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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

De sal a piedra

Manuel Villena (Granada)
Redacción
sábado, 16 de mayo de 2009, 10:47 h (CET)
Soy el padre de Vanesa, recordará que hace dos días me envió, para que cumplimentase, un impreso donde se me exigía la autorización para poder vacunar a mi hija del tétanos. También tendrá fresca en la memoria la indispensable autorización para ir de excursión a Córdoba. Podría seguir enumerando gran cantidad de autorizaciones exigidas, pero por no extenderme en demasía con ambos ejemplos bastará para comprender el sentido de mi escrito.

Le ruego deje de pedirme más autorizaciones ñoñas que, en los tiempos que corren, carecen de sentido.

Mi hija, a pesar de ser menor, puede asistir al botellódromo e ingerir cuanto alcohol y otras sustancias deseé, pues allí el control brilla por su ausencia. Sabido es de todos que Granada es la ciudad española donde un menor puede obtener alcohol sin el menor obstáculo.

Dentro de poco mi Vanesa podrá adquirir y tomar cuantas “pastillas del día después” desee sin nuestro conocimiento y sin el más mínimo control médico. Si fallase la píldora en cuestión podrá abortar sin que su madre y yo mismo tengamos noticias de tan trascendental trance.

Por todo lo expuesto ¿no cree, Sr. Director, que sus exigencias están trasnochadas y está haciendo el ridículo? Le aconsejo que se actualice y rompa las cadenas de tanta opresión a los jóvenes.

Mas todo lo anterior no quiere decir que olvide sus deberes de velar por la integridad física y moral de mi hija mientras permanece en el centro escolar, pues si por incidente o accidente mi Vanesa sufriese alguna lesión física o moral o le llegasen a suspender injustamente ocasionándole algún trauma no me temblará el pulso en exigir responsabilidades por su posible negligencia.

PD: Cierto personaje bíblico quedó hecha una estatua de sal, yo me estoy quedando de piedra.

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