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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Televisión Española sin publicidad, cuestión de zafiedad

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
domingo, 10 de mayo de 2009, 08:55 h (CET)
Que la publicidad desapareciera de TVE era una de las grandes aspiraciones de los magnates de las teles privadas, la reducción de competencia siempre ayuda a cualquier negocio. La pregunta que uno se hace es hasta qué punto estas empresas le van a estar agradecidas a Zapatero. Los que estamos metidos en mayor o menor medida en los medios de comunicación sabemos que hay mil maneras de pagar estos favores, la independencia absoluta no existe ni en los medios privados ni en los públicos, todos deben mantener un delicado pulso ante el poder por mantener su libertad y resistir las presiones políticas o la presión en forma de licencias, publicidad institucional u otras dádivas.

Personalmente creo que es bueno que TVE no compita con el resto de televisiones. Lamentablemente la programación televisiva en España es tan desastrosa que competir con las privadas supone rebajarse a la zafiedad más absoluta. Por no repetirme una columna más omitiré aludir a los nombres de las series barriobajeras que tan del gusto de los ciudadanos españoles son y que tantas veces he nombrado en esta “Columna de humo”. El papel de una televisión pública nunca debe ser ése, por el contrario debería trasmitir el papel de las instituciones del Estado y dignificar su programación y a su audiencia elevando la calidad de sus programas. Y con ello no me estoy refiriendo a que todo su contenido deba ser cultural, científico o elevadamente docto y aburrido.

Naturalmente de esta nueva situación que tanto beneficia a las empresas privadas nacionales se derivan dos condicionantes: la libertad de estas empresas que quedarán eternamente agradecidas al gobierno y la financiación con cargo al bolsillo de los españoles de la carísima televisión pública.

Del primero de los dos casos prefiero no ocuparme demasiado, ya estamos acostumbrados a las servidumbres y peajes que todas las empresas de comunicación han de pagar al poder, así como a su sometimiento y dependencia de éste. Cuando después de catorce años escribiendo te dicen “Ya sabes que no puedes aprovechar tu columna para meterte con tal o cual autoridad, así que esa opinión no tendría cabida en nuestro periódico” te acuerdas de la madre que parió a la libertad de expresión, lo publicas en tu blog (¡lo que la libertad debe agradecer a Internet!) y lo leen cuatro gatos. No creo por lo tanto que las cosas variasen demasiado, quien tiene el poder tiene la sartén por el mango en ésta y en cualquier circunstancia. Ah, y ello es con absoluta independencia del partido al que nos refiramos, en todas partes cuecen habas.

De la financiación… sea cual sea la fórmula al final saldrá del bolsillo del ciudadano que paga impuestos, precios y tasas. Pase o no pase previamente por lo que deban desembolsar los anunciantes, por el precio de los aparatos o por lo que paguen las empresas de telefonía, tarde o temprano todo termina de manera inevitable en el monedero del ciudadano. Ahí se acaba la discusión una vez aceptado que así debe ser el modelo de televisión pública.

La cuestión que más importa es si todo esto merecerá al final la pena. Si la nueva televisión pública realmente consigue su propósito de calidad o no, si a pesar de la nueva situación compite o no en zafiedad y “barriobajerismo” con las demás. Evidentemente también será importante conocer qué cuota de espectadores (qué “share” que dicen los estúpidos anglicistas) seguirá a la nueva Televisión Española y en qué punto colocarán sus directivos su nivel de conformismo o satisfacción. Si todo va bien debería llegar un punto en el que considerarse concurrente habitual de “la uno” o “la dos” proporcionaría cierto nivel de buen gusto, elegancia y nivel cultural, eso que llamamos prestigio, al espectador.

Como ustedes apreciarán de la independencia política de la futura TVE no hablo. Ya se supone.

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