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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

El desbarajuste del Partido Republicano: ¿Purga o alucinación?

Kathleen Parker
Kathleen Parker
viernes, 22 de mayo de 2009, 08:50 h (CET)
Todavía no está clara la forma que cobra la demografía electoral, pero todo son problemas para el Partido Republicano.

Con perdón del minúsculo segmento electoral, simplemente estoy citando al presidente del Comité Nacional Republicano Michael Steele. En una entrevista en el Washington Times poco después de ser elegido secretario del partido, Steele se midió con el desafío gays-armas-Dios de Howard Dean y le propinó una buena.

Steele defendía la idea de que el Partido Republicano debe "vender nuestra imagen a todo el mundo, incluyendo a los segmentos electorales pequeños.”

Eso era en febrero. Esto es ahora:

Mientras los presidentes estatales del partido se reúnen en Maryland esta semana, un nuevo análisis de Gallup ilustra que desde 2001, menos gente de todas las franjas demográficas menos de una (los que asisten a la Iglesia semanalmente) se identifica como Republicana.

Las personas que se alejan del Partido Republicano incluyen aquellas que asisten a la Iglesia (BEG ITAL)casi(END ITAL) semanal o mensualmente, los habitantes del interior, del sur, casados, moderados, licenciados universitarios y sin licenciar.

Los hallazgos confirman el creciente desencanto con un partido que es percibido principalmente como propio de varones blancos ancianos, a pesar de la elección del partido de un afroamericano que es la sal de la tierra para liderarlo.

Cualquiera que sea la idea, no está funcionando.

El partido se debate entre los partidarios de las purgas (que Dios ampare a cualquiera con ideas diferentes a las del partido) y los partidarios de la juerga (¡nos encanta todo el mundo!). Dentro de esos dos grupos hay categorías más pequeñas: los cuerdos que no tienen miedo a las paradojas ni a los títulos avanzados, y los “ Billy Bob” que piensan que aprobar una resolución que insiste en que los Demócratas bauticen su organización como "Partido Socialista Demócrata" es terriblemente inteligente.

Y después está Steele.
La broma que circula es que los Republicanos tienen "tragedia" donde los Demócratas tienen "magia.” El consenso que emerge es que Steele, aunque tiene buenas intenciones, tiene la personalidad equivocada para ocupar el puesto.

"Es torpe y superficial en tiempos difíciles," en palabras de alguien familiarizado.

Muchos sienten nostalgia ahora de “aquel tío” -- el individuo que encabezó el partido antes de Steele, cuyo nombre no recuerda nadie. Ah, sí, Mike Duncan. Al menos mantuvo las cosas en marcha, dicen. A cuyas críticas Steele responde, “Lea entre líneas.”

Se podría dejar la argumentación en esta encrucijada, pero la lista de quejas no se detiene en el estilo falto de energía de Steele. De igual interés son sus ayudantes (aunque son desconocidos) y el fracaso de los Republicanos en las elecciones extraordinarias de Nueva York.

En su estilo oratorio, la única persona que está impaciente por escuchar lo que va a decir Steele es Joe “bunker secreto” Biden, que seguramente se despierta con una oración: "Por favor, Dios, que Michael Steele salga hoy en la tele.”

O en la radio.
Ejemplo: a pesar de las rigurosas informaciones sobre jueces, Steele se perdía por los cerros de Úbeda mientras participaba del programa radiofónico de Bill Bennett. Comentando el plan de Obama de elegir jueces que, entre otras cosas, tengan empatía por la forma en que los veredictos afectarán a la vida cotidiana, Steele lograba invocar a Miss California y el juez de concurso de belleza / blogger Pérez Hilton.

Veamos: David Souter. Pérez Hilton. Por supuesto. Lo entendemos.

"Lo que fue tan impactante de Miss California, hagamos algunos paralelismos," decía Steele. “El juez comprensivo en este caso, el juez del concurso, planteó a esta mujer una pregunta y en lugar de aceptar su respuesta, fue empático con una comunidad concreta y pensó que la respuesta de ella debía inclinarse favorablemente hacia esa comunidad concreta…”

Si entiende el cambio de tercio de Steele, puede que quiera sentarse.

Ayudando a Steele en su autodemolición están los hermanos Curt y Wes Anderson, consultor y experto en encuestas respectivamente. Todo lo que se necesita saber es que Curt, conocido afectuosamente por masticar tabaco y atender llamadas telefónicas en cenas íntimas, fue el mago detrás de la gallarda actuación del gobernador de Luisiana Bobby Jindal tras el discurso de Obama en febrero ante el Congreso.

Finalmente, ganar cura todos los males en política, por utilizar las palabras de una amiga Republicana. Y Steele no está ganando. “Ahora nos consideran los perdedores,” decía. “Volvemos al juego ganando.”

Los familiarizados con el tema piensan que el partido debía haber ganado las elecciones extraordinarias de Nueva York para ocupar el puesto de Kirsten E. Gillibrand, la Demócrata que sucedió a Hillary Clinton en el Senado. Y los estudios estadísticos demuestran que la competición, perdida por apenas 700 votos, era ganable. Aunque Steele dirigió parte del dinero a Nueva York, sus críticos dicen que no se gastó lo bastante estratégicamente para atraer a los Republicanos blandos -- el verdadero objetivo demográfico del partido.

Hasta el juez más comprensivo que siguiera el historial de Steele se vería obligado a preguntarse: ¿qué pasa con eso?

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FE DE ERRATAS -- En mi columna sobre los memorandos de la tortura, atribuí erróneamente dos citas al estatuto de tortura que realmente procedían de uno de los memorandos. El error, aunque lamentable, no cambia mi argumento de que los abogados no deberían ser penalizados por redactar juicios de buena fe con los que otros discrepen.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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