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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Reforma de las pensiones

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
domingo, 17 de mayo de 2009, 08:12 h (CET)
Juegan con la población como si fuera una pelota de ping-pong. Tanto el Gobierno de Rodríguez, como la oposición, han perdido el respeto hacia los jubilados y, en general, hacia sus votantes, si es que alguna vez lo tuvieron. Saben que las elecciones generales están lejos y se sienten con el derecho a dar y a quitar, creyéndose dioses dentro de su miseria. Y bajo era escurridiza boina de las pensiones hablan de reformar las pensiones, al amparo de opiniones interesadas y no siempre contrastadas.

Han olvidado muchas de sus promesas. Como políticos huidizos, no quieren que se les moleste, ni en sus vidas ni en sus despachos. “El ciudadano que vote cada cuatro años y calle”, como decía un poco afortunado procurador y consejero castellano-leonés del Gobierno de Herrera Campo. Pasadas las elecciones generales se dedican a atacar las pensiones o, lo que es lo mismo, a buscar fórmulas para reformarlas, que es un eufemismo de lo que realmente pretenden; es decir, recortarlas; pero con un agravante: siguen negándolo, mientras dan con la ‘afortunada’ fórmula en la que poder apoyarse.

Durante las campañas electorales han dedicado gran parte del tiempo a ‘defender’ las pensiones, pero llegado el momento parecen acostarse en la misma cama, revolcarse interesadamente y pensar en la forma de rebajar las mismas, procurando que se note lo menos posible. Eso es lo que están negociando el partido del Gobierno y el Partido Popular. Parece como si no tuvieran padres, madres u otros familiares a quienes pudiera afectar semejante barbaridad.

Es a eso a lo que conduce la reforma de las pensiones. Alguien tiene que poner freno a esa brutalidad. Si es cierto eso de que “a la calle no hay quien la calle”, pues…. ¡habrá que tomar la calle! Y lo deseable es que lo hiciera la ciudadanía, manteniéndose al margen el mundo sindical, que tanto daño social y económico lleva haciendo durante estas dos últimas legislaturas.

Muchas veces, cuando oímos hablar de las pensiones a nuestros políticos, se nos ponen los pelos de punta, como a Filopat y Patafil. La confusión de conceptos entre nuestros políticos parece lo más habitual, lo cual también nos preocupa sobremanera. A veces se convierten en fanáticos de la estupidez y en seguidores de la insensatez. Y cuando eso sucede, ya se sabe. Decía, y no sin razón, Fernando Arrabal, que “los fanatismos que más debemos temer son aquellos que pueden confundirse con la tolerancia”.

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