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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

El Gobierno quiere que seamos felices

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
miércoles, 20 de mayo de 2009, 08:00 h (CET)
El día anterior al debate sobre el estado de la Nación, aparecieron muy sonrientes en los medios de comunicación dos “miembras” del gobierno, Trinidad Jiménez y Bibiana Aído, para anunciar que, desde el próximo mes de agosto, se va a dispensar la píldora postcoital, la píldora del día después, sin receta médica y sin limitación alguna respecto a la edad. Es decir se podrá vender a cualquier persona, cualquiera que sea su edad, que quiera eliminar las posibles consecuencias de sus irresponsables relaciones sexuales.

Este Gobierno, que no parece tener muchas ideas para que el país funcione ni que hacer con la crisis, sigue empecinado en su cruzada para que todos los ciudadanos gocen de las delicias sexuales sin problemas y cuanto antes mejor.
Ya que no puede ofrecer una educación de calidad, ni trabajo fijo, ni vivienda asequible sin hipotecarse de por vida, nos incita a dar rienda suelta a los instintos sexuales, a aparearnos con quien se presente, como quien se toma un refresco. Como la sexualidad está en función de la procreación, si el ejercicio del sexo puede producir un nuevo ser, ¡pues a evitarlo o a suprimirlo!, que para eso está el Gobierno, para velar por los placeres promiscuos e irresponsables de sus administrados.

Empezó con aquella campaña del póntelo, pónselo, que era una clara invitación a la práctica sexual irresponsable, siguió con el aborto prácticamente ilimitado y ahora además ampliable, la asignatura de Educación para la ciudadanía con su ideología de género, la aceptación de conductas sexuales más que reprobables y lo último, hasta ahora, la venta libre de la píldora del día después. La industria del látex y los laboratorios farmacéuticos que comercializan estos productos abortivos estarán, sin duda, de enhorabuena.

Si no se educa a las personas en el dominio de sí mismos y el respeto al propio cuerpo y al ajeno, en lo que significa la relación amorosa como base de la convivencia y de la familia, estamos fabricando obsesos sexuales, gente sin fuerza de voluntad, incapaces de mantener ningún compromiso. Leo, espantado, que en no sé que centro educativo se enseña a masturbarse a niños de 11 años.

Además está la irresponsabilidad de la ministra de Sanidad que pone en peligro la salud de las mujeres que toman la famosa píldora sin control médico, ya que no es algo inocuo sino cargado de contraindicaciones. El decidido propósito de acabar con la familia se pone de manifiesto una vez más al vulnerar el derecho de los padres a cuidar de sus hijos menores. Cualquier menor puede comprarla sin conocimiento ni consentimiento de sus padres.

Es curioso que con una natalidad suicida como la española, que está invirtiendo su pirámide de población y nos está convirtiendo en un país de viejos, al mismo tiempo se dediquen crecientes recursos sanitarios para la fecundación artificial homóloga o heteróloga o los niños a la carta, para satisfacer un cuestionable derecho de la mujer a tener un hijo, en lugar de proteger el derecho de todo niño a tener un padre y una madre conocidos y a que se respete su vida desde el seno materno, que por desgracia, se ha convertido en un lugar peligroso, ya que allí se puede impunemente eliminarlo, por una serie de razonadas sinrazones.

Estamos superando el horrible Mundo Feliz de Aldous Huxley en el que era aconsejable practicar sexo con todos, pero mal visto el embarazo entre mujeres civilizadas, los niños eran productos de laboratorio, excepto una reserva de salvajes que seguían reproduciéndose por los anticuados procedimientos naturales y que mantenían como curiosidad. Ya he leído a alguna feminista radical que dice que el embarazo y el parto es un horror al que no tendrían que someterse las mujeres.

Hace unos días el Secretario General para la Seguridad Social decía con razón que sin nuevos cotizantes, que además –añado yo- se incorporan cada vez tarde al trabajo, y el aumento imparable del número de pensionistas, el sistema llegará a no ser sostenible. Quizás para conseguir tal sostenibilidad se favorezca la eutanasia y se elimine de paso el problema de la dependencia. Si no ¡al tiempo!

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