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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El debate del 'tú la llevas'

Pilar Izquierdo y Julio Ortega
Redacción
sábado, 16 de mayo de 2009, 10:46 h (CET)
¿Quién dijo que es necesaria una formación específica para ejercer de político de primera fila, de esos que ocupan cargos de gran responsabilidad?. Los hechos demuestran que "lo que Salamanca no da los votos no lo otorgan" y perdonen Uds. por el plagio transgresor.

El Sr. Zapatero se ha revelado como un ATS hiperactivo: una tirita por aquí, otra tirita por allá y el enfermo (los ciudadanos), pasa de inmediato al estado de "preparado para el alta", un diagnóstico que queda muy bien para ser emitido como parte médico oficial, y lo que es la deontología profesional ya la dejaremos para otra ocasión.

El Sr. Rajoy es, sin embargo, una especie de bacteriólogo, obsesionado con el desarrollo del caldo de cultivo donde proliferan los microorganismos que han infectado al paciente (los mismos ciudadanos de antes), y que lejos de buscar un tratamiento adecuado lo que hace es preservar los bacilos que lo infectan y criticar las poco efectivas curas de urgencia realizadas por el sanitario.

El cuerpo de la sociedad es un rosario de pústulas, sanguinolentas y purulentas y nuestro Presidente sin inmutarse, colocando apósitos para tapar la hemorragia aunque todas las heridas se cierren en falso. Suena a una cuestión de estética pre-electoral.

El líder de la oposición apelando a las emociones de los más desfavorecidos como método de propaganda para su ideario político, pero claro, cuando dice que este Gobierno ha machacado al obrero, al pequeño comerciante y al empresario modesto, lo que no cuenta es que el Sistema que él propugna favorece a los que están en lo más alto y que es la causa principal de la indefensión y de la miseria de los de abajo.

El primero quiere “nadar y guardar la ropa”, sometido como está al peso de dos siglas convertidas en entelequia: la “S” (Socialista) y la “O” (Obrero), pero sujeto realmente a intereses que tienen poco de colectivos y de proletarios. El segundo utiliza la situación precaria del hombre de la calle como arma y disfraza esta estrategia de actitud solidaria, cuando la realidad es que todas las medidas que defiende, están orientadas a perpetuar un capitalismo feroz y origen de tanta injusticia y desigualdad.

Nos hemos enterado durante el debate que los socialistas tienen graves problemas de lectoescritura y que los populares, son los eternos segundones en la lucha por el poder debido a su incapacidad manifiesta. Aireados los trapos sucios de cada uno y una vez comprobada su retórica bífida, ¿tendrán algo que proponer estos señores que realmente sirva no de entretenimiento a la población, sino de remedio efectivo y definitivo a la tragedia que estamos viviendo?.

Que disfruten de tantas prebendas y de sueldos inalcanzables para los mortales de a pie ya no llama la atención, pero que se les siga otorgando la confianza que demuestran los resultados electorales sí que es sorprendente. Y qué no salimos de este juego de dos, viendo como se pasan el poder de uno a otro - a veces lo comparten, como en Euskadi – mientras a nosotros, los cándidos espectadores, se nos hunde el graderío y nuestras contusiones son cada día más graves y dolorosas.

Y encima de que somos las eternas víctimas, tenemos la desgracia de ser atendidos por tales “profesionales de la curandería”, con lo que nuestro restablecimiento parece de momento inalcanzable y aún con politraumatismos, continuamos siendo castigados por sus malas artes maquilladas como interés, preocupación, proyectos y esperanzas. Lo más ridículo es que cuando nos toque renovar el médico, volveremos a pedir que nos den a uno de estos dos, que ya se encargan, por cierto, de recordarnos que son los únicos posibles y capaces. Para eso, para denostar a los demás, sí que se ponen de acuerdo.

Desconocemos si saben leer o si son capaces de ganar unas elecciones, pero de lo que estamos seguros es de que no saben gobernar para los ciudadanos comunes; no hablamos de banqueros, ni de grandes empresarios, tampoco de gerifaltes religiosos o de sus colegas de profesión europeos, sino de mujeres y hombres que cada día, salimos a la calle mendigando un trabajo, devanándonos los sesos para buscar un modo de pagar los recibos pendientes y estirando los alimentos para que no llegue el momento en el que nos encontremos que lo único que nos queda para llevarnos a la boca, son las fotos sonrientes de campaña de los que nos prometían bienestar y justicia social.

Ahora el debate se centrará en quién ha ganado de los dos después de estas intervenciones parlamentarias. Cada grupo arropará a su secretario general y le proclamará vencedor, echando toda la tierra posible sobre su adversario. ¿Pero son efectivamente contrincantes?, ¿los cruces de acusaciones se corresponden con la realidad política o mejor dicho, con el asalto al poder?. ¿Cómo se puede elegir de compañero de gobierno en alguna Comunidad, a quien se piensa que es un analfabeto funcional o a aquel que se dice que posee un espíritu destructivo?. Señores, no sabemos si su vocación es la medicina ambulatoria o las artes escénicas, pero cualquier cosa menos políticos cabales, capaces y creíbles.

Y en las próximas elecciones posiblemente podríamos optar por un ahorro de papel considerable dejando de imprimir todas las papeletas excepto las del PSOE y las del PP, ya que los votantes seguimos con un pie metido en cada uno de esos dos charcos, cargando unas veces sobre el derecho y otras sobre el del centro, pero no nos atrevemos a pisar más allá, tal vez porque los facultativos actores, son también unos excelentes parladores y nos hemos creído su discurso, ese que dice que “o ellos o el caos”.

Poca valentía, mucho conformismo y quizás unas buenas dosis de ignorancia; esa es nuestra impresión; de otro modo es difícil de asumir que sigamos sin comprender que la enfermedad no se cura con un poco de gasa y esparadrapo, y mucho menos aportando nutrientes para que las células causantes del mal se multipliquen a su gusto. Esta gala que hacemos como electores de nuestras limitaciones, deja patente una considerable incultura política, además de un notable desconocimiento de la historia y sobre todo, de un gran miedo a transformaciones profundas y tan necesarias. Legislatura tras legislatura, millones de ciudadanos expresan su descontento, ejercen el voto de castigo pero al final, en este “tú la llevas” participan indefectiblemente los mismos, los dos de siempre, porque nosotros lo permitimos.

Da igual quién haya ganado el debate, una vez más lo hemos perdido todos los ciudadanos, que no comemos ni alcanzamos un merecido bienestar universal con una dialéctica de invectivas, ni tampoco con acuerdos de gobierno por conveniencia entre los que, en definitiva, no dejan de ser los que apuntalan este Sistema que nos está ahorcando mientras les ponemos la soga en sus manos.

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