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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Esa cosa que llamamos socialismo

Mario López
Mario López
martes, 19 de mayo de 2009, 06:10 h (CET)
Es un hecho que no admite controversia que la ejecutoria de Felipe González como presidente del Gobierno estuvo más centrada en apuntalar las herencias del régimen anterior que en avanzar hacia un modelo socialista de convivencia; cosa que, a fin de cuentas, es lo que le debería haber ocupado, a tenor de las siglas con las que se presentó ante el electorado. Los sucesivos gobiernos de Felipe González ayudaron a la modernización del país. Qué duda cabe.

Pero sin apartarse un ápice de ese compromiso inicial de preservar todo aquello que del franquismo había que mantener incólume. A partir de ese compromiso, su tarea consistió en hacer democracia, no socialismo. Una democracia por la que la oligarquía franquista estaba dispuesta a apostar en tanto en cuanto suponía abrir las puertas del país al mercado internacional y la posibilidad de modernizar los medios de producción que habrían de seguir en manos de esta oligarquía. En definitiva, Felipe González vino a hacer lo que cualquier partido conservador o liberal europeo hizo al finalizar la II Guerra Mundial: consolidar los cimientos de la economía de mercado, el Estado de Derecho y universalizar los derechos mínimos de la ciudadanía (formación y sanidad). Para ello, los sucesivos gobiernos de Felipe González desarrollaron políticas de una ortodoxia liberal incuestionable, siempre bajo la atenta mirada de la oligarquía: liberalización del precio de la vivienda en compra y alquiler, apoyo a la banca, reconversión industrial, contratos de trabajo temporales, financiación de la educación privada, implantación del monopolio en el sector editorial escolar, etc. Podría decirse que Felipe González fue un gran liberal que puso cara al “socialismo posible”, que no es otro que el liberalismo “con buen rollo”. Así las cosas, y después de ocho años de gobierno Aznar, irrumpe José Luís Rodríguez Zapatero. En lo sustancial, viene a desarrollar las mismas políticas que sus antecesores. Pero, claro, por el sólo hecho de retirar las tropas de Irak, legalizar el matrimonio entre homosexuales y aprobar la ley de plazos para la práctica del aborto, aparece ante la opinión pública como un rojazo. Y eso que ni el matrimonio, ni la interrupción del embarazo tienen nada que ver con el socialismo. Pero, bueno, algo tenía que marcar la diferencia entre los dos partidos que nos gobiernan, para que nuestra democracia no parezca un camelo. Y si el PSOE es incapaz de desarrollar un proyecto socialista, pues habrá que inventárselo. Si por la experiencia de los gobiernos del PSOE tenemos que definir al socialismo, podemos tirar el Sabine a la basura. El socialismo, según el PSOE, se basa en la economía de mercado, la flexibilización del mercado laboral –entendiendo que el trabajador es una unidad de obra temporal, sin raigambre en el tejido social-, el reconocimiento del matrimonio homosexual y el derecho a la práctica del aborto ¿No sería interesante abrir un debate sobre quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde queremos marchar?

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