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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Descontrolado ataque sindical

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
martes, 26 de mayo de 2009, 01:56 h (CET)
A ver quién se atreve a decir que UGT ha dejado de chupar de la canoa. Nadie se va a atrever, porque el sindicato de clase sigue succionando de la goma. Ve la paja en el ojo ajeno y no ve la descomunal viga en el propio. Hay que parar tanto abuso, tanta caradura y tanta indignidad. Ni los trabajadores quieren ser representados por los sindicatos de clase, ni los sindicatos deberían meter las narices en temas sociales, políticos y económicos.

¡Ya está bien de que sigan manteniéndose de los presupuestos generales del Estado! Alguien debe decir a los dirigentes sindicales que han de encargarse de mantener a sus liberados. Y han de hacerlo, ya, porque la insensatez de este Gobierno sigue sin ver la realidad de esas formaciones que dañan más que benefician.

Ahí tienen las incongruencias de algunos dirigentes sindicales en el XII Congreso del sindicato sociata. Principalmente, el recién elegido secretario general del sindicato se ha puesto a la altura del betún con las afirmaciones que ha hecho contra la comunidad de Madrid y contra su presidenta. Ha insultado a todos los madrileños y ha demostrado la ignorancia que ya se le suponía. Sí, al igual que el valor se suponía en la mili.

Su lastimera ignorancia le ha llevado a anunciar movilizaciones contra lo que desconoce. En vez de movilizarse contra la ignorancia enfermiza de Rodríguez Zapatero, la dejadez del equipo económico del Gobierno o la incompetencia de ministros y ministras apoltronados, aventura que se van a movilizar contra “lo que no pasa” en la comunidad de Madrid. Y alude a la economía, industria, ley de Dependencia, justicia, movilidad, cultura, etc. ¡Hay que fastidiarse, qué atrevida es la ignorancia cuando se acompaña de mediocridad y de chulería! ¡Manda huevos, que diría el otro!

La envidia y el odio que acompañan a un sector de la siniestra han llevado al dirigente socialista del sindicato a decir que podría convocarse una huelga general en la comunidad. ¿Pero quién se ha creído este incauto que va a secundar una huelga, con la que está cayendo? ¿Pero cómo admite UGT a un personaje de tan grueso calibre en sus filas? ¿Pero de qué va el ‘tragatodo’ de ocasión? Si hasta los trabajadores han dejado de creer en ellos. ¡A las ‘manifas’ ya solo acuden los liberados!

Pretenden hacer una huelga general en la comunidad que más medidas sociales ha adoptado y donde mejor funcionan los resortes económicos. Pero escuchen: dice que lo de la huelga “no es una amenaza, es un análisis preventivo” ¡Joder, qué tropa! Nos gustaría que nos explicara qué es eso del análisis preventivo y si se lo han explicado en el colegio con claridad.

Si de alguien se ha preocupado el Congreso socialista del sindicato ‘tiralevitas’ del Gobierno ha sido de doña Esperanza. Le han dedicado de todo y hasta han llegado a decir que se alegraban de que no hubiera acudido al Congreso. ¿Y por qué los insultos y las alusiones a doña Esperanza? Pues se lo contaremos otro día, pero anticipamos que la presidenta tiene un claro proyecto de eliminar buena parte de las liberaciones sindicales. Lo cual celebramos los ciudadanos y, más aún, los trabajadores.

En los sindicatos de clase están nerviosos, por la que se les viene encima. Doña Esperanza ha puesto sobre la mesa lo que ningún presidente de comunidad autónoma ha hecho todavía. ¿Que son constitucionales los sindicatos? Pues nadie lo niega, pero no nos parece ético ni digno lo que hacen. No son necesarios los liberados. El sindicalismo debe hacerse fuera de horas de trabajo.

El tipo de sindicalismo que hoy se hace en esta cuarteada España es un sindicalismo obsoleto, anticuado, cavernario y deprimente. Se han convertido en empresas vividoras a costa de los presupuestos. Hay que acabar con esas formas de vida tan viciadas. Como trabajadores, no queremos que nos representen; es más, queremos que se mantengan al margen de negociaciones, pactos y tratos.

Los trabajadores ya estamos maduros para saber lo que queremos. ¿Van a seguir la Administración y las empresas haciéndoles el juego? La batalla se gana en la calle. A la calle no hay quien la calle. Y cada vez más alto está diciendo la calle que los sindicatos cierren la puerta y apaguen la luz. En pocas palabras: ¡que se callen! Demasiada gente con ganas de medrar y de amedrentar, en vez de trabajar. ¡Ya está bien!

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