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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Se acabó lo que se daba

Mario López
Mario López
jueves, 21 de mayo de 2009, 08:37 h (CET)
Bueno, pues se acabó lo que se daba. Tras seis meses tirando del calcetín, ya no tengo ni para el bono transporte. A partir de ahora, a ejercer de arrimao, como en los tiempos de Alfonso XIII. Los lunes, lentejas en casa de mi cuñado. Los martes, comida vegetariana en casa de mi amiga Olga.

Los miércoles, cocido con mi madre. Los jueves, ayuno. Los viernes, paella en casa de mi amigo Alberto. Y el fin de semana, lo que caiga en casa de mi amigo Eduardo, en San Sebastián de los Reyes. Bueno, trabajar no trabajaré, pero viajar… Se acabó la copita y el buen rollo ¡Qué se le va a hacer! Todo sea por Esperanza Aguirre y su ímproba tarea de ajustarnos el cinturón. Por estas fechas, durante los últimos veinte años, ya llevaba yo impartidos unos cuantos cursos de la Comunidad Autónoma de Madrid para trabajadores en activo y demandantes de empleo. Este año, ni uno. Los economistas más punteros no aciertan con el remedio a esta crisis, pero todos apuestan por la misma receta: flexibilización del mercado de trabajo. Pues yo ya estoy flexibilizadísimo. Los economistas apuestan todos por lo mismo, porque todos han estudiado lo mismo. Es natural. Ellos saben desenvolverse prodigiosamente en la economía de mercado, en tiempos de vacas gordas. Pero no existe ni un solo lumbreras de Harvard que sepa hacer la o con un canuto en otro escenario económico. Les pasa lo que a los grandes divos del cante. En la ópera son dioses, pero les pones a cantar un tango y dan pena. Eso es lo que pasa. Que a los que tienen que gobernarnos les han educado demasiado bien para vivir en un mundo de ricos, pero, en realidad, no le han visto el culo a un pollo. A mí ya me queda poco para el INSERSO y, además, dicen que cuando te encuentras en una situación de absoluta indigencia el proceso de deterioro es muchísimo más rápido. Así que tampoco me preocupa demasiado llegar a donde he llegado. Tengo paciencia suficiente como para aguantar algún tiempo más en este mundo de locos, aunque sea con el moco colgando ¡Y la cantidad de tiempo que voy a tener para escribir cartas a los diarios! Mientras no me corten la conexión a Internet, claro está.

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