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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

España, Soraya y Roberto Chikilicuatre (Con Europa al fondo)

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
miércoles, 20 de mayo de 2009, 08:02 h (CET)
Vaya usté a saber por qué tengo grabada en la cabeza alguna escena doméstica del momento en que Massiel ganó Eurovisión. Entonces sí que era importante aquello, claro que sólo había dos teles en toda España, Franco entraba bajo palio en todas partes y todavía no habíamos inventado el desnudo en el cine “pero sólo si lo exige el guión”. Aquella era una España en blanco y negro y ésta es la de la TDT. O tempora, o mores.

El caso es que ya hace demasiados años que no me enteraba de que Eurovisión existía. Algo percibía al final de los informativos (me encanta la palabra “noticiosos” que emplean en Sudamérica) pero para mí la cosa pasaba absolutamente desapercibida. Hasta que llegó Chikilicuatre y España se volvió loca y el chiki-chiki fue el comentario preferido en la barra del bar entre vino blanco y gamba a la plancha, en la cola del pescao entre merluzas y lenguados, que no había rincón por el que pasaras sin oír hablar del tal Rodolfo.

España se encandiló con el muchachote disfrazao de alienígena rokero, lo que dice mucho y muy a las claras de la España que tenemos y de cuáles son sus valores. Si un débil mental, y me refiero al personaje y no al actor, nos hacía babear resulta muy definitorio de las emociones y sentimientos que albergamos los españoles. La subcultura, la memez y el agnosticismo cultural marcan los límites de nuestro entendimiento. Si la sociedad conoce y sigue a Chikilicuatre seguirá respondiendo siempre “El Quijote” cuando un intrépido reportero le pregunte por la calle: ¿Y oiga, qué libro está leyendo usté en este momento? España es “asín”.

Y este año los rescoldos de aquel exitazo de la bárbara idiosincrasia española han favorecido que me enterara de que por España cantaba una tal Soraya, a la que supongo algunos de ustedes habrán oído cantar en alguna ocasión. Yo no, gracias a Dios. Este año no fue como al pasado pero también he oído hablar de Eurovisión en la cola, no sé si la del pescao o la del autobús, pero en algún sitio hablaban de ella. Y leo hoy con sorpresa que la buena mujer ha tenido cinco millones de espectadores menos que Rodolfo Chukilicuatre, al que a partir de ahora deberemos llamar de Ilustrísimo señor si queremos ser respetuosos con el escalafón de méritos del share.

Cinco millones de españoles de diferencia nos dicen que vivimos enmierdados en una España chikilicuatrica, que sería capaz de elegir como alcalde del pueblo al más esperpéntico de sus ciudadanos con tal de llamar la atención. España cutre, caspa nacional, cultura popular lo llaman. Dios me libre de apoyar a alguien a quien no he oído canta r y cuyos méritos artísticos desconozco, pero si España prefiere frikis como el del año pasado en detrimento de un personaje “normal”, independientemente de cómo cante o cómo se mueva, es que se merece lo que le pase. Lo que le pasa.

(Y me ahorro opinar de Europa, de sus votaciones, de sus preferencias y de sus jurados)

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