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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   memoria histórica   -   Sección:   Opinión

La Memoria Histórica, una ley infumable

Una ley imaginada, propuesta y desarrollada según el criterio y la orientación de Rodríguez Zapatero,
Miguel Massanet
domingo, 8 de mayo de 2016, 12:07 h (CET)
La Memoria Histórica, este panfleto apócrifo que pretende reescribir lo que fueron los acontecimientos que causaron el inicio de la Guerra Civil española y lo que constituyeron sus inmediatos precedentes y marcaron sus consecuencias; enfocados, naturalmente, desde el punto de vista sectario, subjetivo, imparcial y manipulador de quienes han sido encargados de elaborarlo, todos ellos escogidos dentro del colectivo de izquierdistas resabiados, interesados en darle un sentido distinto a aquellos hechos, sin que exista la menor garantía de que los estudios que, pretendidamente, se llevan a cabo se basen en documentos, testimonios, expedientes, inventarios, imágenes y publicaciones constatados, que hagan referencia a aquella campaña, de modo que sean interpretados de acuerdo con la realidad de los acontecimientos sin introducir cambios, alteraciones o coletillas que pudieran llevar a engaño respecto a lo que, verdaderamente, fueron la causas del levantamiento del 18 de Julio de 1936.

Se olvidaron de mencionar a aquellos personajes que intervinieron, por parte del bando republicano, en aquellos hechos; de como fueron los entresijos de aquellas catacumbas de intereses creados, desde donde la masonería, los infiltrados de naciones hostiles, como Francia y la Unión Soviética, y los miembros del gobierno del Frente Popular, maquinaban las tácticas y las argucias para intentar conseguir la derrota del general Franco. Aquellos que no tuvieron inconveniente, para aterrar a los españoles que quedaron retenidos en la zona republicana, de traerse de la Rusia estalinista aquellas macabras oficinas de tortura y exterminio, conocidas como “checas”, uno de los inventos más execrables de la famosa KGB soviética, en las que colaboraron verdaderos especialistas de la tortura y la insania, expertos en toda clase de procedimientos de causar dolor para acabar con la resistencia del más valiente, venidos desde otros países en los que habían demostrado de sobras ser maestros en su “oficio” de exterminadores.

Una ley imaginada, propuesta y desarrollada según el criterio y la orientación de su máximo promotor, el inefable, irrepetible, incompetente gobernante, responsable de gran parte de los problemas por los que está pasando España, el señor J.L. Rodríguez Zapatero, un jefe de gobierno que, con su probada incapacidad, egolatría, fanatismo e ineficacia en tratar los temas de Estado, dirigir los destinos de la nación, relacionarse con el resto de países de la UE y del otro lado del Atlántico logró la “hazaña” de que, en sus dos legislaturas, llevar a nuestra nación a los pies de los caballos virtuales de la gran crisis, la depresión económica, el desempleo, la destrucción masiva de empresas, etc. situando a nuestra nación al borde mismo de la quiebra soberana; aparte de atreverse a lo que, ningún otro gobierno de la democracia, se había atrevido a hacer: dar al traste con nuestra cultura cristiano románica, atacando de forma radical a la institución familiar, la religión, la vida de los nonatos, la moralidad y todo aquello que no estuviera de acuerdo con su concepción relativista y doctrinaria de la política de izquierdas y su fanatismo enfermizo en contra de la derecha a la que, sin miramiento alguno por los millones de votos a los que representaba, condeno al ostracismo mediante un pacto excluyente con el resto de las izquierdas, impidiéndole su labor parlamentaria y sus legítimos derechos a defender sus ideas.

Uno de los más graves errores que se le pueden achacar al actual gobierno del PP, ha sido el no haber dado al traste con semejante bodrio, no haber tenido la valentía, gozando de mayoría absoluta, de haber derogado de la A a la Z todos los bulos, medias verdades, inexactitudes, inventos ( ¿quién nos garantiza que los documentos en los que dicen apoyarse sean auténticos, no hayan sido amañados a su conveniencia o, simplemente, se los hayan sacado de la manga usando el truco de la falsificación de documentos o dando por buenas declaraciones de quienes fueron derrotados en la contienda o de los que se dejaron convencer por ellos?), tergiversaciones y mentiras mediante los cuales cargar las tintas sobre la “crueldad” el régimen del general Franco y hacer aparecer a los dirigentes comunistas y republicanos de aquella época poco menos que como ursulinas descalzas, algo que sería difícil de creer sólo atendiendo a con los testimonios escritos y gráficos de aquellas ejecuciones sumarias, sin juicio, las del tiro en la nuca o previa tortura, de los 6.000 religiosos y religiosas que se calcula que fueron asesinados durante la II República.

