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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Obama y la tortura

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 27 de mayo de 2009, 00:44 h (CET)
Durante la campaña que le llevó a la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama prometió luz y taquígrafos en la política antiterrorista y terminar con la violación de los derechos humanos, característica de la época Bush. Ahora, Obama se opone a que se publiquen centenares de fotos que exponen las crueldades cometidas con los prisioneros afganos e iraquíes, a pesar de la orden judicial que le insta a hacerlo. Según la Casa Blanca, el presidente Obama se ha rendido a la recomendación del alto mando militar que considera que publicar las controvertidas imágenes pondría en peligro a las tropas americanas porque contribuiría a incrementar el odio hacia ellas. La Organización americana de Defensa de las libertades Civiles ha condenado la postura de Barack Obama, acusándolo de querer tapar los crímenes de guerra cometidos por su predecesor George W. Bush.

Refiriéndose a las escabrosas ilustraciones, Anthony D. Romero, presidente de la Organización Americana de Defensa de las Libertades Civiles, ha dicho: “Es cierto que estas fotos pueden ser preocupantes, el día que no nos afecten estos actos repugnantes será un día triste. En América, cada acto y documento se publican, sea ahora o dentro de unos años. Cuando se publiquen estas imágenes, la atrocidad recaerá no solamente en la tortura cometida por la administración Bush, sino también en la complicidad de la administración Obama por esconderlas. Cualquier atrocidad relacionada con estas ilustraciones no tendría nada que ver con su publicación, sino con los crímenes que describen. Sólo mirando al espejo, reconociendo las fechorías del pasado y sintiéndonos responsables podemos caminar hacia delante y asegurarnos que estas atrocidades no se repetirán” .

¿Por qué este deseo de esconder lo que se sabe que no está bien e impedir que se sepa? En la conversación que de noche Jesús mantuvo con Nicodemo, un dirigente de los judíos, el Señor responde a la pregunta que nos hacemos: “Y esta es la condenación: que la luz (Cristo) vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque sólo aquel que hace lo malo, aborrece la luz (Cristo), para que sus obras no sean reprendidas” (Juan,3:19,20). Es las actitud del enfermo que no quiere ir al médico porque no quiere reconocer la enfermedad que lo llevará al sepulcro, o la del ciego que no queriendo admitir su ceguera va a las suyas y se cae en un pozo y se malhiere. El pecado ciega al hombre y no lo deja ver tal cual es realmente y le impide ir a Cristo para que le cure. El Señor, pero, es más fuerte que el pecado y en su gracia abre los ojos del ciego, lo cual le permite ver su condición espiritual para no intentar esconderla. La reconoce y la sangre que Cristo derramó en la cruz le limpia todos sus pecados. Empieza una nueva manera de vivir.

Anthony D. Romero quiere que se publiquen las fotos conflictivas para que no se repitan las atrocidades que denuncia. Entre nosotros se quiere recuperar la memoria histórica para que no se reproduzcan los crímenes que se cometieron durante la guerra civil. Pero a Historia se repite con decorados distintos. La violencia, de la índole que sea, persiste porque el conocimientos de las atrocidades no cambia el corazón. Hasta el momento en que Jesús abre los ojos espirituales, el hombre es incapaz de ir a Él, la luz que le convierte en una nueva criatura que le permite abandonar el estilo de vida que ahora le avergüenza.
Leer la Historia con ojos imparciales puede ser bueno. Digo que puede ser bueno porque esta lectura hace posible que despierte un sentimiento de culpabilidad que le lleve a Cristo, la luz del mundo, para que haga lo que es imprescindible para poder empezar a transitar por el camino que conduce al perfeccionamiento personal.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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