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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Emulando al hijo pródigo (I)

Ángel Sáez
Ángel Sáez
martes, 19 de mayo de 2009, 06:11 h (CET)
POR JESÚS ARTEAGA ROMERO

Sentadita, como siempre,
aparece la ancianita
en la esquina de su calle
absorbiéndose la brisa
que los vientos le regalan

esperando su sonrisa…
Y recuerda una aventura
que vivió de mayorcita;
era ya mayor de edad,
pues dieciocho años tenía…

La parábola de un hijo
que a su padre le pedía
esa parte de la herencia
que sólo a él pertenecía,
le sugiere a ella la idea
de marchar de casa un día…
No pidió a su padre nada
porque en casa nada había.

Y la pobre se nos marcha
sin saber ni a dónde iba;
pero empieza la aventura
que muy mal acabaría…

Atraviesa varios pueblos
aceptando la comida
que ofrecíale la gente
por la pena que sentían,
viendo pobre y desdichada
y con cara de mendiga,
a una joven condenada,
para siempre y de por vida,
a vivir en la miseria
por marchar de casa un día…

Y las horas van pasando
y pasando van los días;
y se pasan las semanas
sin la luz de cada día…

La experiencia es muy amarga
y peor lo que aún vendría:
Una dueña de un palacio
ser su sierva le ofrecía
y la joven lo aceptaba.
¡Qué remedio!, se decía.

Le encargó cuidar los perros
y limpiar la perrería
siete veces por semana
y dos veces cada día…
Y la joven, impotente,
tal labor rechazaría,
mas para ella era imposible
por el miedo que tenía
a la eterna represalia
de la dueña que gruñía,
hasta incluso haciendo bien
el trabajo que tenía.

Le obligaba a que a los perros
repartiera su comida:
Una vez, por la mañana;
otra, luego, al mediodía;
la tercera por la tarde
y la cuarta al fin del día.

¿Cuándo come nuestra joven,
ya criada y no mendiga?
Cuando estén todos sus perros
cada cual en su cunita
y con todo preparado
por si alguno pis se hacía;
y si alguno hiciera caca,
ella todo limpiaría…


(Continuará mañana.)

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