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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   -   Sección:   Opinión

IU y Podemos forman un Frente Popular. Non nova, sed nove

España ante un segundo Frente Popular ¡Tiembla democracia!
Miguel Massanet
miércoles, 11 de mayo de 2016, 08:37 h (CET)
No puede decirse de que nos haya sorprendido o que, a la vista de lo que las encuestas venían anunciando, no se pudiera prever que, el señor Pablo Iglesias de Podemos, no intentara ahora lo que, en las pasadas elecciones del 20D del 2015, se negó a aceptar cuando pensaba que, sin el apoyo de IU, iba a conseguir los resultados que su partido, comunista y bolivariano, pensaba que estaba en condiciones de obtener. No se puede decir que saliera mal parado de los comicios si se tiene en cuenta que, una formación bisoña como la suya, consiguió más de cinco millones de votos y el tercer lugar entre las fuerzas políticas que participaron en aquella consulta. En efecto, parece ser que se ha consumado lo que se venía anunciando hace días respecto a que se iba a formar una alianza electoral entre Podemos y la IU del señor Garzón. Una noticia que, no por esperada, deja de producir un evidente vuelco en lo que se refiere a los efectos que esta alianza ¿temporal? puedan tener en la aplicación de la discutida ley D´Hont y lo que, como consecuencia del número de escaños que esta alianza de izquierdas pueda conseguir de las secuelas sinérgicas de la suma de los votos de ambos partidos, por el hecho de presentarse unidos, se pudieran obtener.

Como es natural, esta noticia ha provocado un alud de opiniones, comentarios, suposiciones, críticas ((positivas y negativas), análisis y artículos de prensa en los que, cada uno, ha pretendido dar la interpretación que le parece más ajustada a la realidad sin que, y estamos convencidos de ello, ni los propios partidos que han firmado el acuerdo sepan, a ciencia cierta, lo que les espera; no sólo en cuanto a la incierta reacción de los votantes ante esta unión, sino respecto a los efectos que puedan tener entre ellos mismos, una vez celebradas las elecciones del 26 de junio. El dicho “Dios los cría y ellos se juntan” en el caso que nos ocupa puede tener diversas lecturas en cuando se trate de intentar compaginar dos doctrinas que, aunque ambas se caracterizan por su coincidencia en los objetivos finales, es muy posible que difieran radicalmente respecto a los medios, procedimientos, la forma, las actuaciones, al reparto de responsabilidades, la política exterior, el calendario de disposiciones legales, etc. Por el contrario, pueden coincidir en lo que más no preocupa a los que no opinamos como ellos y que no compartimos, ni de lejos, ninguno de sus postulados marxistas y estalinistas.

Ambos tienen como objetivo derogar todas las leyes promulgadas por el PP; están dispuestos a seguir el ejemplo de Grecia en cuanto a dejar de cumplir los compromisos que tenemos contraídos con la UE, al menos en cuanto al propósito de pedir aplazamientos de pagos, condonaciones y un trato especial con relación a nuestra deuda pública. Están dispuestos a dejar sin efecto los cambios del PP en la legislación social y laboral, especialmente todos aquellos que les quitaron protagonismo a los sindicatos y que dieron facilidades a las empresas para poder regularizar sus plantillas ( algo que, sin duda, ha sido uno de factores determinantes de que muchas empresas españolas hayan podido reestructurarse, recobrando su productividad y mejorar su competitividad, lo que les ha permitido salir del estancamiento en el que se encontraban, como consecuencia de los efectos de la crisis por la que hemos pasado) adaptándolas a sus verdaderos límites, de acuerdo con las necesidades de modernización, automatización y racionalización de sus elementos productivos en orden a su productividad y competitividad.

Si, en cualquier caso, nos hubieran parecido letales para nuestra economía, para la reactivación del empleo, para nuestra financiación y para todo nuestro entramado financiero, el entrar a saco con lo conseguido desde que se instauró la democracia en esta nación, con el objeto de hacer tábula rasa de todo lo conseguido, en esta legislatura del PP (referente a la recuperación de la confianza de Europa; el conseguir la financiación que necesitábamos a menor coste y con más facilidades); utilizando como cebo la palabra comodín “cambio”, que mucho nos tememos no sea más que un vocablo vacuo de contenido con el que se pretende engañar a los votantes, prometiendo una tierra de Jauja cuando, como es evidente, todos los proyectos que se nos ofrecen por estas izquierdas revolucionarias, lo único a lo que nos van a conducir es a que se nos margine, se nos corten los créditos, subvenciones y apoyos de los bancos europeos y el FMI, como les ha sucedido a todos aquellos países que, como Grecia, han pretendido enfrentarse a la CE. El retrato de lo que está ocurriendo en Grecia, el país que más se asemeja por su gobierno populista a lo que se proponen Podemos e IU en España, debería ser suficiente para que, estos descerebrados, se olvidaran de sus proyectos y regresaran al país de donde vinieron y los ha venido subvencionando para que hayan desarrollada su política de desgaste de las instituciones y de captación de adictos, que han escuchado de ellos aquellas promesas que, aunque irrealizables, han sido capaces de convencerlos y atraerlos para su causa comunista.