Seria interesante averiguar si en esta famosa Memoria Histórica se habla de cómo, gracias a Franco, se impidió que el comunismo bolchevique se apoderara de España, o se evitó entrar en la II Guerra Mundial. Deberían explicar lo sucedido en aquellas sacas de las cárceles madrileñas, supervisadas por S.Carrillo, y por qué acabaran en viles asesinatos de miles de presos de derechas, republicanos disconformes con aquello métodos y la multitud de personas fusiladas por el mero hecho no opinar como sus verdugos. ¿Han tenido en cuenta, estos rastreadores de sepulcros o fosas comunes de los muertos republicanos en el frente o fusilados por los “nacionales”, la posibilidad de que aquellos “represaliados” por las tropas de Franco hubieran sido, a su vez, los causantes o colaboradores de los crímenes que se cometieron durante la preguerra o en el transcurso de ella por sus antecesores del bando republicano, a los que andan buscando?

Sindicatos como la FAI, la CNT, ERC, el PCE, las Juventudes Socialistas, las Brigadas del Amanecer etc. se hicieron dueños de las calles de las grandes ciudades y los pueblos, asaltando con plena impunidad los domicilios particulares para robar, asesinar, violar y llevarse a las checas a ciudadanos por el mero hecho de ser personas con dinero, ser católicos, empresarios o clérigos. Muchos de ellos fueron los primeros en huir y refugiarse en los campos de concentración franceses o, los que tuvieron más suerte, se embarcaron hacia “las américas”, especialmente hacia México, con los bolsillos repletos de oro y las joyas que habían saqueado a aquellos a los que ajusticiaron en nombre de, no se sabe bien de qué tipo de justicia social. ¿Alguien ha pensado en lo que pensarán aquellos descendientes de los que fueron martirizados, encerrados y asesinados sin otro motivo que el robo o la venganza, cuando vean la cantidad de dinero que se está gastando el Estado en una búsqueda, con pocas posibilidades de éxito, de cadáveres supuestamente víctimas de la “represión franquista” que, a la vez, pudieran haber sido los ejecutores de sus familiares?

Si hay algo que tenga menos razón de ser, menos oportuno, más inútil –si, actualmente, ya viene justo que los familiares más cercanos se hagan cargo de sus mayores; si la mayoría de familias, cuando les estorban, ingresan a sus padres o abuelos en geriátricos y se desentienden de ellos; piensen en el “amor” que tendrán los tataranietos de aquellos muertos de la guerra, para insistir tan tercamente en recobrar sus cenizas con las que, en el mejor de los casos, no sabrán lo que habrán de hacer –, que el convertir la búsqueda de los fallecidos o desaparecidos ( muchos desaparecieron voluntariamente sin dejar rastro, aprovechando la oportunidad que les brindaba la desbandada hacia Francia, para iniciar una nueva vida lejos de sus familiares).en una especie de cruzada reivindicativa a modo de venganza contra los descendientes de aquellos que salieron vencedores en aquella contienda. No tiene razón de ser, no hace más que resucitar viejos odios y rencores, no tiene el más mínimo fin práctico y entraña el peligro de que, si las cosas se tensan demasiado, como parece que ya está empezando a suceder en esta España de hoy, se caiga en la tentación de no `permitir que la izquierda se sobrepase, se erija en la justicia con derecho a juzgar y condenar a los que no piensan como ellos y pretendan, como ya se empieza a notar en ciudades donde los comunistas llevan la batuta, como Barcelona y Madrid, imponer sus propias leyes a los ciudadanos, apelen a la justicia popular olvidándose de que existen leyes, acaparadas por la Constitución que no pueden ser modificadas por quienes no tienen atribuciones para hacerlo.

Se quejan los separatistas de que el TC les vaya tumbando la mayoría de leyes que promulga el Parlamento catalán; pero se olvidan que, todas ellas, tienen el vicio de haberse promulgado de forma ilegal, en contra del ordenamiento jurídico español y suerte tienen los que lo vulneran que, como ocurriría en cualquier otro país de occidente, los culpables de tales incumplimiento no hayan dado con sus huesos en la cárcel como, por cierto, les ocurrió a Companys y Macía que, si nos apuran, en sus declaraciones de independencia de Cataluña nunca se atrevieron a pretender salirse de la tutela del Estado español cuando, en su declaración independentista, finalizaron con la frase: “ dentro de la República del Estado español” O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie lamentamos que, en pleno siglo XXI, todavía los haya que pretendan resucitar rencores de hace más de 75 años. Es lamentable y, además, muy peligroso.
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