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Opinión

Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

¿Un enfrentamiento honesto por el tribunal?

E. J. Dionne
E. J. Dionne
miércoles, 13 de mayo de 2009, 08:21 h (CET)
La inminente batalla por el candidato del Presidente Obama a ocupar la primera vacante del Supremo podría ser un iluminador debate de la dirección que debería adoptar el tribunal. También podría ser una lucha repugnante e hipócrita que contribuya a eclipsar más asuntos de los que aclare. ¿Qué va a ser?

Cuando George W. Bush era presidente, los Republicanos del Senado que proponen ahora un jaleo ideológico decían que los Demócratas se equivocaban al utilizar la filosofía judicial como patrón de confirmación del candidato. Si la elección del presidente era formalmente adecuada e inteligente -- como fueron tanto la del presidente del Supremo John Roberts como la del magistrado Samuel Alito -- eso debería bastar, decían los Republicanos.

El Senador Jon Kyl, R-Ariz., advertía durante las sesiones de confirmación de Alito que si los Demócratas utilizaban la ideología como rasero con los candidatos de Bush, era inevitable que los Republicanos aplicaran el mismo rasero al candidato de un presidente Demócrata. “Digo a mis amigos Demócratas, pensad con cuidado lo que hacéis hoy," advertía Kyl en 2006. “Su impacto se sentirá más allá de este candidato concreto.”

De hecho, no hay pruebas de que los Republicanos hubieran sido más receptivos con un candidato Obama si Roberts o Alito hubieran sido confirmados de manera unánime. No obstante, Kyl tenía razón. Fingir que estas luchas judiciales tienen algo diferente que ver más que con la dirección filosófica de la instancia judicial es una forma de deshonestidad con conocimiento de causa. Es mejor ser directo con la existencia de una lucha política por el control del tribunal en lugar de fabricar razonamientos anómalos para oponerse a un candidato relacionados con "el carácter,” "las cualificaciones" o "el temperamento.”

Los progresistas, que (correctamente en mi opinión) se opusieron a Roberts y a Alito por motivos filosóficos, no deberían ser hipócritas y negar el derecho de los conservadores a cuestionar la orientación de un candidato. Por el contrario, los progres deberían celebrar un debate real -- y ganarlo.

Pero eso también significa que asuntos tales como la orientación sexual del candidato no deberían ser considerados, y un debate auténtico implica ideas, no lemas -- sobre todo "activismo judicial," "legislar desde el estrado" o "construccionismo estricto.”

Como poco, deberíamos aplicar tales términos consistentemente a los candidatos conservadores y progresistas por igual. La verdad es que el activismo judicial dista mucho más de ser el ámbito de los jueces conservadores que de los progresistas. El verdadero peligro de un Supremo conservador reside en que prive al Congreso y los estados del derecho a legislar a título de los derechos civiles, los derechos de los trabajadores, el bienestar social y medioambiental, igual que hicieron los tribunales conservadores desde el cambio del último siglo hasta finales de la década de los años 30.

El caso ante el Supremo de la Ley de Sufragio es instructivo. La Sección 5 de la ley obliga a ocho estados (del Sur seis de ellos) así como la mayor parte de Virginia y docenas de jurisdicciones por todas partes a obtener la aprobación del Departamento de Justicia ("permiso de actuación") antes de hacer cambios a sus leyes electorales. La idea era evitar maniobras encubiertas encaminadas a disuadir a los votantes de minorías en zonas en las que sus derechos estuvieron una vez en peligro.

Los detractores de la legislación afirman que mientras que podría haber sido necesaria cuando la Ley de Sufragio fue aprobada por primera vez en 1965, un tiempo en el que muchos estados del Sur discriminaban abiertamente a los afroamericanos, ya no es necesaria.

¿Pero no sería una forma de activismo judicial por parte del tribunal echar abajo una ley del Congreso que tiene 44 años? ¿No es una forma de legislar desde el estrado que el tribunal y no el Congreso decida si una ley está o no desfasada?

Y vale la pena observar que el término construccionismo estricto fue rescatado del olvido gracias a los segregacionistas contrarios a la intervención judicial en defensa de los derechos de los afroamericanos. Seguramente sería desconcertante que el tribunal conservador actual replicara a los tribunales conservadores de la década de los 90 del siglo XIX utilizando esa idea, o su prima cercana "originalismo," para tumbar una ley de derechos civiles.

En cuanto a la inminente batalla judicial, es cierto que al reemplazar con un progresista al juez David Souter, Obama no va a decantar el equilibrio ideológico del tribunal. Seguiría teniendo una orientación conservadora 5-4, con el juez Anthony Kennedy como voto ocasional de calidad. Muchos plantearán por tanto porqué debe de tener lugar un enfrentamiento a cuenta del primer candidato de Obama.

Pero en este momento, es insalvable que cualquier nominación provocará una lucha por la orientación ideológica del tribunal porque resulta ser una de las luchas más importantes del ámbito público estadounidense. Este asunto, no los detalles biográficos del próximo candidato judicial, debería ocupar el centro integralmente del próximo debate.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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