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Apuros de fin de curso

Fernando Mendikoa
Fernando Mendikoa
martes, 26 de mayo de 2009, 23:01 h (CET)
Nos encontramos a las puertas de la última jornada de liga y con varios equipos al filo de la navaja, al estilo de los estudiantes un pelín tranquilos y reposados que dejan todo para última hora. Hay quien define como "mal estudiante" al que así actúa, pero hay que reconocer que dejar las cosas para el último día no necesariamente es sinónimo de no aprobar: algunos hacíamos cosas parecidas y, después de todo, tampoco nos fue tan mal. Seguro que más de uno está empezando ahora a repasar los apuntes de cara al próximo examen (me refiero al de mañana, por supuesto), y todavía va por la lección de octubre. Pero aún hay tiempo, claro que sí: que no cunda el pánico. Además, a fin de cuentas el aprobado o el suspenso sólo afecta al interesado, a nadie más. Sin embargo, esto no vale para el fútbol: a ver quién le quita al sufrido seguidor de turno todos los disgustos vividos, por mucho que a última hora su equipo del alma se salve.

Y en ello están estos días todos aquellos que se encuentran inmersos en esa desagradable lucha por evitar llevarse el único billete que falta por repartir con destino a un lugar bien poco aconsejable, como es la 2ª División. Y no es para menos: que se lo pregunten a equipos que han purgado/siguen purgando dicho castigo durante años, sin regresar a Primera, o bien haciéndolo al cabo de mucho tiempo. Dos equipos, Numancia y Recre, no han podido mantener la categoría (a pesar de su más que encomiable esfuerzo por lograrlo), y hay que reconocer que, salvo para los afectados, el domingo que tenemos por delante se presenta ciertamente apasionante. Nada más y nada menos que cinco equipos lucharán por seguir una temporada más entre los grandes, y a partir de aquí las calculadoras echan humo.

Lo mismo ocurrirá el sábado en esa otra pelea por entrar en Europa, vía Champions o a través de la nueva Europa League (en concreto, Atlético y Villarreal buscan la 4ª plaza de la Liga de Campeones, mientras que Valencia y Depor optan a la segunda competición europea). Pero nos centraremos en la zona baja, que es la que de verdad está al rojo vivo.

Mirando la clasificación, observamos que Osasuna y Sporting tienen 40 puntos, Betis y Getafe suman 41, y el Valladolid afronta la decisiva jornada con 42. Y todos dependen de sí mismos. Alguno me dirá que eso es imposible, puesto que (si dicha afirmación fuera cierta) todos seguirían en 1ª división en caso de ganar sus respectivos choques, como asegura la premisa expuesta. La clave para la resolución de semejante endiablado jeroglífico la encontramos aquí: habrá un duelo en el que se verán las caras dos equipos de esos que ahora mismo están con la soga al cuello (será en el Betis-Valladolid). Esto, en términos prácticos, significa que es más bien imposible que ambos puedan ganar, y ello es lo que precisamente da la razón a la hipótesis, y abre así la puerta a la gloria de aquellos equipos que ganen su partido. Y tan complicada está la cosa que incluso podríamos asistir a un partido de desempate entre Betis y Getafe, no les digo más. Pero vayamos por partes.

Osasuna parte en puestos de descenso, tras una temporada a la que se hace difícil poner un calificativo: horrible primera vuelta (primer triunfo en la 12ª jornada), reacción de la mano de Camacho, siesta general al pensar que ya estaba todo hecho y, tras imponerse al Barça, intentará cerrar la salvación en casa ante el Real Madrid (de vacaciones hace ya algunas jornadas). El caso del otro equipo con 40 puntos, el Sporting, es bastante similar: derrotas (y con goleadas añadidas) para abrir boca en su regreso al fútbol de élite, reacción, más derrotas, nueva reacción y un único empate. Y la permanencia la decide este domingo en El Molinón, con el ya descendido Recre como rival, y con una afición volcada para hacerse con una entrada que dé derecho a asistir (así lo esperan, claro) al definitivo milagro.

Por su parte, el Getafe mantuvo la compostura más o menos dignamente hasta el final de la primera vuelta, pero Víctor Muñoz gastó su crédito y fue relevado en el banquillo por Michel, quien aún puede ofrecer a la afición azulona una salvación que pocos de ellos pensarían al inicio del curso que fuera a ser tan cara. Enfrentarse, como es el caso, a un equipo ya salvado (Racing) da pie a pensar en un camino algo más expedito. Pero harían mal en confiarse; y lo saben. Y también con 41 puntos parte el Betis, un equipo que sigue empeñado en flirtear con la categoría de plata, algo que su historia y plantilla obligan, cuando menos, a encogerse de hombros a la hora de intentar entender algo (no es menos cierto que otros grandes han visto aún más de cerca esa 2ª División). Otra temporada para olvidar en el club verdiblanco, y la última oportunidad de salvar los muebles se presenta este domingo, al recibir a otro de los implicados en el descenso, el Valladolid, en un encuentro para el que el término "dramático" se queda ciertamente corto: el que pierda tiene muchos boletos para coger el tren que conduce directamente al abismo.

Caso aparte es el del equipo pucelano. Ha estado en puestos holgados durante todo el año, pero una nefasta racha que llega ya a los diez partidos sin conocer la victoria (y, en siete de ellos, y de forma consecutiva además, ni siquiera fueron capaces de perforar la portería rival) ha volatilizado la renta con la que contaban los blanquivioletas, lo que hace que ahora se vean en una situación más que comprometida, y desde luego completamente inesperada: no es difícil suponer que ni el más pesimista seguidor vallisoletano imaginaba hace unos meses, ni por lo más remoto (ni en sus peores pesadillas, vamos), que fuera a ver así a su equipo en la jornada 38. Pero es lo que tiene no hacer las cosas a su debido tiempo. Y esto me lleva de nuevo al comienzo.

Apuros de última hora para los estudiantes tranquilos y reposados. Y decía yo que eso no siempre significa que podamos hablar de malos estudiantes. Eso sí: siempre y cuando al final logren su objetivo de aprobar el examen. Si, por el contrario, las horas previas al mismo no han servido para solventar la asignatura, entonces sí que podemos aplicar el dichoso término, puesto que ello mismo (el suspenso) demostraría que ese desgaste de codos in extremis era a todas luces insuficiente. Y eso es lo que le va a suceder, inevitablemente, a uno de los cinco equipos que se juegan su futuro este fin de semana: a cuatro de ellos les servirá, aunque sea de rebote, con ese repaso de última hora; al otro, ni siquiera eso.

Será, entonces, cuando llegue el tiempo de acordarse de lo que no se ha hecho en su momento: cuando sea ya demasiado tarde. Siempre quedará, eso sí, el manido recurso a culpar a los demás (en el caso de los estudiantes, al profesor; en el de los equipos hay, sin embargo, un crisol bastante más amplio): pero en ninguno de los casos suele tener, para qué negarlo, demasiado efecto en la audiencia (padres y aficiones, respectivamente). Más que nada, porque conocen de sobra (quién mejor que ellos) al chiquillo.

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