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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Vicios nacionalistas

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
jueves, 21 de mayo de 2009, 08:47 h (CET)
Difícilmente volverán a recuperar los socialistas la confianza de la ciudadanía gallega. Y mucho menos el Bloque, al demostrar que lo primero eran sus intereses, por encima de los intereses de Galicia. Si a nadie se le ha ocurrido que el bloque debe desaparecer cuanto antes, desde aquí lo planteamos como necesidad y deseo. Galicia necesita gente capaz de avanzar con honradez y claridad de ideas. El bloque es pasado, retroceso, opresión y dictadura del odio. El Bloque nacionalista ha practicado la máxima de Dostoievski: “es muy fácil vivir haciendo el tonto”.

Cuestión bien distinta es cuanto afecta al Partido Socialista del País Vasco. El éxito no tiene precedentes y está ante una responsabilidad histórica para sacar a Euskadi del retraso y de la aspiración aldeana de partidos cavernícolas como los que abanderan el nacionalismo excluyente y la represión al disidente. Ocho puntos en votos y seis escaños son mucho subir. No creo que se lo merezca Pachi López, pero ahí está. Menos aún después de haberse ‘acostado’ con los ‘príncipes de la paz’ etarra y haber ninguneado al pueblo vasco desde el caserío “Txillarre”, de Elgoibar. Pero le damos una oportunidad.

Quede claro que lo acontecido en el País Vasco es el resultado del hartazgo de la población y del desprecio hacia el independentismo de boquilla. El PNV merece una travesía del desierto durante años. Euskadi no es patrimonio del PNV. Tampoco el PNV es la religión vasca o la prioritaria aspiración ciudadana.

El PSE ha sido el gran triunfador de las elecciones autonómicas en Euskadi. Hasta el bachiller ‘Pepiño’ Blanco lo reconoce. No vamos a ocultar que los resultados tienen una gran importancia para el rinconcito vasco y para “los vascos y las vascas”, como diría Juan José Ibarreche.

Iniciamos una etapa política entusiasta en Euskadi, aunque con el freno de mano echado. ¿Por qué? Pues porque Pachi López siempre ha sido partidario de ‘acostarse’ con ETA. Ver a su lado a Chuchi Eguiguren es preocupante, dan nauseas y genera desprecio ciudadano. Sin duda Rodríguez tiene un problema con Eguiguren.

Tanto en la sociedad vasca, como en la gallega, se vislumbra un deseo de cambio. Galicia volverá a la normalidad, pero Euskadi sigue levantando sospechas, inseguridad e intranquilidad. Ahí está el último caso de complot en la policía autonómica vasca; una policía que debe pasar por el urgente tamiz de la confianza, ante los vicios adquiridos durante años y años de nacionalismo discordante.

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