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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

A través de un campo minado con pies de plomo

Ruth Marcus
Ruth Marcus
miércoles, 27 de mayo de 2009, 00:51 h (CET)
El Presidente Obama es:

(a) un decepcionante traidor de los conservadores, que se postuló bajo la promesa de invertir los excesos de la administración Bush en la guerra contra el terror y ahora los suscribe.

(b) un peligroso progre cuyas visiones ingenuas sobre ser amables con terroristas amenazan la seguridad nacional.

(c) una versión más paladeable y educada de George W. Bush, que sesga gran parte de las políticas contra el terror que tenía la administración anterior al tiempo que las envuelve de retórica más agradable.

El presidente ha sido acusado de las tres cosas en los últimos días, lo que sugiere que la respuesta correcta es:

(d) ninguna de las anteriores. Obama heredó un campo sembrado de minas de cuestiones legales espinosas entrelazadas con la guerra contra el terror, y se ha desenvuelto con cautela, inteligencia y -- en general -- corrección.

De hecho, los tropiezos del presidente han sido más en la puesta en práctica que en la política. Se arriesgó (y perdió) la votación de la financiación para cerrar Guantánamo en el Congreso. Se opuso (pero sólo después de haber aparentado dejar la puerta abierta) a constituir una comisión independiente para examinar las prácticas de interrogatorio. Estuvo a favor de desclasificar las fotografías de los abusos a los detenidos antes de estar en su contra.

Basándose en las pruebas, sin embargo, Obama ha acertado más de lo que ha errado. Mis discrepancias se refieren, en el conjunto de asuntos, a asuntos de segunda fila relativamente -- la reafirmación del generoso privilegio del secreto de estado y el giro en redondo con la desclasificación de fotografías -- y son juicios difíciles tomados basándose en más información, por definición, de la que tenemos el resto de nosotros.

Algunos de los asuntos que Obama abordó en el integral discurso del jueves -- cómo llevar el cierre de Guantánamo, si desclasificar memorandos o fotografías de los abusos o no -- fueron líos heredados de la administración Bush.

Si la administración Bush hubiera contado con los elementos básicos del respeto a la ley y la justicia desde el principio, si no se hubiera decantado tanto por poner énfasis en el poder ejecutivo a expensas de las otras ramas, Guantánamo no se había convertido en el símbolo tóxico en que se ha convertido. Si la administración Bush no hubiera corrompido las pruebas con sus "técnicas de interrogatorio avanzado," puede que más detenidos -- peligrosos la mayor parte de ellos -- hubieran podido comparecer ante la justicia.

Otros asuntos son insalvablemente difíciles -- "decisiones difíciles" que implican "motivos de preocupación excluyentes," como decía Obama al hablar de equilibrar la apertura y la seguridad. La más difícil es la polémica y arriesgada parte de la contribución de Obama a levantar una arquitectura legal sostenible en la guerra contra el terror: un mecanismo para confinar a los detenidos que no pueden ser juzgados ni liberados.

La idea de un régimen de detención preventiva debería incomodar a todo el mundo -- excepto porque las alternativas (liberar a individuos peligrosos por varios motivos no pueden ser juzgados) deberían incomodar a todo el mundo aún más.

De manera que las opciones de respuesta (a) “decepcionante traidor” y (b) “progre ingenuo" son erróneas. A veces -- revocando el uso de las técnicas de interrogatorio avanzado, desclasificado los memorandos de la Oficina Jurídica en la materia -- ha optado por la opción "izquierdista”. En ocasiones -- reafirmando el privilegio del secreto de estado, restableciendo las comisiones militares, concibiendo un mecanismo legal de confinamiento preventivo -- se ha decantado por la opción "conservadora”.

Lo cual convierte en errónea la respuesta más intrigante (c) “una versión más paladeable y educada de George W. Bush.” Este argumento sido defendido ampliamente por el director de la Oficina Jurídica Bush Jack Goldsmith. Escribiendo en el New Republic, Goldsmith asegura que Obama "ha copiado la mayor parte del programa de Bush, ha ampliado parte de él, y sólo lo ha limitado un poco. Casi todos los cambios de Obama han sido a nivel de presentación, simbología y retórica.”

Esto sólo es cierto si usted define “el programa de Bush” como lo que los tribunales, y en un grado vergonzosamente menor el Congreso, habían obligado a hacer a Bush en el ocaso de su presidencia. Hasta las posturas parecidas contienen importantes diferencias cuyo impacto minimiza Goldsmith. Obama suspendió y después restableció los tribunales militares constituidos por Bush -- pero con mejoras en la exclusión de información obtenida mediante coacción, limitando el uso de los humores, y ampliando el acceso a abogados.

Lo que es más importante, allí donde Bush se resistió a cualquier usurpación del poder ejecutivo, Obama celebra compartir poder y responsabilidad. “Nuestro objetivo no es evitar un marco legal legítimo. En nuestro sistema constitucional, la detención prolongada no debe ser decisión de un solo hombre," decía. "Siempre que determinemos que Estados Unidos debe confinar a individuos para impedir que cometan actos de guerra, lo haremos en el marco de un sistema que implique supervisión judicial y del Congreso.”

No es retórica glamorosa encaminada a disimular las mismas políticas de antes. Es cambio inteligente, peligrosamente atrasado.

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