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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Otra vez las pensiones en el ojo del huracán

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 19 de mayo de 2009, 06:15 h (CET)
Que el Ejecutivo del señor Zapatero no sabe donde volverse para encontrar alguna ayuda para poder financiar el gran embrollo en el que se ha metido, cuando se ha visto forzado a hacer promesa tras promesa para evitar que, aquellos que le apoyaron confiando en sus promesas, no se le vayan y permanezcan cimentando la tambaleante peana sobre la que se encuentra en equilibrio, como consecuencia de la pésima situación en la que se encuentra España. Precisamente cuando ZP pensaba que lo tenía todo “atado y bien atado” para llevarse, de calle, su tercera legislatura al frente de lo que quedara de este país, puesto a subasta a cambio de que los nacionalistas no lo dejen en la estacada, vamos, como se dice en forma coloquial, “ colgado de la brocha”; no es noticia que pueda sorprender, a estas alturas, a nadie que se haya tomado la molestia de seguir de cerca la evolución de nuestra economía y los resultados de una serie de medidas mal planificadas y peor ejecutadas por quienes ostentan el poder. Pero, ya todos hemos prescindido de hacer reproches, porque el acordarnos de lo que no se hizo a su tiempo, no hace más que excitar nuestra impotencia y exacerbar nuestra rabia en contra de estos sujetos que, ni aún queriendo, podían haber hecho peor sus deberes.

Pero, no nos engañemos, que la cosa tiene miga, pues, por mucho que pretendan escudarse en su “acendrada defensa de los derechos de los trabajadores”, de ser un bastión para que “ ningún trabajador pierda sus conquistas sociales” y demás frases hechas, propias de los mítines demagógicos y despendolados de nuestro señor Presidente –a quien no le importa despojarse de su uniforme de Jefe del Gobierno, defensor de todos los españoles, sin distinción de ideologías políticas; para transformase en un fiero mister Hyde, vociferante y machacón, erigido en el paladín del proletariado y azote del capitalismo,( miren ustedes qué curioso: no le importa, sin embargo, codearse con los banqueros y millonarios cuando “ la jugada lo requiera”, como decía nuestro “añorado” ministro de Justicia, señor Fernández Bermejo) –; los resultados que podemos apreciar de esta gran quimera que se ha querido hacer creer al pueblo llano, no parece que se correspondan con los grandes esfuerzos de propaganda, con sus descalificaciones a la derecha y con los objetivos que se propusieron como meta.

Porque, si empezamos por el “pleno empleo”, que ZP prometió en su campaña electoral, es evidente que nada tiene que ver con una situación de más de 4.000.000 de parados; más bien se podría afirmar que ha sido un estruendoso fracaso. Si hablamos de las cosas que prometió, la mitad de ellas se han quedado en promesas y la otra mitad están dando tumbos como ocurre con la famosa Ley de Dependencia que, para cobrar sus prestaciones tanbién “depende” de tener la suerte de ser uno de los pocos que han tenido la lotería de percibirla. Si nos referimos a las ayudas a los jóvenes, para alquilar una vivienda, nos encontramos ante más de lo mismo: o no lo han podido conseguir o, los que lo han logrado, no ven la forma de recibir las ayudas a tiempo. Otro comentario aparte, sería hablar de cómo se han distribuido las ayudas millonarias (50.000 millones de euros) a los bancos y entidades financieras que, en lugar de transformarlas en créditos para las empresas, los han destinado a sanear sus propios balances. También podríamos hablar de los 8.000 millones de euros entregados a los municipios, para contratar nuevo personal para obras públicas, cosa que no se ha producido por la obvia razón de que, los contratistas, no iban a echar a los trabajadores que ya tenían para contratar a otros del desempleo.

Pero lo que más me preocupa ahora, y sobre un tema que he tenido ocasión de denunciar en varios de mis artículos anteriores, es la noticia que he podido encontrar en Libertad Digital, en la que se vuelve a plantear la endémica cuestión del Fondo de Reserva de la Seguridad Social. Hoy en día este fondo está invertido en deuda pública (algo ya de por sí bastante preocupante, dada la poca confianza que inspira nuestra deuda en los países de nuestro entorno y la rebaja de calificación que se ha hecho de ella por entidades, como Standad & Poor’s y otras especialistas en la materia, cuando han analizado la solvencia de la deuda emitida por los distintos estados); pero, como se podía esperar de un Gobierno desesperado por conseguir liquidez con la que poder tapar los parches de sus innumerables compromisos y deudas,.la posibilidad de obtener más rendimiento de este fondo ( 58.000 millones de euros) les ha hecho salir chiribitas en los ojos y babeos de codicia. En consecuencia, ya se está hablando de trasladar dicho fondo a la compra de deuda bancaria. La diferencia no es algo que se pueda considerar de poca importancia ni baladí, porque nadie puede llamarse a engaño si es que queremos hablar del tema de la seguridad de la inversión, que pasa de estar garantizada por el Estado a depender de la solvencia de los bancos privados.

Por supuesto que aumentará la rentabilidad, pero habría que hacerse dos preguntas. La primer, ¿quién saldrá beneficiario de esta posible rentabilidad?, acaso ¿ serán los beneficiarios de las pensiones, porque se acumulará al mismo Fondo de Reserva? O, por el contrario, ¿será el Gobierno, a través de la Tesorería del Estado,quien se haga cargo de los posibles beneficios para destinarlos a otras aplicaciones? La segunda, ¿qué sucedería si, el banco o los bancos en cuestión, tuvieran un “accidente” en su gestión y quebraran?, ¿respondería el Estado y repondría el total de los 58.000 millones de euros a las cajas de la Seguridad Social o, la pérdida, total o parcial, recaería en exclusiva sobre el Fondo de Reserva de la Seguridad Social? Es evidente que, a los perceptores de pensiones, los beneficiarios de las clases pasivas que dependen para vivir de las pensiones, por la que cotizaron toda su vida laboral, lo que les importa es tenerlas aseguradas y no que el Fondo genere más o menos intereses. Pero, si resulta que se va a poner en cuestión la seguridad de esta garantía y, por añadidura, los beneficios se los embolsa el Gobierno; es evidente que, el negocio para los que perciben sus jubilaciones, no puede ser más insatisfactorio.

Deberíamos preguntarnos si el Gobierno, sin tener en cuenta lo dispuesto en el Pacto de Toledo, puede poner en peligro uno de los, tan cacareados, “beneficios sociales” de los que fueron trabajadores y ahora gozan de su merecido descanso. ¡Mucha responsabilidad para los que tomen semejante decisión y muy dudosa la facultad para poder poner en riesgo algo que se instituyó, no para hacer negocio con ello, sino para guardarlo en lugar seguro en previsión de ser utilizado si fuera preciso para atender las pensiones de los millones de perceptores que dependen de ellas!

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