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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Objetivos confusos

La manía de generalizar descoloca muchos de nuestros razonamientos
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 6 de mayo de 2016, 08:24 h (CET)
La atención prestada a las sucesivas situaciones exige criterios bien elaborados orientados a la comprensión de los eventos. Las visiones superficiales, pueden parecer sencillas, de hecho lo son, pero a base del desconocimiento de un gran número de matices. Es preciso contar con el otro componente mencionado, los buenos CRITERIOS, son básicos para el funcionamiento de la razón,de los aprendizajes, de los proyectos, de la vida particular y la de las organizaciones colectivas.

Uno de los transformismos peligrosos al cual prestamos escasa o nula atención, resulta muy perjudicial para el mutuo entendimiento y por lo tanto, para el buen funcionamiento de los engranajes sociales. Me refiero al deslizamiento de lo SUBJETIVO, presentado y tratado como realidad contrastada. ¡Cuántos pronunciamientos con este desliz! Juzgando lo que aún no decidieron los tribunales, líderes creídos en sus dogmas ilusos, creyentes y agnósticos enfundados en sus caperuzas particulares, economistas que no contemplan la corrupción como rasgo degradante. Son algunas tendencias contribuyentes al alejamiento progresivo con respecto al dinamismo de la sociedad; facilitan las fijaciones inapropiadas y partidistas.

Lo que va de la percepción subjetiva al conocimiento contrastado, es complejo; sabida la inexistencia de la objetividad total, esas lamentables verdades absolutas de .las trágicas andanzas mundanas. Entre otras cosas, porque cualquier persona no pasa de ser un testigo INCOMPLETO de las circunstancias de su entornos; las personas o hechos a su alcance, son meras aproximaciones, nunca abarcaremos la totalidad de sus matices. Cuando pensábamos en la imagen fantasiosa de la nariz de Pinocho, resulta curioso el descubrimiento reciente del efecto de hinchazón en la mucosa nasal de quienes mienten. ¡Quién lo iba a decir! Ante un sujeto seguro de sus afirmaciones, intolerante con los discordantes; la sospecha de su error, será lo más indicado.

Salvo en el caso de una serendipia, un hallazgo casual; para la comprensión o aplicación de fenómenos complejos, suelen quedar ridículas las pretendidas medidas simplistas, rozan aspectos parciales del asunto, en un sorprendente salir del paso oportunista. Entre otros problemas trágicos, lamentamos casi a diario ataques VIOLENTOS de diverso formato. Son habituales las posteriores manifestaciones de repulsa, recogidas por los medios informativos con gran difusión. Con excesiva prontitud, las víctimas directas, sus penalidades, secuelas, son incluidas en un relato, imágenes, un rótulo; permaneciendo en el aire las posibles medidas tomadas con respecto a las circunstancias confluyentes en el suceso y sus participantes solapados.

Parece como si la sociedad buscara engañarse a sí misma con las mencionadas orientaciones contrapuestas. La exposición cruda de una realidad desperdigada por la barbarie, con las peores muestras de lo sucedido; frente a la paradójica DESINFORMACIÓN sobre cuantos factores subyacentes influyeron (Negocios turbios, educación juvenil, poderes públicos involucrados, desprecio por las actitudes morales en la práctica social, silencios cómplices). El hecho calificado de bárbaro aparece descarnado, como una actuación esporádica, ajena al resto de la sociedad. Semejante desajuste reflexivo genera una confusión de alargadas tramas, progresiva, predispuesta a la actucaciónde intereses perversos; incluso los provoca.

Otro ramalazo desorientador desplaza las características particulares a una significación global impropia. La manía de GENERALIZAR descoloca muchos de nuestros razonamientos, origina grandes distorsiones aplicadas a sectores variados y con el descaro de su propagación sin reparos. Los desprevenidos sucumben sin remisión ante estos despropósitos. Los franceses, el pueblo, hombres, mujeres, la misma divulgación científica; con frecuencia tildamos de universal a lo sucedido en pequeños círculos, a veces establecidos únicamente en la recortada mente de ciertos gestores con afanes manipuladores. Las bellas o mustias hojas del rábano, pasan a representar la finca entera, moradores y pertrechos incluidos.

Las confusiones pueden ser sutiles, pasando desapercibidas para la mayoría de las personas atentas a fenómenos llamativos. Con el consiguiente matiz de ser aprovechada al turbidez del momento por quienes persiguen objetivos abusivos. En una de esas frecuentes sutilidades, una sola preposición, CONTRA, delimita las orientaciones seguidas. En los usos habituales predominan los lenguajes, recomendaciones, acciones, contra quien o lo que sea. “Con” es utilizada en papeles secundarios. De tanto ir contra todo, perdemos el sentido de CON que conceptos funcionaríamos mejor. Borramos los de colaboración/participación; integrados en reclamaciones, victimismos; pendientes de las soluciones foráneas.

En las intervenciones públicas suele surgirnos la duda de si hablan por sus intereses o de las mejores opciones para los integrantes de la comunidad. Son tantos los artilugios de la retórica, que la confusión opera a pleno rendimiento. Llama la atención la desprocporción de recursos empleados para el reforzamiento de dichas expresiones. Aparecen expertos en cuestiones recónditas, de posturas rotundas y escaso diálogo; no resuelven la quimera de si son verdaderamente expertos o simples adheridos a los mandamases sectoriales. En consecuencia, no percibimos, menos aún con nitidez, el afán de CONCORDIA, que beneficiaría al conjunto ciudadano. El rumbo permanece confuso para la gente.

Arrastrados por la rueda implacable del tiempo, compungidos por factores constituyentes de obligado cumplimiento, genéticos o sociales; disponemos del breve aleteo de una pocas decisiones propias, ilusionantes. Mientras no las desdeñemos, entretenidos por los movimientos ponzoñosos de los entornos. El libre albedrío es la escasa reserva liberadora para posicionarnos con dignidad y la implicación elegante.

Hay ciertos eufemismos, medias verdades, adulaciones, de fácil calado entre la población; porque añaden creencias satisfactorias y complacen al personal. Todos somos iguales, tenemos derecho a la salud, una ristra de derechos humanos. ¿Será verdad que habrá personas iguales? Ya quisiéramos el cacareado derecho a la salud; mientras nos conformaremos con la asistencia sanitaria adecuada. Cada ideología o país proclama los derechos humanos a su manera. De donde deducimos el enorme POLIMORFISMO de las actitudes desparramadas por las geografías. En cuanto sumamos las falsedades maliciosas, el desconcierto abruma, sin igualdades a la vista. Los equilibrios serán meras fases momentáneas.

Alcanzado ese nivel de incompetencia, en gran parte voluntario, las tendencias fueron asumidas sin forzamientos; logramos unos comportamientos, en los cuales no sabemos si existen los puntos de apoyo. Sin embargo, el recientemente fallecido Umberto Eco nos apunta un camino relevante para esa orientación, la aplicación de la SEMIÓTICA al revoltijo social; para no perdernos en la serie de significantes confusos. Nos reclacó la importancia de centrarnos en la esencia de los signos que nos rodean, personas, seres vivos, el mundo en general. ¡Déjense de paparruchas ideadas por algún cantamañanas!, traduzco yo. Su llamada deviene en deber moral para el tercer milenio, según sus propias palabras y ante la degradación convivencial.
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