Ahora deberemos estar pendientes del señor Sánchez y del PSOE, que estuvieron intentando durante muchos días llegar a un acuerdo con Podemos para evitar la celebración de nuevas elecciones, ante el nuevo panorama político que se presenta con esta unión, de tendencia marcadamente inclinada a la izquierda más extrema. ¿Persistirá en querer enfocar el “cambio” buscando acuerdos con los coaligados o intentará formar coaliciones postelectorales con los de Ciudadanos? No parece ser que, ambas formaciones, puedan aumentar el número de escaños de forma que sean suficientes para formar gobierno, salvo que estuvieran dispuestas a formar alianza con el PP del señor Rajoy, un supuesto que parece ser poco probable si nos limitamos a tener en cuenta las lindezas que, unos y otros, se están diciendo en este periodo preelectoral que acaba de iniciarse.

No creemos que España esté en condiciones de enfrentarse a un panorama político como parecen pronosticar las encuestas, en manos de un gobierno del tipo del de los comunistas de Syriza; ni que nuestros problemas se solucionen aplicando políticas de subvenciones, de estatalización de la economía y de enfrentamientos con nuestros socios naturales del resto de la CE. Resulta rocambolesco, aunque no sea especialmente partidario de la presidencia del señor Rajoy, que los otros partidos, especialmente el PSOE y Ciudadanos pretendan dar lecciones al PP sobre la persona que ha de ocupar el puesto de candidato al gobierno de España. Se trata de una ingerencia inaceptable, máxime, teniendo en cuenta el hecho incontestable de que, el que ha puesto el veto a tratar con el PP, desde que las elecciones del 20D le bajaron los humos, ha sido el propio Pedro Sánchez, que no ha parado de manifestarse, por activa y por pasiva, en contra de cualquier entrevista con su adversario político del PP.

Estamos todavía demasiado lejos de la celebración de los comicios como para que, las encuestas que han salido a la luz estos días (muchas realizadas con anterioridad a que el Rey convocara nuevas elecciones), puedan ser lo suficientemente creíbles como para darles demasiado crédito, al menos, como para predecir los posibles resultados que se deduzcan de ellas. Sin embargo, creemos que, en esta ocasión, la gran trascendencia de las mismas, lo que nos estamos jugando en esta apuesta, el peligro de que la opción por el Frente Popular y de una posible alianza con el PSOE, signifique un “cambio” hacia una situación parecida a la que, hoy en día, existe en la Venezuela de Maduro, que pudiera derivar ( los de Podemos parecen ser expertos en cuando a dar consejos sobre como silenciar a la prensa hostil, a quienes hay que detener para evitar que se expresen libremente, cómo se ha de manejar al TS para que anule las leyes emanadas del Parlamento y qué métodos son los más convenientes para tener al Ejército de parte de la dictadura ofreciéndole gabelas e incentivos para que se estén quietos dentro de sus cuarteles) en lo que suele suceder en estos casos, en los que las formas democráticas quedan anuladas para dar paso a los totalitarismos dictatoriales; nos debería obligar a meditar detenidamente el destino de nuestro voto.

Es posible que si nos equivocamos y nos guiamos, simplemente, por nuestros demonios personales o por sentimientos íntimos de desquite, revancha, rencor u hostilidad hacia los partidos conservadores; podemos incurrir en el grave error de entregar nuestra nación en manos de los mismos que, a través de la historia, siempre han actuado de forma opresora, suprimiendo las libertades individuales, aplicando métodos coercitivos y antidemocráticos ( veamos el ejemplo de la Cuba de los Castro, una país que, después de un largo periodo de comunismo soviético, todavía se encuentra a anos luz de la civilización occidental, incluso con todos los defectos que se le atribuyen), con el grave peligro de que, sus directivos, caigan en la tentación, como han pretendido Maduro y el propio Evo Morales, de perpetuarse en el poder.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no podemos menos que mostrarnos preocupados ante la sola posibilidad de que, nuestra España democrática, acabe en manos de semejantes depredadores de nuestras libertades democráticas.
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