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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

¿El estado de la Nación? Bien mal, gracias

Sergio Brosa
Sergio Brosa
lunes, 18 de mayo de 2009, 06:00 h (CET)
Asistimos atónitos al debate sobre el estado de la nación en el Congreso de Diputados. Y acabamos con las manos en la cabeza y achajuanados por el bochorno producido, mientras sus señorías hacían el ridículo también fuera del Congreso, con sus comentarios sobre la Copa del Rey de Fútbol y las camisetas de los dos equipos finalistas. Si estos son los padres de la patria, mejor estar huérfanos.

En efecto, la ausencia de ideas efectivas, innovadoras y útiles para salir de la crisis en todos los grupos parlamentarios desalienta a los contribuyentes y en nada favorece al necesario clima de optimismo para afrontar la continuidad por el túnel en el que no solamente no se ve la luz al final, sino tampoco los brotes verdes de la Vicepresidenta del Gobierno, Mª Teresa Fernández de la Vega.

Hablar de un nuevo modelo económico o productivo, después de que el propio partido socialista, desde los tiempos de Felipe González y ahora con Rodríguez Zapatero ha estado fomentado la cultura de la propiedad de la vivienda favoreciendo la edificación desmesurada, fuera de medida y control, llegando a representar casi el 20% de toda la economía, pues no ha existido, lamentablemente, una política de vivienda desde el franquismo, es tan absurdo como prometer ordenadores personales a los escolares que en nada van a favorecer la salida de la crisis. Y, entre otras muchas cosas, esta cultura de la propiedad en lugar del alquiler, es ahora un hándicap para la necesaria movilización geográfica de los trabajadores.

Tampoco se entiende muy bien de qué se trata ese nuevo modelo basado en el conocimiento. ¿Qué conocimiento? ¿El conocimiento de quién? El acceso indiscriminado a la educación superior devalúa la excelencia educativa llenando el mercado de mediocres licenciados, olvidando la necesaria formación profesional que tan airosa salida económica daría a muchos profesionales y cubriría ese espacio vacío que ahora ocupan intrusos sin formación ni oficio.

Menos grandilocuencia de ocasión por parte del gobierno y más descender a la realidad. Y la realidad es que la salida de la crisis vendrá de la mano de los de siempre, aunque con los ajustes debidos. ¿Qué nuevos sectores van a relanzar la economía si no son los de siempre? Con ajustes y en algunos casos severos ajustes, pero será el tejido industrial quien creará empleo sostenible por mucho que los sindicatos mayoritarios, tenazmente subvencionados por el gobierno, insistan en que la crisis es culpa de los empresarios. Y son los empresarios, al decir de los sindicatos, quienes aprovechan la crisis para despedir trabajadores de la forma que se están incrementando las cifras de desempleados.

¿No será que la productividad tiene algo que ver en ello? Este país está a la cola de los países desarrollados en cuanto a productividad se refiere. Innegables logros sociales se han conseguido en las últimas décadas pero la productividad no es uno de ellos. No se trata de renunciar a los beneficios sociales habidos, pero ahora se ve que no todo el monte es orégano. La deslocalización tiene su raíz, al igual que en otra época vinieron a España determinadas industrias, en una mano de obra más adecuada a los costes productivos, habida cuenta de una determinada productividad que compense los niveles salariales.

El gobierno sólo piensa en cómo subvencionar a los parados y eso está bien. Pero paralelamente hay que propiciar el empleo y ninguna medida efectiva sale del gobierno en tal dirección.

¿Bajar el impuesto de sociedades? En una época de recesión apenas hay beneficios sobre los que rebajar la carga impositiva, desde un punto de vista global. Hay que facilitar la vida a las empresas y el elevado déficit público que se está produciendo, muy por encima ya del límite establecido por la UE, puede llegar y sobrepasar el 10%.

Y esos niveles en nada beneficiarán el acceso de las empresas al crédito financiero, pues las sucesivas emisiones de deuda pública son asumidas, por las buenas o no, por las entidades financieras que sólo disponen de un euro que o bien lo prestan con garantía estatal a las arcas del Estado o lo emplean en la financiación del tejido empresarial, con un índice teórico mayor de rentabilidad pero que lleva aparejado un grado cada vez más elevado también de incertidumbre en el recobro.

El gobierno debería tomar partido claro por salir de la crisis o intentar perpetuarse en el poder. Que todos sepan a qué atenerse. Pero hablar fatuamente de un cambio de modelo sin dar más ideas y esgrimir que la próxima ley que va a llevarse al Congreso es la del aborto y que las menores de 16 años no precisen ni el permiso paterno, sólo persevera en el ánimo de destrucción de la familia, como la cacareada subvención de emancipación o la píldora postcoital. Desmontados los valores humanos y de la familia, ahora deben legislar para perfeccionar la idea de que papá Estado está ahí para corregir los errores derivados de la ausencia de ética. No se trata de la moral católica ni siquiera la cristiana, pues hay una ética civil que es inherente a todas las personas y es la que les hace distinguir lo bueno de lo malo, con independencia de la idea religiosa que cada uno pueda tener, si es que la tiene.

Pero no hay que desanimarse, pues ideas en el mercado haberlas hay las, por muchas trabas administrativas que se pongan a la creación de nuevas empresas. Y al final, las ideas acaban por llegar a los dirigentes políticos y prevalecen a pesar de ellos. Y esas nuevas ideas que surgen de la sociedad civil, la misma que tiene esos principios éticos que los gobernantes llamados a sí mismos progresistas rechazan por conservadoras, serán las que en las próximas décadas contribuirán sino a un cambio de modelo sí a un amejoramiento del modelo que nos dimos desde mediados del siglo pasado y que ha funcionado a la perfección dando gran prosperidad. Pero que, como todo, necesita ser ajustado y mejorado.

Así que menos hablar de nuevos modelos sin saber decir cuáles son y más atender a las ideas de quienes las tienen que, desde luego, no están en ningún gobierno.

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