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Etiquetas:   La linterna de diógenes   -   Sección:   Opinión

Volare, ¡Oh! ¡Oh!

Luis del Palacio
Luis del Palacio
martes, 19 de mayo de 2009, 06:16 h (CET)
Ante la no muy lejana perspectiva de las vacaciones de verano, sería conveniente prepararse contra los abusos de las compañías aéreas, ya que, según parece, es el avión el medio de transporte preferido por los turistas españoles, después del coche propio.

Hablo de abusos y me reafirmo. En algunos casos se trata de un verdadero ultraje al pasajero pues, en efecto, son incontables los casos propios y ajenos en los que los derechos de los usuarios han sido mancillados, por no decir, sencillamente, pisoteados.

El “overbooking” es una práctica admitida desde que existe la aviación dedicada al transporte de viajeros. Y a pesar del perjuicio que cada año ocasiona a miles y miles de ciudadanos en todo el mundo, se trata de una especie de derecho de pernada que nadie discute: si te toca, te aguantas. Por otra parte –y descontando las cada vez más numerosas y vejatorias molestias para acceder al olimpo de la zona de embarque, en las que se somete a prueba nuestra paciencia y casi nuestro pudor- los frecuentísimos retrasos son como mucho compensados con una hedionda bandejita de comida basura y una lata de refresco de cola del tamaño de un dedal. Si Vd. pierde una reunión de trabajo, una boda, bautizo o funeral por culpa del overbooking o de un retraso, quéjese al maestro armero… y buena suerte.

De las llamadas “compañías bandera”, cada cual, que cuente con la experiencia aérea suficiente, tendrá sus preferidas frente aquellas que tratará de evitar siempre que le sea posible. Yo hace algunos años, cuando viajaba varias veces al año a Kenia, le puse la cruz a KLM (compañía conocida popularmente en Alemania como “keine lust mehr”, que significa más o menos “se me han quitado las ganas”) tras varias afrentas casi seguidas. No es que KLM fuera a lamentar el haberme perdido como cliente, ni que British Airways me mandara una caja de bombones por haberlos elegido para llevarme a Nairobi desde entonces, pero me quedé muy a gusto con mi pequeño boicot. Y, sin duda, habrá quienes hayan tenido una experiencia que sea justo contraria a la mía, y se asombren por mis denuestos contra la línea aérea holandesa.

Por último debo referirme a las llamadas “compañías de bajo coste”; lo cual es harina de otro costal. Para empezar, es falso que todas sean un desastre. Hay algunas que, de hecho, funcionan bastante mejor que muchas de las regulares: Germanwings (mi favorita), Tuy Fly, Easy Jet etc. ofrecen un servicio de lo más correcto, su flota de aviones es moderna y su trato con el público, impecable. Para mí, la manzana con gusano, que espero no llegue a contaminar al resto, es Ryanair. Sus abusos son constantes: para empezar, podría mencionar el detestable trato del personal de tierra en el aeropuerto de Barajas. A continuación, su asalto a mano armada con la limitación del equipaje a 15 kilos (cuando normalmente se aceptan 20) Y, por último, aunque me podría referir a bastantes cosas más, el hecho de que la información relativa a los vuelos figure preferentemente en inglés en aeropuertos tan nacionales como el de Parayas, en Santander.

La compañía irlandesa –segunda con cruz en mi particular lista negra- amenazó hace meses con cobrar por hacer pis en sus aviones y ahora con discriminar a los gordos. Quien sea obeso y algo meón deberá evitar a Ryanair. Es mucho mejor coger el tren o hacer el Camino de Santiago andando o en bicicleta, en vez de volar con esos piratas del aire a Irlanda o al Reino Unido.

Piénsenlo: es una forma de boicotear el abuso y de paso de hacer caso a las sabias recomendaciones del ministro Sebastián, cuando nos recomendó hace meses el consumo de vacaciones nacionales.

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