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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Votar?, ¿para qué? No merecen nuestra confianza

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 27 de mayo de 2009, 00:49 h (CET)
Cuando se empezó a hablar de las elecciones para el Parlamento Europeo publiqué un artículo en el que defendía la abstención y el voto en blanco como un medio legítimo de la ciudadanía para manifestar su disconformidad, no sólo con la actuación de los gobernantes, en cuanto a la conducción de la nación en este tiempo de crisis, sino también como medio de hacerle saber a la propia Unión Europea nuestro absoluto rechazo a la forma de enfrentarse a la recesión, en el poco acierto en cuanto a las medidas a tomar para prevenir y paliar, en lo posible, los efectos de esta macro crisis que sufrimos y la escasa confianza que nos merece la politización de dicho organismo que ha sido capaz de infundir inquietud, no sólo en la población europea, sino también en el propio tejido financiero y económico que, a pesar de los esfuerzos de los respectivos gobiernos en intentar poner buena cara al mal tiempo, no han sido lo suficientemente convincentes para conseguir detener su caída imparable. Hoy, transcurridos unos meses, no sólo me reafirmo en las opiniones de aquel artículo, sino que me siento obligado a concretar más la forma en la que creo que deberíamos expresar nuestro más absoluto rechazo, no solamente al despilfarro absoluto del dinero de los contribuyentes con el que, estos economistas que manejan los hilos de las finanzas mundiales, están pretendiendo atajar los efectos de lo que comenzó con unos pocos bancos que especularon con los dineros de los inversores y ha acabado siendo el saqueo más absoluto de las arcas de los estados, o mejor dicho, de los dineros de los contribuyentes; sin que todo este chorro de dinero haya llegado, ni en una mínima parte, a los que verdaderamente lo necesitan: las familias y las pequeñas empresas.

Lo que si ha quedado palmariamente demostrado es que, en España, la campaña que están llevando a cabo los partidos políticos poco tiene que ver con lo que pueda ofrecer Europa a las naciones que la forman y, todavía menos, con lo que los que se presentan como candidatos por España al Parlamento Europeo, puedan ofrecer a Europa. Tenemos la impresión de que, todos aquellos que forman parte de las listas que, cada partido, ha elaborado para enviar a Europa, han sido escogidos, más que por su preparación y valía para representarnos en la magna Asamblea europea, como un artificio para quitarse de encima a posibles competidores que les pudieran hacer sombra a los actuales líderes, en el territorio nacional o, también entra dentro de lo posible, para alejar y proporcionarles un apacible retiro a aquellos otros de los que se tuvo que prescindir por no dar la talla para los puestos para los que habían sido elegidos, como pago y recompensa por los servicios prestados y, por qué no decirlo, para que dejasen de incordiar.

Aquí no se discuten asuntos de talla europea, ni proyectos de una futura Constitución para la UE ni, tan siquiera, para impulsar una determinada política que favoreciera al mercado europeo en su competencia con el resto de bloques que forman los diversos mercados mundiales. No, señores, en España la batalla se libra para dilucidar si puede más el PSOE o el PP, como si se tratara de unas primarias que marcaran una tendencia futura. Se trata de que, cada partido, sitúe sus peones en el tablero de la política y perfile sus alianzas con el resto de formaciones minoritarias entre las que destacan, por sus especiales ambiciones independentistas, los catalanes, gallegos, vacos y baleáricos. Vean un ejemplo, de poca trascendencia aparente, pero que demuestra hasta donde la parte ideológica de cada formación cede a las conveniencias del reparto de poderes. En Catalunya el señor Montilla ha tendido la mano a su eterno rival el PP, para intentar aislar a CIU. Claro que debemos reconocer que lo que hoy en día es la formación popular en Catalunya, regida por la señora Sánchez Camacho, nada tiene que ver con aquel partido boyante, al mando de don Alejo Vidal Cuadras. Una imagen vale por mil palabras y la fotografía de ambos políticos, enlazados por la cintura, que hoy publica el rotativo La Vanguardia basta para que nos entren náuseas a los antiguos militantes del PP de Aznar.

Que el señor ZP quiera vendernos lo de la economía “verde” y además se vaya a Andalucía (feudo endémico del PSOE) a engañarlos una vez más prometiéndoles el oro y el moro, resulta algo verdaderamente patético. Lo que no nos explica es por qué los acogidos al PER no trabajan mas que tres meses al año y luego vacan el resto, en lugar de que se los utilizase para otros trabajos en bien de la comunidad ya que continúan lucrándose a cargo de los impuestos del resto de ciudadanos. ¿Por qué esta nueva economía del I+D y la informatización intensiva tiene que implantarse en la región que menos industrias posee y que más paro registra?, ¿Acaso no hay otras autonomías, como la extremeña, por ejemplo, que padecen recesión que quizá no tienen las ventajas de que goza la tierra de los ministros? O, como nos imaginamos, se trata de intentar recuperar los votos que las encuestas dan por perdidos en Andalucía para el PSOE y, por ello, hay que hacer promesas que todos saben que no está en las manos de este Gobierno el cumplirlas. ¿De elecciones europeas?, nada de nada, aquí se parten la cara para mantenerse en el candelero los unos y para arrebatarles el poder a los que gobiernan los otros. Todos de espaldas a los ciudadanos, que son los que de veras están padeciendo en sus propias carnes los deletéreos efectos de una crisis que, sin cortarlo ni pincharlo, se han encontrado encima, que ahora tienen que apechugar con ella, algunos en el paro, los otros viendo peligrar sus puesto de trabajo, todos apretándose el cinturón y rogando a Dios o a los manes familiares para que las cosas no se agraven aún más y que podamos salir algún día de este infierno.

Es por todos nosotros, los ciudadanos de a pie, para que la clase política de España y toda Europa se entere de que rechazamos su prepotencia; su incapacidad para enfrentarse a la crisis; su desvergüenza al favorecer a bancos y entidades financieras, consintiendo que las familias y las pequeñas empresas se hundan y sucumban bajo los efectos de la gran recesión; sus despilfarros en conferencias y más conferencias internacionales, en las que se gastan millones y no sirven más que para que los paniaguados de siempre cobren sus astronómicos sueldos, sus dietas y se den la vida de pachás en los mejores hoteles de Europa. Sostengo que la mayor bofetada que se les puede dar a toda esta gentuza es, precisamente, demostrarles que no comulgamos con ruedas de molino y que, por eso, no queremos seguirles el juego, favoreciendo que sigan jugando con todos los europeos. Para ello no basta votar en blanco, porque hacerlo no sirve para nada ya que el voto consta como emitido; por el contrario, el no ir a votar, el demostrar con una abstención alta, que no los aceptamos y que no nos gusta como manejan nuestros intereses, y que es preciso que rectifiquen y cambien de orientación para poder congraciarse con el pueblo o que, en caso contrario, se van a encontrar solos y con su proyecto de Europa unida convertido en agua de borrajas. No queremos una Europa incompetente, burocratizada y refugio de una pléyade de funcionarios que graven aún más nuestras maltrechas economías. Si señores, ustedes son muy dueños de pensar lo contrario, pero éste que escribe este artículo, no va a ir a votar.

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