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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Denuncias falsas. Cuarta jornada

Rafael del Barco Carreras
Redacción
domingo, 10 de mayo de 2009, 20:12 h (CET)
8-05-09. JUICIO EN BARCELONA POR EXTORSIÓN Y DENUNCIAS FALSAS. ACUSADOS, RAFAEL JIMÉNEZ DE PARGA Y ALFREDO SÁENZ ABAD Y OTROS.

Cuarta jornada. Declaración de José Ignacio Romero García, ingeniero. La escena, domingo por la noche del 10 de SEPTIEMBRE de 1994 en el Juzgado n. 10. Ante el juez Luis Pascual Estevill y el abogado de Banesto, Rafael Jiménez de Parga. Pagando 25 millones de pesetas y prometiendo otros 25 para cuando su hermano Luís y su socio Olabarría salieran de prisión. Prueba documental, el acta firmada solo por Pascual y Jiménez de Parga, repleta de “pruebas” de pura invención, y añadida posteriormente al sumario. Demostrado en el juicio del 2004, condenados el juez y abogado Juan Piqué Vidal, que las operaciones mercantiles citadas eran TOTALMENTE FALSAS. La amoralidad al límite. Tan amoral que la fiscalía insistió en la ausencia de fiscal en aquel acto de EXTORSIÓN, CHANTAJE, PREVARICACIÓN, y FALSIFICACIÓN. De aquel juicio se libraron, es de suponer por CORRUPCIÓN, los cuatro acusados sobre los que el SUPREMO ordenaba depurar responsabilidades.

El abogado del testigo, el mismo presente en aquella ocasión, sabía que leía la pieza y prueba sin discusión, y se explayó en el COHECHO y PREVARICACIÓN hasta que el presidente le advirtió que esos delitos ya estaban probados y sentenciados.

Declarado Jiménez de Parga que se limitó a defender los intereses de su cliente el Banesto, y la brillantez con que los tres banqueros acusados derivaron a “otros” la responsabilidad de la presentación de la querella, dudé muy mucho del final de este juicio. Añadiendo la oscura declaración (por su estado físico) del presidente ejecutivo del grupo Harry Walker, y aunque brillante pero no clarificadora de Pedro Olabarría, creando mi duda profesional de que sus operaciones de pasivo con el Banesto pudieran tener relación con los créditos concedidos a la firma, la declaración de los hermanos Romero García, se me presentaba total y contundente. Uno, detenido e ingresado en prisión, y el otro, librado de la detención porque estaba esquiando, y acudiendo rápido a lo que a su entender era una barbaridad.

El primer declarante, Luis Fernando Romero García, sin duda alguna, él jamás tuvo relación bancaria con BANESTO, puesto que por un tema de muchos años atrás juró no entrar en su vida en ese banco. Que a los acusados Sáenz y Merodio, les conocía, y hasta con personal amistad cuando trabajaban en Banca Catalana, su banco de referencia entonces, y que Merodio le presentó ya en el Banesto al nuevo director regional, el otro acusado Calama, pero que por su posición de aversión al banco no quiso operar.

Resumiendo, sin conocer denuncia ni cargos, tras una simple citación el día anterior, le detienen el 8 de septiembre de 1994, a las ocho de la mañana, y directo al juzgado de guardia de detenidos. Breve declaración ante Pascual Estevill, y a prisión.

Su hermano, José Ignacio Romero García, más de lo mismo, jamás firmó nada ni negoció con Banesto. Librado por casualidad de la detención, se lanzó a que los banqueros ex amigos y Jiménez de Parga retiraran la absurda denuncia. Ante Pascual, la noche del domingo, después de aguantar unas horas en que al parecer juez y abogado acusador se fueron a cenar, pagó lo convenido horas antes, firmando el juez un auto por el que los hermanos y Olabarría pasaban de decretada prisión a libertad con fianza. Acentuó que allí, ni en todo el fin de semana se hablara de pagar a Banesto, al que no debían nada, sino de pagar por la LIBERTAD.

Los declarantes querellados, que solo pedían un euro de indemnización, insistieron en su única pretensión; que se hiciera Justicia ante el abuso de PODER E IMPUNIDAD de un juez y abogado corruptos, máximas estrellas entonces en su profesión, añadidos al inmenso de la gran banca, representada por Sáenz Abad, poder absoluto en el Banesto entonces intervenido, y único que podía dar la orden de interponer o retirar la denuncia.

Hombres de 70 años con clarividencia, dinero, y empuje suficiente, para seguir con su acusación hasta “donde haga falta”. Señorías, una vez librados de la cárcel, y sobreseídos los cargos, pensé infinidad de veces en retirar esta denuncia y procedimiento, pero mandaron los sentimientos… ni mi hermano ni yo, ni toda nuestra numerosa familia, olvidará aquel fin de semana… jamás. O algo muy parecido.

Al oírle me recordé 30 años atrás, en manos de aquellos dos sujetos, justificando mi lucha actual…

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