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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Razones de peso para votar al PSOE

Ángel Ruiz Cediel
Redacción
martes, 19 de mayo de 2009, 09:40 h (CET)
Veamos. Quieres votar al PSOE, y seguro que vamos a encontrar algunas razones de mucho peso para que lo hagas. No; si eres trabajador no puedes hacerlo, porque fue el PSOE el que instauró los contratos basura —coyunturalmente, claro, pero hace ya un par de decenios—, el que ha permitido que incluso en la bonanza los trabajadores hayan sido sobreexplotados, el que maneja con inusitada docilidad a los sindicatos que debieran defenderte en base a bonus y prebendas, y el que permitió el establecimiento de las carnecerías laborales ésas que son las ETTs, además de que ha ido liquidando el tejido industrial español y convirtiendo a nuestra sociedad en este algo repugnantemente especulativo. No; si eres trabajador, no puedes votarlo. Busquemos otras razones de peso.

No; si eres partidario de la familia tampoco puedes votarlo, porque este partido ha irrumpido intempestivamente en tu ámbito familiar no sólo adoctrinando a tus chicos contra tu criterio de una manera perversa con la cosa ésa de la Educación para la Ciudadanía, sino también diciéndote cómo y de qué manera tienes que tratarlo, si le puedes dar una bofetada o no, rompiendo tu relación familiar al permitir que tu hija pueda bregar sola siendo menor de edad con asuntos tan terribles como un aborto, legislando para que tu hija en esa difícil edad de la pubertad pueda abortar en los días siguientes a una relación sexual extemporánea con todo lo que ello acarrea, o que aun pueda ser considerada mayor de edad sexual desde los trece añitos, pudiéndose liar con un señor o señora de sesenta como si tal cosa. No; si eres partidario de la familia, tampoco puedes votarlo. Busquemos otras razones de peso.

No; si eres partidario de la vida no puedes votarlo de ninguna manera, porque es él el que ha legislado la atrocidad, promulgando leyes que consienten que cualquier mujer pueda mancharse las manos de la sangre más sagrada —la de su propio hijo— como si fuera a la peluquería, y aún que las niñas, sin el consentimiento de sus padres siquiera, puedan hacerlo caprichosamente por el terror del momento de saber que están embarazadas, aunque después deban cargar con ese insoportable lastre sobre su conciencia el resto de sus vidas. Además, él es el que, curiosamente, al mismo tiempo protege los derechos humanos de los verdugos sobre las víctimas. No, no; si eres partidario de la vida, de ninguna de las maneras puedes votarlo. Busquemos otras razones de peso.

No; si eres de izquierdas ni te plantees votarlo, porque será lo que sea el PSOE, menos de izquierdas. Es otra cosa, mira a tu alrededor. Estuvo casi 13 años en el poder —número masón— y sólo se beneficiaron las derechas y las llamadas fuerzas fácticas, ya te lo dije antes. Un partido de izquierdas no degrada a los trabajadores ni consiente que los contratos-basura se extiendan por las crisis y las bonanzas, edificando una sociedad de ricos y esclavos. Mira cómo viven ellos mismos y cómo gastan como nuevos ricos, además de los impuestos que te cobran. Lo de las políticas sociales ya sabes que es un engaño, porque incluso los extranjeros que han ido trayendo han ido poniéndolos delante tuyo, negándote cualquier clase de ayuda. No, no; si eres de izquierdas no puedes votarles. Busquemos otras razones de peso.

No; si eres estudiante o tienes hijos que lo sean tampoco puedes votarlo. El PSOE ha sido el artífice del desastre educacional que asola España poniéndonos a la cola de Occidente, el firmante del Pacto de Bolonia que reduce a los titulados españoles a simples mendicantes y el que aúpa a los puestos de mayor responsabilidad a iletrados o amiguetes. No; si eres estudiante o tienes hijos que lo sean, no puedes votarlo. Busquemos otras razones de peso.

No; si eres contrario a la corrupción no puedes votarlo, mira cómo estuvo España con Felipe González y cómo con Zapatero, que no había plaza o pueblo donde no se chanchulleara con lo que fuera. Nunca estuvo más generalizada y nunca se hizo menos por combatirla. No; si tenías un piso y te lo quitaron sin más por un retraso, sin juicio ni nada, tampoco puedes votarlo, porque ellos fueron los que lanzaron la manguncia aquélla de la Ley Boyer. No; si eres partidario de la Cultura no puedes votarlo de ninguna manera, porque son ellos los que han elevado a la predominancia social a tanto freaky sobre la gente de talento, los que han permitido esta sociedad basura de mucha paja y poca enjundia, y los que han pervertido la Cultura misma, haciendo de ella esta risión que ves por todas partes, incluida la cosa esa familiar de la SGAE que clama al Cielo. No; si eres partidario de la verdad tampoco puedes, ni si crees que el Presidente ha de ser un estadista o los ministros personas capaces, ni si...

Bueno, mira, mejor lo dejamos, porque el espacio de un artículo es chiquitín y no da para más. Si quieres votarlo, allá tú, es tu derecho, pero atente a las consecuencias porque lo mismo va y gana. Si quieres hacerlo, tendrá que ser porque te lo dicte el hígado, no el cerebro, o porque quieras votar contra el PP. No hay otra, palabra.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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