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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Obama marca en Notre Dame

E. J. Dionne
E. J. Dionne
martes, 19 de mayo de 2009, 06:20 h (CET)
Enfrentándose a manifestantes que no le querían allí, el Presidente Obama se defendió en Notre Dame no con palabras fuertes sino con las armas más devastadoras de su arsenal político: un llamamiento a “corazones abiertos,” “mentes abiertas,” “palabras imparciales,” y una búsqueda del “consenso.”

Hubo muchos mensajes enviados desde South Bend el domingo. Los detractores de Obama pretenden azuzar los conflictos ideológicos. Él no. Iban a reducir la fe religiosa a un conjunto de temas concretos. Él se negó a unirse a ellos. Con frecuencia entienden los debates teológicos como camino a la certeza. Él optó por la humildad.

Hizo todo esto sin evitar la cuestión del aborto y sin retroceder ante "la polémica que rodea mi visita aquí.” El atronador y repetido aplauso que recibió a Obama y al reverendo John I. Jenkins, el presidente de Notre Dame que soportó bastantes recriminaciones por solicitar su presencia, fueron la refutación de aquellos que decían que el presidente no debió haber sido invitado.

Por su parte, Obama pronunció lo que puede haber sido a la vez el discurso más radical y más conservador de su presidencia. Reconociendo el papel de la Iglesia Católica en el apoyo de su primera labor como organizador de la comunidad, el presidente explotó los recursos del pensamiento social católico. Combina la oposición al aborto con una acusada crítica a la injusticia económica, y de esa manera esquiva los asuntos espinosos de la ideología contemporánea.

"Demasiados de nosotros vemos la vida sólo a través del prisma del interés inmediato y el materialismo desbordante," afirmaba Obama. “El fuerte domina al débil con demasiada frecuencia, y demasiados de aquellos con riqueza y poder encuentran todo tipo de justificaciones para su propio privilegio frente a la pobreza y la injusticia.”

Pero su argumento se basaba en ideas muy antiguas, sobre todo el pecado original y el bien común. Obama fue tan explícito hablando de su fe como George W. Bush de la suya, pero con inflexiones y conclusiones característicamente diferentes.

El ex presidente puso a menudo el énfasis en la comodidad y la seguridad que tenía fruto de sus creencias religiosas. Obama dijo que “la ironía definitiva de la fe es que necesariamente admite la duda.”

"Esta duda no debe apartarnos de nuestra fe," predicaba Obama. “Pero debería hacernos más humildes. Debe templar nuestras pasiones, y hacernos más vigilantes frente al exceso de autosuficiencia.” Fue una respuesta velada a sus críticos.

Obama envió muchas señales a los católicos, elogiando a héroes para progresistas y moderados tales como el reverendo Theodore Hesburgh, expresidente de Notre Dame, y el difunto cardenal de Chicago Joseph Bernardin.

También intentó paliar los errores en los que incurrió al inicio de su administración, dejando claro, por ejemplo, que sus revisiones de un decreto presidencial Bush sobre los derechos de los profesionales de la salud continuarán "honrando la conciencia de aquellos que discrepan con el aborto.”

Manifestó un mayor respeto a los detractores de la investigación con células madre -- habló de su "admirable convicción en torno a lo sagrado de la vida" -- del que mostró en su anuncio original alterando políticas de Bush.

Y con el aborto, el asunto que provocó las protestas en su contra, Obama suscribió una agenda más amplia: "Reduzcamos los embarazos no deseados. Facilitemos la adopción. Proporcionemos atención y ayuda a las mujeres que sí llevan a término sus embarazos.”

Casi tan significativo como el discurso de Obama fueron las palabras de presentación ofrecidas por Jenkins. En lugar de ocultarse de sus críticos o disculparse, el presidente de Notre Dame advertía de la tendencia de los bandos políticos enfrentados a "demonizarse entre sí" y elogiaba a Obama por comparecer a pesar de la oposición de la universidad a "sus políticas en el aborto y la investigación con células madre.”

"Mientras servimos a nuestro país, nos veremos motivados por la fe, pero no podemos apelar a la fe únicamente," decía Jenkins. “También debemos tomar parte en un diálogo que apela a la razón que todos podamos aceptar," y hacerlo "con amor y un espíritu generoso.”

Aunque Jenkins no hizo ninguna referencia a ella, la lectura dominical del sermón se basó en el énfasis de San Juan en la ley del amor. “Esto os ordeno: amaos los unos a los otros," decía Jesús en el Evangelio de San Juan.

Fue un mensaje difícil de vender con la rabia dirigida contra Obama y Jenkins por sus detractores. Pero al apretar las tuercas en la visita de Obama, los críticos hicieron un gran favor al Presidente.

Al tratar de frente sus argumentos y demostrar su sensibilidad a las preocupaciones católicas, Obama reforzó a las fuerzas moderadas y progresistas dentro de la propia Iglesia También asestó un golpe contundente a ellos que mantendrían a la nación enfrascada en la política del enfrentamiento ideológico sin final. Los detractores de Obama en la derecha católica hicieron una apuesta fuerte en la visita a Notre Dame. Y perdieron.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

NOTA: Esta versión de la columna aparecerá en la próxima edición de Newsweek.

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