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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

El himno de la discordia

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 25 de mayo de 2009, 00:43 h (CET)
Hace ahora cien años, en 1909, en la ciudad de Valencia se celebró una Exposición Regional a instancias de Tomas Trenor Palavicino quien desde el Ateneo Mercantil impulsó a las autoridades de la época ha celebrar este magno acontecimiento que debería servir para dar un nuevo impulso a aquella Valencia de los primeros años del siglo XX. Con aquel motivo se encargó al músico Serrano, conocido compositor de zarzuelas, la composición de un himno que perpetuara en la memoria de los valencianos aquel evento encargándose de la letra Maximiliano Thous Orts. Ahora, cien años después, las autoridades valencianas tan dadas a la pompa y el boato han querido celebrar el centenario de aquella Exposición Regional, en la que algunos vieron en su tiempo la puesta en marcha de una Valencia moderna, con sendas muestras en las que se recuerda a la Valencia del siglo XX y se exponen los deseos de la ciudad que se quiere para este siglo XXI que está casi en el final de su primera década.

Hace cien años aquella Exposición Regional fue inaugurada por Alfonso XIII y Antonio Maura a la sazón primer ministro, esta rememoración ha sido inaugurada por Rita Barberá, alcaldesa de la ciudad, y el imputado Francisco Camps, Presidente de la Comunitat Valenciana que en sus discursos han ensalzado los grandes logros, según ellos, de los valencianos a través de los últimos cien años. La verdad es que a poco que se gire la vista atrás el último siglo de los valencianos no es para andar echando cohetes, el Ateneo Mercantil, institución que en aquellos momentos impulsó el acontecimiento, es hoy por hoy una entidad caduca y en estado agónico con escasa presencia de gente joven y de mediana edad en los actos que organiza, actos que, generalmente, desprenden un cierto tufo a naftalina y escorando siempre hacia el lado derecho. El arte de la utilización de la piqueta por parte de las autoridades valencianas viene de antiguo, se dejó y se deja morir el casco antiguo de la ciudad que en su día fue el más grande de Europa, se ha destruido la costa, se intentó vender por parte de los últimos alcaldes franquistas El Saler, uno de los pocos pulmones verdes de Valencia, se está masacrando el histórico barrio marinero de El Cabanyal, y de los edificios que conformaron aquella Exposición Regional tan sólo quedan en pie cuatro y tres de ellos se han entregado casi “gratis et amore” a manos privadas y especuladoras. El edificio de la Tabacalera, que fue Palacio de Industria en 1909, se derruirá para construir pisos y un nuevo edificio para Ayuntamiento, el edificio de La Lanera se ha reconvertido en un lujoso hotel de cinco estrellas, el llamado de la Lactancia es ahora un balneario de lujo y el Palacio de la Exposición, propiedad municipal, se usa para actos institucionales. El resto fue pasto de la piqueta dirigida por la mano de los especuladores de turno.

Pero como estamos cercanos a unas elecciones, aunque sean tan poco seguidas por el personal como las europeas, los dirigentes del Partido Popular han intentado darse un baño de multitudes montando un homenaje al Himno valenciano, pero el tiro les ha salido por la culata y el pasado viernes durante la celebración del acto eran más los músicos y políticos asistentes que el público de a pie llano. Escasas mil quinientas personas acudieron a escuchar cómo dos mil músicos interpretaban en versión bilingüe, castellano y valenciano, el antiguo Himno de la Exposición que por Ley es desde 1984 himno de la Comunitat Valenciana. Y para mayor escarnio Rita Barberá se quedó sin poder hacerse la foto, ella que es tan amiga de fotografiarse con personajes y personajillos que acuden a la ciudad, junto a Plácido Domingo de quien se dijo que estaría en Valencia para entonar las estrofas del “para ofrendar nuevas glorias a España” pero al que no se le vio el pelo por la capital del Turia.

Y es que este himno, ahora oficial, siempre ha sido materia de controversia, incluso en algunos momentos de la historia del mismo se cambió la primera estrofa, aquella de las ofrendas a España, por la siguiente “Bajo los flecos de nuestra señera” con el fin de que la canción más representativa de los valencianos perdiera ese aire de sumisión que tiene. Pero el gobierno socialista de Joan Lerma, más papista que el Papa, otorgo por Ley el rango de himno oficial temeroso de ser calificado de mal valenciano por la derecha más retrograda de este país y en cualquier acto se veía a Lerma y sus compañeros de la marchita rosa ofrendando glorias a pleno pulmón. Ahora la controversia ha venido de la mano de los herederos del compositor de la letra que se han negado a que se interpretara la canción en señal de protesta porque las autoridades municipales tan sólo habían editado en valenciano las invitaciones al acto y por la política lingüística de Rita Barberá, que, erre que erre, se empecina en olvidar el valenciano, al fin y al cabo ella nunca lo habló ni lo habla.

Alcaldesa y President se pasearon por el evento, incluso fueron coreados por los alumnos de un colegio cercano al lugar del acto, en un desfile que no se muy bien si me recordaba a la película “Bienvenido Mr. Marshall” o a las “espontáneas” aclamaciones que recibía el dictador Franco en las inauguraciones de pantanos. Pero al menos la celebración de este centenario ha servido para que nuestro imputado President se relaje un poco, que con la que está cayendo buena falta le hace. Francisco Camps no aposentó sus honorables posaderas en la Cadira d’Or en la que si que asentó su real trasero Alfonso XIII en 1909 pero perdió unos momentos de su valioso tiempo en probar las virtudes de un sillón de masajes relajantes instalado en la exposición sobre la futura Valencia. Que se ande con cuidado no sea que algún “amiguito del alma” le regale el sillón y luego vaya a tener problemas con la justicia.

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