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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Marte y Venus colisionan

Kathleen Parker
Kathleen Parker
lunes, 25 de mayo de 2009, 00:49 h (CET)
Escuchar pronunciar sus respectivos discursos de seguridad nacional el jueves al Presidente Obama y al ex Vicepresidente Cheney me puso en la piel de John Gray, el autor de "Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus.”

Hombres diferentes, planetas diferentes. ¿O no?

Obama, en pie frente a la Constitución de los Estados Unidos y dirigiéndose al Cuerpo de Letrados de la Fiscalía, fue la voz tranquila de la confianza, el redentor de la razón. Habló orgullosamente de ideales estadounidenses e invocó a nuestros mejores ángeles.

Reiterando su defensa de cerrar Guantánamo, rechazada en votación por el Senado la víspera, también dijo que no hay garantías de que los terroristas no vuelvan a atacar ni de que no vayan a morir americanos como resultado. Pero vamos a ganar de todas formas. ¿Cómo?

Siendo buenos.

"Porque los terroristas sólo pueden tener éxito si alimentan sus filas y alienan a América de sus aliados, y nunca podrán hacer eso si permanecemos fieles a quienes somos; si forjamos enfoques firmes y duraderos para combatir el terrorismo anclados en nuestros ideales intemporales.”

Así habló Venus.

Y yo pensé: qué buen hombre. Esto es lo que necesita América.

Entonces vino Cheney. Hablando en el American Enterprise Institute, no escatimó detalles en su crítica a las políticas de seguridad de la administración Obama ni en defender las de la administración Bush.

Su voz también fue tranquila y razonada, sus comentarios agudos y certeros a la vez. Cheney dijo seguir siendo partidario firme del interrogatorio avanzado, del que dijo era utilizado solamente "sólo con los terroristas más duros después de que el resto de los medios hubieran fallado.” Los interrogatorios "fueron legales, esenciales, estaban justificados y fueron fructíferos, y fueron lo correcto que había que hacer.”

Cheney fue especialmente contundente al criticar la "desclasificación selectiva" de documentos relativos al programa de interrogatorio por parte de Obama sin desclasificar también la información de Inteligencia obtenida en los interrogatorios.

"A la opinión pública no se le han dado sino medias verdades," decía. "Los memorandos desclasificados fueron redactados cuidadosamente para eliminar las referencias a lo que descubrió nuestro gobierno durante la aplicación de los métodos en cuestión.”

¡Hola, Marte! Estoy pensando: (BEG ITAL)esto(END ITAL) es exactamente lo que necesita la nación. Alguien que dispare al objetivo (bueno, hablando figurativamente).

En suma: retórica elevada e inspiradora por una parte y determinación implacable por la otra. Dos hombres muy diferentes, que no tienen nada que ver. El veterano con décadas de experiencia a sus espaldas y un cuchillo por sonrisa frente al recién llegado con brillo lunar en sus ojos. ¿Cuál es el bueno? ¿Es la respuesta sólo una cuestión de ideologías, o hay una verdad más importante oculta en esto?

Quizá ambos tengan razón en su momento y lugar, teniendo en cuenta sus experiencias y perspectivas. Desde la seguridad relativa de quien mira al pasado, es más fácil decir que podríamos haber hecho las cosas de otra manera. En palabras de Cheney: "Contemplar un devastador ataque coordinado contra nuestro país desde un búnker subterráneo en la Casa Blanca puede afectar la forma en la que se entienden las responsabilidades de uno.”

Puede ser que Obama sea simplemente más sabio que todos los demás americanos que apoyaron la invasión de Irak. Quizá sea un hombre de mayor carácter moral que aquellos en la CIA y el Departamento de Justicia que decidieron que el interrogatorio avanzado estaba justificado para evitar otro ataque.

Obama lo dijo mejor: “No hay respuestas bonitas ni fáciles a esto.”

Pero también es cierto que hace siete años, el peso de proteger a la nación de otro ataque no recaía sobre los hombros de Obama. Desde que ocupó el cargo ha descubierto el peso de esa carga y alterado sus promesas y políticas en consecuencia.

La transparencia ya no es siempre el interés de la nación, decía el jueves. Obama sonaba como George W. Bush o Cheney cuando se desmentía a sí mismo al hablar de la desclasificación de las fotografías de los abusos a los detenidos en Irak y Afganistán, diciendo que su desclasificación prendería el sentir antiamericano y pondría en mayor peligro a los efectivos estadounidenses.

De igual manera, Obama se ha reservado el derecho a ordenar técnicas de interrogatorio avanzado en caso de darse las circunstancias adecuadas. ¿Cuáles serían, se pregunta una? ¿Un atentado terrorista masivo contra suelo americano quizá? De lleno en el objetivo.

Aun así, como decía Cheney, el equipo Obama habla "como si hubiera resuelto algún importante dilema moral" en torno a cómo hacer hablar a los terroristas. En la práctica, han pospuesto la decisión "mientras se examina la presunción de superioridad moral de cara a cualquier decisión que se pudiera tomar en el futuro.”

Nadie dijo que Obama no fuera ingenioso.

Si la visión del mundo que tiene Obama es la acertada o no -- y si la de Cheney es la equivocada -- puede quedar más claro con el tiempo. Todos podemos rezar para que Obama no tenga que experimentar el tipo de revelaciones que se dan a conocer dentro del búnker de la Casa Blanca. Pero si es el caso, también tendremos que rezar para que el hombre que vino de Venus saque a relucir sólo un poco al marciano que lleva dentro.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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