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Opinión
Etiquetas:   Opiniones de un paisano  

¿Se puedes ser feliz en política?

Mario López
Mario López
martes, 19 de mayo de 2009, 06:09 h (CET)
Si yo fuera político en la España actual, dudo mucho de que me sintiera feliz, por bien que me pudieran salir las cosas –en el sentido más honorable de la expresión, se entiende-. Por muchos proyectos de interés general que pusiera en marcha, por mucho que pudiera ayudar a la modernización de mi país, no podría sentirme feliz.

Porque es imposible que yo me sienta feliz ejerciendo un oficio que, tal y como se está realizando en la actualidad, está haciendo perder el interés de la gente por la política y confundiendo los conceptos más básicos que nos han impulsado a defender un régimen, al menos, teóricamente democrático. Nuestros dirigentes son incapaces de atajar la corrupción con medidas tajantes. Los casos de corrupción se han de perseguir por la Justicia, cierto es, pero a los políticos corresponde el deber de poner las medidas necesarias que hagan imposible la corrupción. Será una tarea difícil, pero no imposible. Y nos consta que entre nuestros políticos hay verdaderas lumbreras. El caso es que hoy en día nuestros administradores hacen la vista gorda hasta que se topan con la oportunidad de airear una corruptela y lanzarla contra el adversario político a falta de mejores argumentos. Estamos viviendo la apoteosis de la mordida, el distraimiento y la delación. Tres drogas que, sabiamente mezcladas y administradas en las dosis adecuadas, sumen a quien las consume en una especie de orgía permanente, con el efecto añadido de la ausencia de sospecha. El aforamiento crea un sentimiento tan arraigado de impunidad que pone alas al manco. Nuestros administradores, además, son capaces de dejar que un simple resfriado se convierta en una pulmonía letal, no sé con certeza si por desidia o por miedo a perturbar una paz social que, en realidad, es más aparente que real. Hoy ya somos muchos los que nos debatimos entre seguir defendiendo el régimen actual o apoyar otro alternativo que garantice, sin trampa ni cartón, los valores por los que muchos ciudadanos estamos en la defensa de la democracia y el socialismo. La pelota está en el tejado del Palacio del Congreso de los Diputados. Y, la verdad, es que no me siento nada optimista. Nuestros dirigentes no dan muestras de querer cortar por lo sano con la corrupción y, en cambio, se muestran exultantes por las políticas que están llevando a cabo y que son, en numerosísimas ocasiones, un insulto a la inteligencia.

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