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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El águila y el gorrión

Josefina Albert (Tarragona)
Redacción
martes, 19 de mayo de 2009, 09:53 h (CET)
En el acto de presentación del libro de José María Laso, en 1902, el filósofo Gustavo Bueno, nada sospechoso por cierto de pertenecer ideológicamente a la derecha, decía que se ha inventado el pseudoconcepto de «memoria histórica», para «presentar como imparciales y objetivos los recuerdos que a todas luces se abren paso tras los años de amnesia determinada por la transición democrática».

Esto viene a propósito de una noticia que circula desde hace un par de meses sobre la necesidad de sustituir la «vidriera franquista», según el adjetivo que los medios le han puesto, del comedor de gala de la Academia de Infantería de Toledo. La culpa de su posible demolición (demoler es deshacer lo hecho) la tiene el Águila Real que preside el techo de dicho comedor, un águila hecha en cristal tallado, que debe desaparecer en virtud de la Ley de Memoria Histórica, que en su artículo 15 ordena que «Las Administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura».

Parece que tampoco Águila Militar encaja en el apartado 2 del mismo artículo, que reza como sigue: «no será de aplicación […] cuando concurran razones artísticas, arquitectónicas o artístico-religiosas protegidas por ley», ignorando nuestros gobernantes que, según un documento de carácter reservado, al que ha tenido acceso Europa Press –señala Libertad Digital- se trata de «una pieza única» por la calidad de su «emplomado» y por su técnica «absolutamente artesanal» y de alto valor artístico.

Es decir, al Águila se le quita de en medio, no solo por «exaltar la sublevación militar» y «la represión de la Dictadura», como señala el mencionado artículo en su parte primera, sino también por incitar a la «exaltación de los enfrentados»? Pero, ¿cómo aviva un sentimiento o pasión (eso significa exaltar) un águila de cristal?, ¿quiénes son los enfrentados y a quien se enfrentan?

¡Pobre Águila que de linaje tan noble ha sido degradada, por mor de una creciente ideologización de la vida española, hasta cumplirse en ella aquello del refranero «las águilas de antaño son gorriones hogaño! Podríamos decir que nuestra Águila ni siquiera ha alcanzado la gloria del gorrión, pajarillo que hoy ocupa un lugar destacado en el Museo de Historia Natural de Rotterdam, bajo el título de mártir del dominó. Esta avecilla tuvo la mala suerte de equivocarse de ventana al introducirse en noviembre de 2005 en el Centro de Exposiciones de la ciudad de Leeuwarden, en Holanda, y posarse sobre un castillo, construido con cerca de cuatro millones de fichas de dominó, impidiendo así a sus promotores batir el récord Guinness. El monumento se desmoronó como un castillo de naipes, lo que le valió la muerte al pobre pájaro a manos de un trabajador, que descargó su carabina en el diminuto cuerpo. Pero, sin embargo, la «hazaña» se premió además con un funeral que fue retransmitido por televisión para mayor gloria de la familia de los gorriones.

Sin duda, que el Águila es un animal de vieja alcurnia. ¿Ignoran las autoridades del Ministerio de Defensa que el Águila de Toledo es la que también forma parte del tetramorfos del Nuevo Testamento? Su ascendencia descansa no solo en San Juan, de quien es símbolo por haber alcanzado el Evangelista los más altos vuelos teológicos al hablar de la naturaleza divina de Jesús, sino que el Águila Real, la misma que se quiere hacer desaparecer, es también el Águila de Patmos, lugar donde se compuso el Apocalipsis, último de los libros de la Biblia. Por otra parte, en varios lugares de la Sagrada Escritura se cita a esta majestuosa ave. «Tu juventud –canta el Salmo 102,5- se renovará como la del águila». Y en Isaías 40,31 se dice: «los que esperan en el Señor remontan el vuelo como las águilas». Conscientes de ello, los primeros cristianos recogieron esta tradición bíblica e inspirándose en una antigua leyenda, según la cual el águila renovaba su juventud al lanzarse tres veces a una fuente de agua pura, la eligieron como símbolo del bautismo, fuente de regeneración y salvación. Supongo que la memoria histórica no pretenderá arrancar de la Biblia, de San Juan y de los cristianos ese animal, por cierto, de mirada tan aguda.

También el Águila de la Academia Militar está emparentada con otra, la del Escudo de los Reyes Católicos, diseñado por el Cardenal Cisneros, porque así lo quiso la Reina Isabel, que además de profesar gran devoción al Santo –y quizá por ello- fue proclamada Reina de Castilla, precisamente, el día de San Juan.

Pero lo más grave, a mi juicio, es que en la portada de la edición príncipe de la Constitución Española de 1978, con letra «tipo constitución», denominada así desde entonces, se lee «Don Juan Carlos I, Rey de España. A todos los que la presente vieren y entendieren. Sabed que las Cortes han aprobado y el Pueblo español ratificado la siguiente Constitución», aparece como ilustración el Águila Real de la que nos venimos ocupando. Según la ley que rige para la vidriera toledana, debería aplicarse a nuestra Carta Magna y acabar de un plumazo –nunca mejor dicho- con la Constitución Española ¿No sería eso lo coherente y justo?

¿Dejará el águila de volar, como titula un artículo aparecido en la revista Ecos, sobre el comedor de gala de la Academia de Infantería de Toledo? ¿Por qué no se aplica la misma ley de Memoria Histórica a los escudos republicanos que adornan edificios de algunas ciudades españolas? Todo este asunto esta despidiendo un tufillo que huele a algo que va más allá de la mera ignorancia. A ver si Gustavo Bueno va a tener razón cuando dice que la MemoriaHistórica es un concepto «espurio» con «pretensión reivindicativa», que a la postre solo puede traer mayores males. La sensatez, la prudencia y el buen juicio deberían ser patrimonio y motor en el hacer de la clase política. ¡Ojalá –y sería la mejor de las noticias- que nuestros gobernantes pudieran decir de sí mismos lo que la Sabiduría reconoce en los Proverbios de Salomón 8,12: «Yo tengo conmigo la discreción, poseo la ciencia y la cordura»!

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