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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Cataluña   -   Sección:   Opinión

Puigdemont ridiculizado en Europa y el desideratum político catalán

“Nuestro ridículo defecto nacional es no tener mayor enemigo de nuestro éxito y de nuestra gloria que nosotros mismos” Napoleón Bonaparte
Miguel Massanet
viernes, 6 de mayo de 2016, 08:27 h (CET)
Este personaje que parece salido de la más pura cultura del romanticismo novecentista, que fue designado para suplir a Artur Mas en el cargo de presidente de la Generalitat, de apariencia apacible, retraída, de un estudiado look byroniano, con su pelo liso caído a ambos lados de la cara y correctamente vestido (al menos cuando se trata de acudir a actos oficiales), sin duda no es lo que aparenta ni conviene dejarse engañar por su apariencia pacífica y su corrección en el trato. Detrás de este aspecto un tanto retro del señor Puigdemont se esconde, posiblemente, uno de los más fanáticos y radicales defensores de la independencia de la región catalana y uno de los más intransigentes protagonistas del desafío del Parlamento catalán, directamente enfocado a la desobediencia de las leyes españolas y a la creación de un estado catalán; para cuyo cometido ya tienen constituidas las correspondientes comisiones de estudios, unas para la promoción de la lengua catalana, las otras para la preparación de una constitución para la futura nación catalana y las otras para crear la estructura precisa para la puesta en marcha de un gobierno catalán, en su momento oportuno, cuando decidan dar el próximo paso de la ruptura definitiva con el Estado español.

Lo que sucede es que, en su afán de aprovechar la circunstancia de que el Estado español está pasando por un periodo de inestabilidad política, de elecciones, de compromisos frustrados y de situación transitoria; para avanzar en su proceso independentista, no se han parado a considerar las consecuencias de sus actos, lo que la CE piensa de los independentismos de pequeños corpúsculos nacionalistas, ni se han molestado en consultar la legislación comunitaria, que deja claro que: cualquier país que se independice de un miembro de la UE quedará automáticamente fuera de ella; desprovisto de cualquier clase de subvención que, anteriormente, recibiera y sin posibilidad de recibir ayudas, préstamos o créditos del BCE, del FMI y del BIE, aparte de quedar fuera del tratado Schengen y de verse obligado a pagar las correspondientes tasas o aranceles en su comercio con Europa y el resto de los países del mundo.

Una vez más y pretendiendo emular al señor Mas, que también lo intentó en varias ocasiones, se ha desplazado en “viaje oficial” con la intención de ser recibido por los mandatarios de los distintos países europeos de la UE. No sabemos si impulsado por su propio ego o por la creencia de que su labia le abriría las puertas que se les han cerrado anteriormente a todos los que han intentado romper la unidad de todas las naciones, en este aspecto, tan importante, de la legislación europea; lo cierto es que, el fracaso de su intentona ha sido sonado, público y humillante, al no haber conseguido entrevistarse ni con uno solo de los personajes europeos, debiendo conformarse con ser recibido por un jefe de un puerto que lo llevó a pasear en una gabarra, mientras se lamentaba de su propia estupidez al no haber previsto algo que estaba cantado que sucedería. Volver a Cataluña con el rabo entre piernas y ante la hilaridad colectiva no debe de haber sido plato de buen gusto para don Carles y su corte de asesores.

En realidad, para los que residimos en esta tierra catalana, nos resulta incomprensible como desde el resto de España se siga manteniendo esta política de condescendencia, de mirar hacia otro lado, de permitir que cada día se cometan más infracciones legales y que el tema catalán sea un tema tabú convertido, de la noche a la mañana, en un moneda de cambio para que los partidos nacionales, que aspiran al gobierno de España, puedan chantajearse mutuamente apoyando o dejando de apoyar el famoso referendo por el “derecho a decidir” como si las resoluciones del TC no tuvieran efecto y se pudiera decidir libremente sobre un tema que ya ha sido sancionado por nuestro máximo tribunal.

