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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Obama no puede esconderse de los problemas

E. J. Dionne
E. J. Dionne
sábado, 23 de mayo de 2009, 13:04 h (CET)
A los lugartenientes del presidente Obama les encantaría que todas las cadenas de televisión emitieran en la parte inferior de la pantalla un teletipo durante los informativos que repitiera sin parar las palabras: "La economía, la sanidad, la energía, la educación. La economía, la sanidad…”

Después está la realidad. Durante las últimas dos semanas, el pasado ha engullido el presente, desviando la atención de las prioridades nacionales de Obama y planteando las cuestiones que dividen a su coalición. Hablamos de torturas tanto como de sanidad, de comisiones militares tanto como de energías renovables, y de Nancy Pelosi tanto como de Barack Obama.

En principio, el presidente es filosófico sobre esto, pero también está frustrado. “El equilibrio que quiere alcanzar,” decía el consejero adjunto David Axelrod en una entrevista previa al gran discurso de Obama sobre terrorismo el jueves, “es solucionar el lío en que nos encontramos de forma que no provoque incesantes batallas partidistas que inhiban nuestros esfuerzos por conseguir hacer las cosas.”

Esto puede ser razonable, pero Obama está atrapado entre dos poderosas fuerzas y dos ideas en conflicto. Los Republicanos quieren desviar la atención de los fallos de su propio partido y distraerla de los progresos que Obama y los Demócratas del Congreso hacen en sanidad y la legislación de intercambio de emisiones. Su lema podría ser: ¡Adelante con el pasado!

Muchos Demócratas, en el ínterin, están impacientes por pedir cuentas a la administración Bush por sus políticas y todo tipo de cosas más. Grandes cantidades entre sus filas, incluyendo a los activistas de los derechos humanos que se reunieron con Obama el miércoles, están profundamente descontentos con una serie de decisiones de Obama. Éstas incluyen aceptar parte de los enfoques de Bush, sobre todo impedir la desclasificación de las fotografías de los abusos a los prisioneros y continuar con el uso de las comisiones militares para juzgar a ciertos sospechosos de terrorismo. El eslogan complementario de estos críticos Demócratas sería ¡No se puede escapar del pasado!

Característicamente, Obama intentó cortar por lo sano con todo esto con su discurso del jueves. Intentó situarse entre los dos bandos y convertir el término medio en el terreno común. Se presentó como un conciliador cuidadoso que toma "decisiones difíciles que implican preocupaciones enfrentadas.”

El hecho de que Obama tuviera que pronunciar el discurso refleja el descubrimiento por parte de la administración de que sus esfuerzos por dejar atrás estos asuntos se han quedado cortos. ¿Por qué?

Liderados por Dick Cheney -- que pronunció un discurso propio el jueves -- muchos Republicanos sostienen que la seguridad nacional sigue siendo el mayor punto débil de los Demócratas. Con poco que decir en el terreno nacional más allá de los ataques a los Demócratas por ser "socialistas," muchos dentro del Partido Republicano todavía ven el asunto de la seguridad como su mejor baza política.

Los Demócratas están obviamente preocupados por esto, basta ver la tibieza de los Demócratas del Senado el martes (frente a la presión Republicana demagógica) al negar la petición de fondos de la administración para desplazar a los reclusos de Guantánamo. ¿Cierran los Demócratas del Senado Guantánamo o no? Si quieren prohibir el desplazamiento de los presos a territorio estadounidense, ¿a dónde van los sospechosos de terrorismo? ¿Guam? ¿La Samoa americana?

Obama respondió explícitamente a los críticos de su derecha y de su izquierda. Fue inequívoco al expresar los problemas a los que se enfrenta tras la administración Bush. “Estamos limpiando algo que es -- dicho llanamente -- un desastre," decía y criticaba "el fomento del miedo que surge en cuanto discutimos este asunto," una referencia velada a Cheney. Defendió con vehemencia su decisión de cerrar Guantánamo e insistió en que el país no podía "dar su espalda a sus principios fundacionales por conveniencia.”

Pero entre los pasajes que no es probable que satisfagan a sus críticos entre los libertarios civiles, de nuevo defendió su decisión de impedir la desclasificación de las fotografías de los abusos a los presos, argumentando que hacerlas públicas "incendiaria la opinión antiamericana" y pondría en peligro a las tropas estadounidenses. Y mientras que prometió intentar utilizar el proceso legal usual con tantos detenidos como sea posible, decía que había algunos entre ellos "que no pueden ser procesados pero que plantean un peligro claro para el pueblo estadounidense.” Añadía: "no voy a liberar a individuos que suponen un peligro para el pueblo americano.”

Los detallados argumentos de Obama demostraron que ahora entiende, como no entendía ni tan siquiera hace una semana, que tras la administración Bush-Cheney, las palabras “confíe en mí” ya no funcionan en seguridad nacional.

Obama claramente quiere dejar a un lado todos estos asuntos y volver a la economía, la sanidad y lo demás. "No tengo ningún interés en consumir nuestro tiempo re-litigando las políticas de los ocho últimos años," insistía. Pero muchos otros sí, y ni siquiera un buen discurso los va a detener.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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