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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Por la legalización de la pedofilia

Ángel Ruiz Cediel
Redacción
miércoles, 20 de mayo de 2009, 19:33 h (CET)
Ya puestos, y dado que lo del aborto ha pasado de ser un crimen a un acto de libertad, digo yo que por qué no se legisla también para legalizar los otros crímenes, que también tienen sus derechos por lo que se ve, de ésos que se perpetren contra niños y adultos a los que sí se les puede escuchar cuando gritan al hacerlos sufrir o darles matarile, y con los que además se puede disfrutar un montón con el solo contemplar las muecas de terror que dibujan en sus rostros cuando se les veja, agrede y ejecuta. Nerón, sin ir más lejos, lo hizo como si tal cosa, y Calígula y Adriano y Trajano y Hitler y tantos otros memorables personajes que aprovecharon el poder para limpiar sus sociedades de excrementos no humanos o deshumanizados. Después de todo, no existe gran diferencia entre jalonar con ardientes inocentes crucificados la Vía Apia cuando pasaba el César, o en arrojar a los inocentes disidentes ideológicos a las fieras en el Coliseo, y la tortura a la que se somete a los embriones no humanos o deshumanizados y a los fetos no humanos o deshumanizados sobre los que se practica el aborto. Lástima que con estos últimos no se pueda disfrutar con su sufrimiento. Si siquiera lo grabaran en video...

Sin embargo, puestos en éstas, queda por ver si la no legalización de los demás crímenes es una cuestión de marginación de ésas que prohíbe la Constitución. Si la Carta Magna permite que se elimine con tal crueldad a los embriones y fetos no humanos o deshumanizados, convirtiendo a los verdugos en algo así como abnegados políticos que velan por las libertades, científicos de mucha Ciencia, médicos y matronas al servicio de la humanidad y títulos nobilísimos por el estilo, también debiera proteger la libertad, ya puestos, de quienes tienen la pulsión de abusar de niños, el tic de violar cada tanto, la compulsión de dar matarile a quien sea, el gusto de atracar bancos o la manía de asestar esas cincuenta o sesenta puñaladas a su santa que no representan ensañamiento a juicio de la ley. Cada cual tiene sus propensiones, momentos y tendencias, y no parece que esté bien que quien quiera desprenderse de su hijo no humano o deshumanizado tenga mayores privilegios que quienes tienen también sus inclinaciones naturales con otras criaturas no humanas o deshumanizadas (por los criminales o los violadores, quienes al menos deben tener tanto valor en sus opiniones como los legisladores, pues que tienen el mismo número de miembros y de órganos y están vivos y disponen de DNI).

Todos sabemos que el camino que se emprendió con la legislatura del PNSE, antiguo PSOE, conduce indefectiblemente a esto, seamos francos (con perdón). Hoy, se puede torturar a un embrión no humano o deshumanizado, y hasta se crean niños a la carta para que donen parte de sí a otros, sean éstos hermanitos humanos o prójimos secretos, y está claro que no se tardará en convertir a una generación de no humanos o deshumanizados en portadores de órganos para altruista suministro de quienes tengan pasta o poder y estén un poquitín delicados, o siquiera sea para que la Ciencia aprenda torturándolos en plan Mengele, que como no son humanos o están deshumanizados no pasa nada de nada y hasta está fetén. Y, luego de esto, se podría crear otra generación para entretenimiento de los pedófilos, que también tienen sus derechos, o, en su defecto, legislar con la misma conveniencia y atino que lo del aborto y todo eso, porque quienes tienen esa especial ternura por los nenes deben poder meterles mano a base de bien y jugar con ellos a los papás y las mamás en plan sexo-escatológico.

Andando el tiempo, y a imagen de los ilustres predecesores en los que se inspiraron los actuales legisladores, podrían hacer una suerte de leyes que declararan no humanos o deshumanizados a cualesquiera que sea que elijan para satisfacer sus pulsiones los violadores y los criminales de mucho gore y herramienta, y hasta podrían oficializarlo siendo el propio Estado, como ya pasara en Roma, en la Alemania hitleriana o en la URSS estalinista, para declarar no humanos o deshumanizados a todos los que no piensen como ellos, pudiéndose hacer con los tales toda suerte de prácticas en beneficio de esa Ciencia a la que tanto aman y de ese entretenimiento que es gozar con la extinción de otros, humanos y no humanos, con el que tanta dicha alcanzan.

Y, después de esto, dando un corto pasito más, debería legislarse para acabar con los tontos, los disminuidos físicos y los que tengan un cociente intelectual de tanto así o asá; y más tarde, con los feos, que dan asco, y con los que no comulguen con los credos del PNSE; y a renglón seguido, con los que tengan alguna Fe en no importa qué Dios, que éste es un orden del otro dios —si el Mal existe, y está aquí y ahora, por fuerza el Bien también, y bueno sería eliminarlo—; y enjaretado a todo esto, eliminar, ya puestos, a los amigos, parientes y conocidos de todos aquéllos —como en la dictadura argentina—, aunque, eso sí, con aprovechamiento tanto para la Ciencia como para el entretenimiento, en plan toros o algo así, que da mucho lustre. Desde las gradas, pedófilos, legisladores, violadores, criminales, asesinos de toda catadura y distinguido y democrático pueblo con sus manías en general, gozarán una barbaridad por haber logrado establecer, por fin, el orden al que aspiraban. Después de todo, si el mucho gozo les produjera una arritmia cardiaca o el fallo de algún órgano, siempre tendrían en la despensa a unos cuantos niños para utilizar sus órganos en un trasplante y seguir funcionando. Lo del aborto, al fin y al cabo, es un agujerito por el que puede verse el Infierno que se avecina.

Así pues, se aboga por la legalización urgente de todo lo dicho. No hay líneas rojas ya: todo el campo es orégano. César fue un alumbrado, Hitler fue un alumbrado: la masa que llenaba el Coliseo y los votantes que llenaban las avenidas por donde pasaba Hitler en su Rolls, así lo demuestran. Eran los Juanes Bautistas del Mesías Negro que ya llega. Traigamos al ahora tan espléndidos tiempos, y aún superémoslos.

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