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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Noticias, rumores o chismes

Pepita Taboada
Redacción
martes, 26 de mayo de 2009, 11:36 h (CET)
Recientemente un canal de televisión nos ofrecía una tertulia en la que participaban algunos periodistas y en la que discutieron sobre lo que ellos mismos denominaron “Rumorologia” y que después de citar algunos casos ocurridos entre personajes de la sociedad española, llegaban a la conclusión de que los rumores eran simples inventos de determinados profesionales de los medios de comunicación que, bien por afán de sensacionalismo, o por rellenar, sin más, las páginas de revistas o periódicos, convierten las supuestas noticias en chismes.

Habría que tener en cuenta que no es buen periodismo el que se limita solo a airear trapos sucios o el que critica supuestos casos de corrupción o el que pontifica en vez de descubrir. Y no me refiero a que tengan que dejar de denunciarse cosas mal hechas, sino a no escatimar esfuerzos para conocer los temas o materias concretas para dar una visión realista –aunque pueda permitirse una sana desconfianza- que no tiene nada que ver con una visión sombría o partidista, como desgraciadamente se da por algunas firmas del sector.

Cualquier ejercicio profesional debe respetar la ética y no dictarse sus propias leyes, igualmente los periodistas no deben desengancharse de lo ético para dar una visión personal del problema arremetiendo contra los principios más elementales del derecho natural. Un ejemplo reciente de ello ha sido la manipulación que, por parte de algunos medios de comunicación, hicieron de las palabras de Benedicto XVI con ocasión de su viaje a Tierra Santa. Daba la sensación que informaban solo de sus desacuerdos con la solución de los problemas a los que aludía el Papa, eludiendo, por tanto, el deber de informar correctamente.

Resulta fácil comprobar que muchas noticias están hechas de afirmaciones más que de argumentos, lo que lleva a tener una visión distorsionada de la realidad Esto ha contribuido a que miremos con recelo el término “verdad”, adoptando la costumbre de relativizar cualquier postura y rechazando todo lo que se afirma con “demasiada” seguridad.

Se comprueba que cuando un medio de comunicación se empeña en resaltar, hundir o tergiversar determinado asunto, utiliza un tono, un lenguaje que influye en el lector si no se está entrenado para discernir lo efímero de lo real.

Si no se tuviera tanta pasión por informar de sucesos escabrosos escudriñando lo que es y lo que no es, se descubrirían otros horizontes más auténticos que ayudarían a huir de la superficialidad. Afortunadamente existen y han existido siempre buenos y relevantes profesionales del medio que han sabido y saben hacer del periodismo un buen servicio a la sociedad.

Es significativo el comentario que el periodista Malcolm Muggeridge, al final de su vida, convertido al catolicismo, reconocía con tristeza: “A menudo he pensado…que si hubiera sido periodista en Tierra Santa, en tiempos de Jesucristo, me habría dedicado a averiguar lo que pasaba en la corte de Herodes, habría intentado que Salomé me concediera la exclusiva de sus memorias, habría descubierto lo que estaba tramando Pilatos…y me habría perdido por completo el acontecimiento más importante de todos los tiempos”.

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