Aquí, la alcaldesa señora Colau, la que dijo que “si las leyes no me parecen bien no las cumpliremos”, ha decidido convertirse en legisladora y se dedica a poner en marcha sus propias leyes que coartan y condiciona la vida ciudadana, unilateralmente, asumiendo competencias que no tiene, estableciendo moratorias que afectan a todo el turismo; permitiendo que manteros sin licencia y sin pagar impuestos ocupen, sin oposición alguna y ante la pasividad de las fuerzas del orden, las calles y las plazas, perjudicando con sus ventas ilegales a los comerciantes que han cumplido con todos los requisitos para abrir sus comercios; de la misma manera y con idéntica desfachatez está chantajeando a bancos e inmobiliarias para que les cedan los pisos vacíos de su propiedad para darlos en alquiler, naturalmente del tipo “social” o sea mínimo. Su última idea ha sido licenciar a los efectivos de la policía antidisturbios, porque la CUP se lo ha pedido. No le arredra que, como ya ha sucedido en Girona, un juez haya dictado la primera sentencia contra una sanción del ayuntamiento, impuesta a una entidad que se negó a pagar la multa por no alquilar un piso desocupado. Vendrán muchas más pero, entre tanto, la ley del oeste se está imponiendo en toda Cataluña, sin tener en cuenta que el derecho de propiedad está determinado en nuestra Carta Magna y que, sólo mediante el procedimiento expropiatorio adecuado y pagando la correspondiente indemnización, se le puede despojar a un propietario de su propiedad.

Todas las leyes que el nuevo Parlamento catalán ha dictado han debido de ser recurridas por el Gobierno de la nación ante el TC, ya que ninguna de ellas se ajusta a las facultades que le corresponden y muchas son diametralmente opuestas a lo dispuesto en nuestra Constitución. Lo curioso es que todos los separatistas, los culpables de incumplir las leyes, se quejan de que el Estado recurra al TC para que se declare la ilegalidad de lo que, para ellos es legítimo empleando el débil argumento de que tienen el respaldo de la ciudadanía catalana. Se olvidan de que, cuando pretendieron darle un carácter plebiscitario a las elecciones autonómicas del 27 de Septiembre del 2015, se encontraron que más del 51% de los votaron a partidos constitucionalistas y un 48 y pico a los favorables a la independencia. Cuando se dieron cuenta del fracaso quisieron vender que tenían mayoría absoluta en el Parlamento catalán, algo que no se puede argumentar ya que, el procedimiento de las elecciones y la ley D’0nt, no tienen nada que ver con un referendo en el que lo que cuenta es el número de votos a favor y el de los en contra, con abstenciones y votos nulos. En todo caso, la consulta nunca sería sólo para los catalanes sino convocada por el Parlamento nacional y para todos los españoles

Pero, mientras tanto, siguen comprando con subvenciones, tanto a los periódicos afines como son: La Vanguardia, El Avui, el Correo etc. así como, y aquí nos gustaría que el Obispado de Cataluña diera una explicación satisfactoria, se les siguen dando apoyos a las agrupaciones, centros, organizaciones y editoriales del “separatismo católico”, en cuyo grupo, por incomprensible que nos pueda parecer a los que suponíamos que la iglesia no distinguía por nacionalismos o ideas políticas, militan un gran número de sacerdotes católicos que son seguidores y fanáticos del independentismo catalán. A la cabeza de estos grupos, como era de prever, está el Monasterio de Montserrat, convertido, por desgracia y en demérito de su representación como centro religioso de toda Cataluña, en la cabeza visible del independentismo catalán. Las publicaciones de la Abadía reciben, como mínimo, más de 3.000 euros por publicación; la Fundación Blanquerna recibe más de 16.000 euros; la fundación Missatge Humà i Cristià de Barcelona y Radio Estel dependiendo del episcopado recibe 20.175 por un programa religioso y su proyección en Cataluña Cristiana de rebote percibe otros 14.000; el Diari de Girona otros 7.500 euros por una página de información religiosa. Todos ellos defensores acérrimos y conocidos de las tesis independentistas catalanas. Sería imposible, por cuestión de espacio, citar a los numerosos beneficiarios de la Generalitat que, no obstante, no dispone de dinero para pagar a las farmacias las medicinas o cubrir las plazas de médicos que hacen falta en la Sanidad pública.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos es imposible entender como, desde los partidos nacionales, desde partidos como el PSOE o el PP se permite que la situación catalana se vaya degradando, se avance cada día en la propaganda separatista sin objeción alguna por parte de las autoridades. Tanto la alcaldía como la misma Generalitat siguen actuando poniéndose las leyes por montera sin que, en el Parlamento español, se tome medida alguna para poner en marcha los mecanismos constitucionales previstos claramente para evitar que, estas actuaciones secesionistas, puedan continuar produciéndose sin que haya nadie que aplique la ley para impedir que sigan proliferando. ¡Es una verdadera vergüenza y una falta de patriotismo español imperdonable! Luego nos lamentaremos cuando ya sea tarde y no haya más remedio de que se tengan que emplear otros procedimientos que nos llevan al recuerdo de la Guerra Civil española. Claro que el Art. 8 de la Constitución no está allí sólo de adorno.
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