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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Ese país de listos llamado España

Mario López
Mario López
viernes, 22 de mayo de 2009, 08:40 h (CET)
En Inglaterra son famosas las carreras de caballos. En Irlanda, las carreras de galgos. En España, las carreras de listos. A finales de los años 70 uno de los propietarios del banco franquista por excelencia, que ya no existe porque ha sido absorbido por un pez más gordo, durante una cena en su casa a la que fui invitado, me confesó que ya lo tenían todo organizado para que en un lustro llegara al gobierno el PSOE.

Todavía no estaba ni siquiera legalizado. Durante una reunión con los directivos de una de las compañías de discos más importantes del mundo se habló de que la transición iba a ser una ocasión extraordinaria para crear nuevos mitos musicales. Uno de los directivos nos desveló que estaba seleccionando a unos cuantos grupos musicales que se alinearan con la New Wave, que entonces estaba de moda en Europa y Estados Unidos, para crear la Movida Madrileña. Tenían ya ultimados todos los detalles para abrir las salas Rock-Ola y El Sol. Los listos de este país nos sacan varios años de ventaja. Ellos nos organizan la vida a su antojo. Luego nos venden la moto de que somos nosotros los que elegimos a nuestros representantes y los que creamos ídolos. Nada más lejos de la realidad. Como dijera Tom Wolfe: “al público nunca se le ha invitado”. La hoguera de las vanidades da el fuego más abrasador que pueda existir. Cuando a los hombres les sobra el dinero, les nace una sed insaciable: la vanidad. En España no son más de mil familias las que juegan con los españoles al dominó. La transición fue una partida de mus y la Movida Madrileña, una soberana tomadura de pelo. Con ella se intentó vender la marca Madrid al resto del mundo, y no se consiguió; al menos, no en la medida que se pretendía. Lo único real que resultó de todo aquello fue un artista verdaderamente memorable. Un ser absolutamente venerable por su valor y humildad. Un ser entrañable. Pedro Almodóvar. Se escapó a los planes de los señoritos. Hoy, lo que estamos viendo es lo mismo que se ha venido haciendo desde tiempos inmemoriales. Pregúntaselo si no a pío, pío, pío.

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