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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

130 millones de niños

Clemente Ferrer (Madrid)
Redacción
jueves, 14 de mayo de 2009, 22:22 h (CET)
En el continente africano vegetan más de 130 millones de chiquillos que no perciben el adiestramiento primario, 73 millones son chiquillas. Otros muchos millones de críos se desalientan en colegios deteriorados en los que poco es lo que aprenden y, es muy posible, que este número no baje a la mitad en el año 2015, como está previsto. Muchos terruños no contemplan en su legislación la exigencia de la instrucción básica, por lo que los estudios no son gratuitos. A los largos desplazamientos que deben efectuar los chicos para asistir a las clases en el instituto, se une el impedimento por no contar con dinero suficiente.

Las penurias en África se han acrecentado por la lacra del sida, uno de las mayores plagas que flagela el continente. En Mozambique han fenecido 540 educadores por el mortal virus. El estado se vio forzado a contratar a estudiantes de los últimos cursos, para reemplazar la falta de profesores.

Por otra parte, el equilibrio entre los sexos para el acceso a la enseñanza es una objetivo muy lejano en los países en desarrollo. Según el último estudio de UNESCO, los territorios más aquejados por esta desavenencia de sexo son: África Subsahariana, India y Pakistán, cobrándose unos execrables resultados; Chad, Yemen, Guinea Bissau, Níger y Etiopía. Estos terruños tienen una acentuada brecha de sexo en la escolarización, ya que por cada diez chiquillos escolarizados, apenas existen 5 niñas.

En nuestro país, según el informe de la Fundación Foessa, cerca de 75.000 criaturas no arriban al colegio. El 52,1% de los críos no escolarizados se hacinan con niveles de indigencia inexorable. La tasa de desescolarización se eleva en la medida en que la miseria aumenta.

Sin embargo, la ONU manifestó que, a lo largo de los últimos 50 lapsos de tiempo, los países en vías de desarrollo han alcanzado avances en educación y que otros países se demoraron más de 200 años en lograrlo.

« Aléjame de la sabiduría que no llora, la filosofía que no ríe y la grandeza que no se inclina ante los niños. » afirmó Khalil Gibrán.

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CLEMENTE FERRER ROSELLÓ.Presidente del Instituto Europeo de Marketing, Comunicación y Publicidad. Madrid.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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