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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Riesgos del desánimo

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 17 de mayo de 2009, 08:09 h (CET)
Para los seres pensantes son esenciales las ganas, las motivaciones y las energías reactivas; suficientes o no, pero necesarias para entrar al trapo de las circunstancias vitales. Para circular por los trajines diarios son imprescindibles esos impulsos; sino de qué, a buenas horas tanto exprimirse el caletre. A poco que nos apercibamos de ello, surge la INTUICIÓN precoz de unas andanzas deslavazadas si faltaran aquellos ánimos vitales; acabaríamos en un aplanamiento y abandonismo colectivos. El mero instinto ya apunta a una reacción vivaz. El conocimiento progresivo supone un complemento importante y un acicate para el desarrollo de cada persona.

¿Cuáles serán las repercusiones reales cuando predomine el ánimo escaso? Una de las primeras conclusiones estriba en la difícil MEDICIÓN de desánimo, después vendrá el análisis de las posibles consecuencias. En diferentes estudios, casi todos en el ámbito estadounidense, se apuntan complicaciones en lo referente a la salud de dichos sujetos, más enfermedades, peor seguimiento de sus tratamientos; por lo tanto, serios padecimientos derivados de esa actitud psíquica venida a menos. Ante lo heterogéneo del panorama, los matices peculiares de cada persona, sus síntomas, como sus preocupaciones; se agradecerán los estudios dirigidos al mejor conocimiento de dichos factores, la primera ayuda verdadera para estas situaciones.

Aprovecho un estudio reciente, efectuado por investigadores de ciencias de la salud en la Clínica Mayo, para acercarnos a ese tipo de actitudes ante la vida y sus efectos. Además, el trabajo se centra en una de las secuelas, grave e importante, nada menos que la MORTALIDAD de quienes arrastran esa actitud desanimada durante años, según el grado de afectación. A tal efecto, engloban en el estudio a los considerados pesimistas, ansiosos, depresivos, y a un grupo mixto, entrelazado con los caracteres de los tres grupos referidos. ¿Mueren antes? ¿Condiciona su actitud la aparición de las complicaciones? Me referiré sobretodo a los resultados y no tanto al comentario de los detalles técnicos del procedimiento.

En cuanto al primer grupo de los PESIMISTAS, catalogados así según los criterios habituales de la Clínica Mayo; desde los leves a los muy afectados, poco o muy pesimistas. De tanto circunscribirse a la postura negativa, se disparan las consecuencias, no se quedan en lo anecdótico de la botella medio vacia. Las cifras nos descubren una disminución de la supervivencia entre los detentadores de estos sentimientos. El riesgo oscila entre un 10% y un 30%. Los hombres tienden a la mayor mortalidad cuando son muy pesimistas, en los grados menos afectados. Vistas por separado, en las mujeres, el riesgo se incrementa por igual en los grados medios o leves, como en los intensos. En conjunto, estamos ante unos riesgos significativos.

Los resultados obtenidos con los grupos de ANSIOSOS y DEPRESIVOS, muestran algunas diferencias con respecto a los anteriores. En cambio, no se detectan variaciones significativas entre hombre y mujeres. Tampoco parecen relacionarse con los fallecimientos los grados más leves de ansiedad o depresión. Sin embargo, los sujetos con fuertes índices de afectación, acaban mostrando un riesgo de mortalidad superior, un incremento en torno al 20%. Si el trastorno subsiste, cada año se va desgranando un pequeño número de esas bajas; desde los primeros 2-3 años del diagnóstico se manifiestan esos aumentos. Es evidente que los tratamientos repercutirán. Así mismo, no todos los casos con estas afecciones persisten con la misma duración.

No obstante, en los comentarios publicados, vienen a decir que es suficiente el diagnóstico de este tipo de personalidad, a veces en personas jóvenes; para entrar en la previsiones de riesgo citadas, aparte de la evolución posterior. Pienso que la EDAD y la DURACIÓN han de influir necesariamente, pero los consideran elementos complementarios, independientes de lo valorado. En este trabajo se valoran aspectos concretos, pero la totalidad es inalcanzable. Se avanza con unos datos, mientras se escapan muchas otras orientaciones.

La tendencia general de los resultados ofrece pocas dudas, aunque como comentaba, nunca se agotan todos los términos en un estudio de estas características. Según como se recojan los casos, la forma de seguirlos, etc.; se aprecian MODIFICACIONES sensibles en los resultados. Como ejemplo de esto, en otro trabajo similar se centraron en depresivos y pesimistas de avanzada edad, sólo en ese grupo; curiosamente se apreció una menor mortalidad. Este hallazgo nos retrotrae al dicho popular de “mujer enferma, mujer eterna” trasladado a estos enfermos. Quizá por unos cuidados más meticulosos, o por un aumento de las quejas, provocadoras de una mayor atención.

Una vez visos estos resultados, todavía quedarían por resolver los MECANISMOS, a través de los cuales se originan. Si se trata de simples asociaciones, si nos encontramos ante una causa y su efecto directo. La confluencia de muchos factores no facilita las explicaciones; con frecuencia son múltiples y los desconocimientos abundantes. Para lo tratado hoy se apuntan 4 líneas de posibles mecanismos:

Una. Centrada en la mera causalidad BIOLÓGICA. Desde la genética y las funciones adquiridas por el organismo, metabolismo, características de cada órgano o anomalías presentes. En cierto modo, los factores depresivos y la mortalidad, derivarían del funcionamiento orgánico heredado o adquirido. Coincidirían a la vez, no sería el desánimo la causa de la menor supervivencia.

Dos. Las características de la personalidad negativista repercuten de lleno en las conductas y en el FUNCIONAMIENTO del cuerpo, dietas, ejercicio, tensiones vividas, relaciones con otras personas; todo ello desencadena unas maneras peculiares de respuesta en sus organismos.

Tres. Precisamente, esas actitudes de tan escaso empuje y desinterés, contribuyen también a disminuir la consideración por uno mismo y su propio cuerpo. Atienden con menos solicitud a las precauciones, las curas y tratamientos, los síntomas de cualquier proceso. DESCUIDADOS con su salud.

Y cuatro. Como una amplicación de lo anterior, tampoco utilizan con prontitud los recursos que su ámbito social pone a su disposición. DESDEÑAN las ayudas del sitema. Domina la abulia sobre las utilidades.

Sin ánimo de ser exhaustivos, eso no lo permiten los estudios habituales; las investigaciones como la comentada en los párrafos anteriores, contribuyen al estímulo, a la reactivación mental necesaria, puesto que nos debatimos en una adaptación permanente. La tranquilidad estable o la pasividad no son propias de este mundo. Acojámonos a ese ESTÍMULO permanente.

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