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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

El miedo: Un enemigo

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 13 de mayo de 2009, 07:49 h (CET)
La adolescencia es tema que merece ser objeto de una atención esmerada de parte de los padres, educadores y sociedad en general. Es una etapa de la vida muy difícil porque el adolescente se encuentra en un momento de crecimiento y todavía no ha madurado, ello hace que ande desorientado. Muchos se preguntan quién tiene la fórmula magistral que permita educar al adolescente para ayudarlo a madurar y, así, pueda orientarse en el mare mágnum de la vida. Si los adultos todavía no han encontrado la estrella polar que les indique el norte, ¿cómo pueden éstos guiar a los que por su inexperiencia juvenil no saben donde se encuentran?

El adolescente, dadas sus características emocionales necesita amigos en quienes confiar. La amistad requiere complicidad mutua. Desgraciadamente es muy difícil encontrarla. Dado que es muy dificultoso conceder plena confianza en los compañeros de clase, en la pandilla, en la familia, se encuentra solo. La soledad es uno de los grandes males que afectan a la adolescencia. Le da miedo de encontrase solo, aislado, ser rechazado por los suyos. Cuanto más miedo se tenga y ello lo perciban otras personas, más grande será el peligro ya que hay gente especializada en manejar el miedo ajeno en provecho propio. La multitud de sectas ponen en evidencia esta realidad. El joven tendría que evitar que el miedo al aislamiento no derive en una entrega incondicional a los otros. Debería ofrecerle al miedo una salida que no sea desastrosa.

El pensamiento positivo que ocupa espacios radiofónicos en horarios normales, que no precisa mantenerse despierto a altas horas de la noche, no es la solución al problema del miedo juvenil. No hace falta decir que tampoco al de los adultos.
En el momento de escribir este comentario incide con fuerza el miedo a la gripe llamada porcina que hace que se agoten las existencias de mascarilla protectoras en las farmacias. Todo el mundo habla de ella y vaticina calamidades de alcance incalculable. Los miedosos a esta nueva variante de gripe no se acuerdan que su homóloga la aviar terminó sin dejar rastro.

El miedo del adolescente y del adulto es muy real. No es una ilusión. Como existe y es causa de mucha infelicidad es el motivo que impulsa a Jesús a hablar de él para darle solución si el temeroso acepta la medicina que le ofrece. El miedo anticipa acontecimientos que en muchas ocasiones no se presentarán.

Jesús navegaba con sus discípulos en una barca por el Mar de Galilea. Dormía plácidamente. De repente se levantó una fuerte tempestad. Los discípulos atemorizados le despiertan diciéndole: “¡Señor, sálvanos que nos hundimos!” Jesús les dice: “Por qué tenéis miedo gente de poca fe?” Las palabras de Jesús ponen en evidencia que el miedo está vinculado al grado de fe que se tenga en Dios. A menos fe, más miedo y a la inversa: más fe, menos miedo.

Las palabras que Jesús dijo a sus atemorizados discípulos deberían hacernos pensar en cuál es nuestra relación con Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. En cierta ocasión, cuando Jesús hablaba sobre la necesidad de perdonar las ofensas, sus discípulos le dicen: “Auméntanos la fe”. Acto seguido les dice que si tuvieran fe como un grano de mostaza harían grandes cosas. Pues bien, pues bien, si nuestra fe fuese tan pequeña como un grano de mostaza obtendríamos la victoria sobre el miedo irracional que tan a menudo se apodera de nosotros.

Otra enseñanza de cómo vencer al miedo Jesús nos la da en Mateo, 6:25-34, en donde advierte a sus oyentes que no se preocupen por la vida pensando que comerán, beberán, vestirán. Les recuerda que el Padre celestial provee todas las necesidades de las aves y que viste con una belleza exquisita a las flores del campo. Si ello es así con unas cosas tan insignificantes comparadas con la importancia que tenemos los humanos que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, ¿cómo en su providencia no proveerá todas nuestras necesidades? Busquemos previamente el reino de Dios y el Señor proveerá. Por esto nos dice: “Así que, no os preocupéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”.

Los adolescentes quizás no entiendan los miedos de los adultos, pero sí que tienen constancia de los compañeros del cole que los amedrentan. Para ellos estas palabras de Proverbios: “El miedo del hombre es una trampa, pero el que confía en el Señor estará seguro” (29:25).

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