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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Zapatero resiste aunque España pierda

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 17 de mayo de 2009, 08:11 h (CET)
Yo no sé si será cierto o será fruto de la habitual manipulación de muchas encuestas, pero he podido leer en un medio que el señor ZP ganó el debate de la Nación por 23 puntos. Lo que sí es evidente es que, el señor Presidente, continúa teniendo drogada a una gran parte de la ciudadanía como lo prueba que, a estas alturas, con la que nos está cayendo encima y cuatro millones de parados, todavía sea capaz de convencer a la ciudadanía de que lo hace de maravilla y que esta tormenta sólo es la típica de verano que se soluciona con cuatro truenos y algunos rayos que duran apenas unos minutos y que luego escampa y el paisaje se ilumina esplendoroso con los rayos del rey Sol. Y uno se podría hacer cruces de que ello sucediera, se podría creer que estamos en un país de iluminados o de ciegos y que el señor Zapatero era el tuerto que nos gobernaba. Pero, señores, todo tiene su explicación y no debemos de olvidarnos que, por lo general, el pueblo se mueve por dos fuerzas que, en el caso de los españoles, por nuestra especial idiosincrasia, se pueden concretar en el “ande yo caliente” y en la enorme facultad de trasmitir de familia en familia, de padres a hijos y de generación en generación aquellos agravios, supuestos o verdaderos, tal como ocurrieron o tergiversados, siempre con rencor y magnificados. Sólo así podemos entender que, a los setenta años de la Guerra Civil, se siga hablando de ella como si los sucesos que dieron lugar a que estallara hubieran ocurrido sólo hace un año y la sangre vertida por ambos contendientes todavía brillara, roja y fresca, sobre las adoquinadas calles de cualquier villa de la vieja España.

En cualquier otro país el desempleo es una desgracia, es motivo de pesares familiares, de desespero, de reiterados esfuerzos para conseguir un nuevo trabajo, una ocupación para intentar recobrar la normalidad y lograr un medio de vida que garantice la vuelta al sosiego doméstico. En España, señores, las cosas funcionan con otros parámetros muy distintos. Aquí lo que “mola” es el PER de Andalucía porque, no se trata de esforzarse en trabajar, ¡ni hablar! Aquí lo que se busca es trabajar lo mínimo, cobrar lo suficiente y disfrutar del ocio el mayor tiempo posible; incluso en el “tajo”– esta palabra que tanto les gusta utilizar a los líderes sindicales, que nunca lo han probado y que hablan de él sólo por referencias, pero que le temen más que las ovejas al lobo – el que se esfuerza demasiado, aquel que suda el sobaco en la tarea es mal visto por el resto de sus compañeros de trabajo y debe sufrir que lo llamen esquirol o besaculos sólo por tener el atrevimiento de poner en evidencia al resto de “honrados trabajadores”. No debería, puesk extrañarnos que, con cuatro millones de parados nadie haya movido un dedo para protestar y, los pocos que lo han hecho, haya sido a desgana, sin mucho entusiasmo y en las comunidades gobernadas por el PP que, curiosamente, no son las que mayor desempleo registran.

¿Ustedes creen que estos que cogen la bicicleta para salir con los amigos a recorrer kilómetros o los que dejan transcurrir las horas muertas, hasta la hora de ir a comer, gastando los fondillos de los pantalones sentados en los bares, jugando a mus o arreglando España a grito pelado, estos parados que cobran su subsidio religiosamente y gozan de unas vacaciones extras, van a protestar para que a alguien se le pudiera ocurrirle darles trabajo? ¡qué va! Si salen a la calle es para que les alarguen el tiempo de desempleo, para conseguir más tiempo de subsidio o que les aumentan las ayudas estatales para cambiarse de coche porque, el que tienen, ya está pasado de moda y hay que renovarlo, porque eso sí, el ir en coche es una conquista social y el señor Zapatero dice que nunca va a consentir que se pierdan. Ustedes, por causalidad, ¿han visto que, alguna vez, haya prosperado alguna propuesta para que estos que están en paro puedan dedicarse a hacer trabajos para la comunidad? ¡nunca en la vida!, ¡vade retro Satanás! ¡Lagarto, lagarto! Porque el paro, señores, es una conquista social y el trabajo, ya lo dijo Dios, un castigo divino. Si ustedes quieren poner nervioso a un político vayan y le hagan una propuesta en este sentido, verán ustedes la cara que les pone el representante del pueblo que, sin más opción, los enviará a espigar cebollinos, porque la idea es buena pero ¿quién es el valiente que le pone el cascabel al gato?

He dicho que había dos fuerzas que movían a los españoles, me equivoqué, porque allí donde se hermana los tirios con los troyanos, romanos con cartagineses o rojos y falangistas es, sin duda, en el campo de fútbol. Antes, hace años, se sustituía el moderno estadio por las plazas de toros, pero esto ya va de capa caída. El fútbol tiene la ventaja de que, aquellos que no pueden gastarse el importe de las entradas se puedan sentar tranquilamente en un bar, pidan un tinto, y se apoltronen tan ricamente para ver, en el televisor, los trances, que no lances, del juego. De inmediato, su sentido de equipo les hace detectar quienes son de su color y cuales sus adversarios deportivos, con independencia de si son de derechas o izquierdas porque, cuando se trata de dar patadas al balón, estas pequeñeces no importan y se dejan para cuando vayan al trabajo donde, si se tercia, se lanzarán tuercas los unos a los otros. Y todo esto, el sagaz señor Zapatero, lo conoce muy bien y sabe, como ninguno, manejar los hilos para mover las marionetas en el sentido que a él le conviene. Unta a los sindicatos con millones de euros para que no se le solivianten, sacará dinero de debajo de las rocas para pagar el desempleo, dure lo que dure; dirá las veces si fuere necesario que “las conquistas sociales de los obreros ¡nunca se perderán!” porque esto le gusta a la clientela y se trata de resistir.

Para parar a Rajoy le basta sacar la guerra de Irak, airear a través de El País y la TVE las supuestas tramas de corrupción en el PP y decir que, los brotes verdes de la recuperación económica, están al caer; para evitar que aquellos que pudieran empezar a pensar que se les ha engañado, cambien el sentido de su voto porque, ¡eso sí!, se trata de conseguir llegar, como sea, a la fecha de las próximas legislativas en condiciones de lanzar la batalla final, con el PP desahuciado y Rajoy babeando por conseguir, una vez más, ser el jefe de la Oposición. Un plan genial. Tres millones de funcionarios, a los que Elena Salgado les ha aumentado un 4% sus sueldos – ¿Pero, por qué, si el coste de vida está por los suelos?– que, por la cuenta que les trae, le van a votar a él; la farándula en pleno, con la SGAE al retortero por las subvenciones que reciben; los progres, homosexuales y lesbianas, porque nunca encontrarán en ningún país mejor acomodo; los resentidos de la Guerra Civil porque jamás perdonarán a la derecha haberles ganado la guerra; los nacionalistas porque en la vida hubieran soñado conseguir lo que le han chantajeado a Zapatero, a cambio de su ayuda. Y siendo así, ¿todavía nos extraña que se sostenga en las encuestas? Me temo, señores, que los errores de la derecha, el sometimiento de sus bases a una dirección, evidentemente, incapaz de hacer de oposición y el liderazgo de un hombre quemado como un tizón, el señor Rajoy, han dado al traste con aquel partido que el señor Aznar supo llevar al poder. Lo siento, pero me temo que, para el actual el PP, como decía Julio César, “alea iacta est”.

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