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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La fobia del Sr. Slevaggi a los perros y a sus dueños

Joan Grimal y Julio Ortega
Redacción
martes, 19 de mayo de 2009, 09:49 h (CET)
Ocupar un cargo de confianza de un alcalde no tiene nada de malo; coordinar los diferentes ámbitos funcionales de las áreas de cultura, juventud y deportes de un Ayuntamiento tampoco; ser editor junto con otras dos personas de una revista que se dice independiente y que incluso lleva ese término en su nombre, pero que está financiada con dinero público y que realmente es un panfleto de propaganda municipal, tal vez llame un poco más la atención pero entra dentro de lo habitual - iba a decir normal, sin embargo me cuesta emplear ese adjetivo -; que la persona a la que me refiero tenga una retribución anual de más de 30.000 euros en una Población que no alcanza los diez mil habitantes, resulta chocante pero usual. Que el Sr. Antonio Selvaggi, editor de la Revista Independiente de Palafolls y hombre de confianza del Alcalde de esa Localidad, escriba en la misma un artículo tan necio como venenoso, criticando a los defensores de los animales, satanizando a los perros y a sus dueños y hasta atreviéndose a sugerir que la solución es la muerte de los canes, es inadmisible y vergonzoso.

Este hombre tiene un problema, bueno, mejor dicho varios. Uno de ellos es con las heces, un asunto que a todos nos preocupa, empezando por los que tenemos perros y asumida la necesidad de recoger los excrementos de nuestros animales de la vía pública. Lo sorprendente es que a este señor le molesta que los canes defequen. Dice que ya no se les puede "señalar" con el dedo porque los amantes de los animales "se lanzan en feroces ataques". Pero, ¿qué pretende este obseso de las deposiciones: apuntar con el dedo acusador a dálmatas, chihuahuas y caniches e inculparlos por no utilizar el inodoro de sus hogares cuando les viene el retortijón?. Su aversión a la materia fecal tiene, sin embargo, ciertos tintes coprofágicos singulares, porque en su escrito manifiesta que "hay cagarros de todas las formas, colores, olores y tamaños". Destinar tantos miles de euros de las arcas municipales a un individuo para que realice exámenes cromáticos, odoríferos y geométricos de las deyecciones caninas me parece, con el mayor de los respetos, una mierda de inversión.

Poco a poco va entrando en calor en el articulo de su Revista y pasa del ano de los perros a su boca cual pulga saltarina. Entonces el asco se transforma en pavor y estos animales se le antojan seres malignos y sanguinarios salidos del averno y dispuestos a devorarle. El Sr. Selvaggi afirma que "mira de reojo los potentes y amenazadores incisivos de estas bestias". Yo no me lo quiero imaginar cual infortunado hijo de Saturno, caminando deprisa, con el rostro descompuesto por el terror y apuntando con un ojo hacia el oeste, para vigilar las temibles fauces de un yorkshire paseando con su dueña, y con el otro hacia el sur, inspeccionado las posibles cagarrutas en la acera. A este caballero o le subvenciona el Ayuntamiento un tratamiento para curarse de su cinofobia y escatofobia o se nos queda como Marty Feldman en cuatro días.

Y ya por fin, acude a un pensamiento que él mismo reconoce haber extraído de "la antigüedad", demostrando con semejante hecho que tan rancio coordinador se nos ha quedado anclado en la España de la Edad Media, con su repulsión a los perros y su propuesta de eliminación física de los mismos, porque asegura que "muerto el perro, muerta la rabia". Diga que sí D. Antonio, eso se llama gestión política razonada e inteligente: seis tiritos por aquí, ocho degollamientos por allá, un par de atropellos, cuatro pedradas en mitad de la testa, y Vd. termina con su pánico cerval a los perros. ¿De verdad Sr. Selvaggi es Ud. la mano derecha del Alcalde de Palafolls?, no me quiero ni imaginar cómo tiene que ser la izquierda.

Menos mal que al final de su escrito encuentra otra solución que implica menos sangre: crear guetos. Que conste que no me saco el término del bolsillo, Vd. mismo lo emplea y al hilo de esa idea manifiesta: "tal vez tendríamos bastante éxito". Podemos construir si le parece y el presupuesto municipal lo permite, una zona amurallada para los que tienen perros, otra para los dueños de gatos, ya puestos a los que padecen halitosis, a la gente con dentadura prominente – pesadilla del Sr. Selvaggi - y uno digamos para estancias cortas, que ocuparían aquellos con desarreglos intestinales pasajeros que les provocasen diarreas temporales.

A mí, con la sana intención de echarle una mano, se me ocurre que ya que es Ud. un peso pesado dentro del Ayuntamiento, debería de hablar con su mentor y convencerle - al igual que hizo en su día para que Palafolls no fuese declarada Ciudad Amiga de los Animales - de que se emita un edicto municipal en el que con carácter de urgencia, se imponga la obligatoriedad de que todas las mascotas de Palafolls tengan que ser Tamagochis - había pensado en Furbies, pero tienen pico e igual descubrimos que es también ornitofóbico -.

Sr. Selvaggi, no tengo la menor idea de cómo ha accedido Ud. a ser el hombre de confianza del Alcalde ni viene tal cuestión al caso, pero lo cierto es que los habitantes de Palafolls que tienen perro y que recogen sus excrementos, la mayoría sin duda, aquellos que aún sin tener animales los respetan, los que están en contra de que se le cause daño a estas criaturas y cualquier persona con un mínimo de sensibilidad, tienen que sentirse bastante indignados de pensar que, un hombre que dice que las asociaciones de defensa de los animales son feroces y pendencieras, que califica de peligrosos y agresivos a todos los perros, que afirma sin rodeos que la mejor solución es matarlos, o que propone la idea de que todos aquellos que tengan canes residan en zonas habilitadas al efecto, en "pisos donde sólo pueda vivir gente con animales de compañía", ocupa un puesto de responsabilidad política y encima le están pagando un sueldo por vomitar tal sarta de necedades obsesivas.

Si Ud. no tuviese capacidad para influir en la labor de gobierno sus declaraciones me parecerían ridículas pero inofensivas, puesto que no serían más que desvaríos sin mayores consecuencias. Pero teniendo en cuenta su posición y sus atribuciones en el Ayuntamiento de Palafolls, la cuestión adquiere una gravedad que no permite pasarla por alto. Y como no tengo la menor duda de que Ud. no va a cambiar, ya que las personas que son así no lo hacen casi nunca porque son víctimas de su propia mediocridad y eso les convierte en soberbios - es la altivez que otorgan la ignorancia y la prepotencia - espero que sean los ciudadanos de esa Localidad los que expresen su rechazo al Regidor por tener plena confianza en las decisiones de un hombre que odia a los animales, a los que los protegen, a los que los poseen y posiblemente, a todo aquel que no piense como él. Ud. no debería de ocupar un cargo público, carece de sensibilidad, de juicio, de conocimientos, de talante democrático y le sobra hiel Sr. Selvaggi.

Hay ideas, algunas de ellas escritas incluso en Revistas, que habría que recoger como las heces, con guantes y depositarlas en un contenedor de desperdicios.

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