactar un veredicto a pesar de la importancia de la cuestión el juego.

También me gustaría saber más por boca de la propia Sotomayor acerca de sus comentarios fuera del tribunal -- por ejemplo, de este discurso de 2001: "Esperaría que una mujer latina inteligente con la riqueza de sus experiencias llegara con mayor frecuencia a un mejor veredicto que un varón blanco que no ha llevado esa vida.” Algo exagerado en interés de la diversidad (mi interpretación) o una preocupante muestra de política de minorías (como interpreta el periodista de National Journal Stuart Taylor).

Ya me perdonará, no obstante, si detecto un tufo a sexismo en la cantinela del alarmismo; en cierto sentido dudo que un juez masculino fuera regañado de esta manera por ser firme con los demandantes. Lo mismo se puede decir, con algo de racismo añadido, de la insinuación casi anónima e inadecuadamente sustentada de que Sotomayor es un peso pluma intelectual. Encuentro terriblemente difícil reconciliar eso con haberse licenciado con matrícula de honor por Princeton.

En cualquier caso, a pesar de todo el menosprecio a las audiencias de confirmación como pantomimas, en mi experiencia han funcionado llamativamente bien a la hora de elucidar, para bien (David Souter, Roberts) o para mal (Clarence Thomas), la capacidad del candidato y su temperamento intelectual.

En cuanto al retrato de Sotomayor como una progresista radical, difiero del juicio que hace Tom Goldstein en el valiosísimo ScotusBlog: "No hay duda de que Sonia Sotomayor se sentará a la izquierda de este Tribunal Supremo, no sólo en la izquierda radical," escribía. “Nuestras revisiones de sus veredictos la sitúan esencialmente en el mismo saco ideológico que el juez Souter.”

Souter con un golpe de salsa picante me suena bastante bien.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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