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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El desideratum del expolio del castellano

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 10 de mayo de 2009, 08:54 h (CET)
Miren ustedes, me van a perdonar, pero ya estoy hasta las narices de que, desde este nefasto gobierno que estamos padeciendo, se nos hable de “prudencia” y “respeto” cuando se trata de poner en tela de juicio las actuaciones, meridianamente segregacionistas y anticonstitucionales, llevadas a cabo con temeridad y aparente impunidad por alguna de las autonomías de nuestro país. Con estas o similares excusas se nos viene dando largas a los españoles para que, por cansancio o aburrimiento, vayamos cayendo en la tentación de dejarnos llevar por un cierto conformismo respecto a someternos a la fatalidad de que España se vaya convirtiendo, poco a poco, en un conjunto de pequeños países, a modo de taifas, sujetos a sus propios gobernantes, con su lengua propia y con modalidades políticas nacidas, no de el consenso de todos los españoles, sino de la atomización de grupos locales interesados en buscar su propio acomodo. sin que les una a la patria común ningún tipo de vínculo de solidaridad y fraternidad. Estoy convencido de que, el Ejecutivo que nos está gobernando, no tiene la menor intención de entablar la menor acción en contra de lo que decida el Gobern de la Generalitat respecto a avanzar en su camino hacia la independencia, cada vez con más temeridad e impunidad, saltándose sin el menor miramiento lo dispuesto tanto por el TSJC como por la propia Constitución.

En realidad, todo viene de la aprobación del Estatut catalán y de las evidentes irregularidades que se vienen produciendo en el seno de TC para evitar pronunciarse sobre la constitucionalidad de su contenido. Nadie en su sano juicio puede comprender como, por circunstancias de carácter exclusivamente político y por discrepancias dentro de sus propios componentes, hayan ya transcurrido tres años desde que se presentaron recursos contra la Ley Orgánica que lo promulgó, sin que hayan tenido tiempo para decidir sobre algo que, hasta el más zote de los ciudadanos, ve con meridiana claridad. Por si faltara alguna prueba del carácter especialmente secesionista, insolidario y violador de los preceptos de la Carta Magna, basta que vayamos contemplando los efectos que viene causando, en Catalunya, la progresiva implantación de las concesiones contenidas en el citado Estatut. Choca de verdad que al ser preguntada sobre el proyecto de ley preparado por el Parlament catalán, la señora De la Vega, con intención evidente de evitar pronunciarse sobre un tema tan espinosa y consciente de la necesidad que tiene su partido, el PSOE, de los votos catalanes para seguir gobernando, nos haya salido con peteneras, recomendándonos mucha “prudencia y respeto”.

¿Prudencia, por qué, señora mía? Hace demasiado tiempo que estamos esperando que el Gobierno corte de raíz estos atentados en contra de la unidad de España; estamos hartos de que se vaya dejando para mañana el poner coto a actitudes que, cada vez, se van extendiendo más y que van adquiriendo virulencia en muchas comunidades en las que, con anterioridad, no existían semejantes ideas ni la ciudadanía se preocupaba lo más mínimo en cultivarlas. ¿Respeto? Pero, vamos a ver, señora mía, ¿es que usted puede pensar que en España no hay más que zopencos y descastados que les rían las gracias a ustedes? Todavía hay muchos ciudadanos que no aceptamos que se nos toree como mansos y que somos capaces de ver con claridad lo que ustedes pretenden, diciendo una cosa en el País Vasco y haciendo lo contrario en Cataluña, “según convenga a la jugada”. Ni respeto ni prudencia. El respeto para la bandera española, para España como nación, para la solidaridad entre todos los españoles, para ser todos iguales ante la Ley, para el estado aconfesional, no laico como nos lo quieren vender. La prudencia no es sinónimo de aceptar la violación de los principios constitucionales y la verdad es que ustedes, los socialistas, con “tanta prudencia” están permitiendo que unos grupos minoritarios se les estén subiendo a las narices, les chantajeen, les tengan atrapados en sus garras y les obliguen a torcer la cerviz, aunque ello signifique que entreguen a España y a los españoles que se precian de serlo, en manos de cuatro separatistas, derrochadores y extremistas, que sólo pretenden ocupar las poltronas del poder cuando ven que, y nunca lo hubieran soñado, tienen a su alcance el conseguirlo.

El hecho de que la Vice de la Vogue diga, con toda la cara que se precisa para ello, que: “la enseñanza del castellano está y estará garantizada, como ha estado siempre” nada más se puede entender o, desde la supina ignorancia de lo que está sucediendo en Catalunya o, desde la pretensión de hacer tragar a todos los españoles una realidad que, cada vez, está más lejos de ser cierta y que, por desgracia, lleva el camino de que, en algunas autonomías, entre ellas la catalana y la balear, en un espacio corto de tiempo el castellano sea nada más un recuerdo lejano, como está sucediendo en nuestra antigua colonia, las Filipinas, donde ya casi nadie sabe chapurrearlo. ¡Basta ya de intentar darle a los preceptos constitucionales interpretaciones sesgadas! El TC, señores, está en el camino de cometer algo muy grave, de buscar una salida constitucional para algo que no la tiene y que, por supuesto, constituye una violación intolerable de la Carta Magna. Y el hecho incuestionable de que sea el propio Parlament catalán que, violando las sentencias del TSJC sobre la obligatoriedad de la enseñanza en español, despreciando lo dispuesto por la ley sobre la enseñanza de tres horas más de castellano y, obviando el precepto constitucional que permite a los padres decidir el idioma en que deban ser escolarizados sus hijos y aquel que establece, sin ninguna eximente, el derecho de los españoles de usar el castellano y el deber, de todos ellos, de conocerlo; con absoluta despreocupación, sin la menor muestra de respeto por la legislación española y como desafía abierto al Estado de Derecho en nuestra nación, se dispone a declarar idioma único en Catalunya, tanto vehicular como para la enseñanza, el vernáculo o sea, el catalán.

Supongo, señora De la Vega, que usted nos podrá garantizar que van a actuar drásticamente contra una situación que, de hecho, ya existe en la autonomía catalana como ocurre con la balear. Pero, permítame usted que, como aquel campesino al que se escarmentó con el grito de ¡qué viene el lobo!, y sintiéndome desengañado e indignado de que se me mienta; aburrido de que se me niegue lo que contemplo cada día con mis ojos; cansado de que se me pinte la realidad como un cuento de hadas y amargado al ver tan maltratada a mi nación, España; le diga que ha llegado el momento en el que el crédito que se les concedió por los que les votaron, deje de servirles de coartada para acabar de conducir a nuestra nación hacia este pozo sin fondo al que parece que están empeñados en despeñarla. Ustedes ya nos han demostrado lo que son capaces de hacer que, en definitiva, ha sido: ¡nada! Muchas palabras, muchas imágenes, mucha
TV y muchos medios de propaganda; no obstante, han sido incapaces de conservar la España unida que les fue entregada; han desprestigiado nuestra enseñanza; han acabado con nuestras buenas costumbres, nos llevan a la banca rota y están destruir la Iglesia católica. Todo negativo, todo destructivo y nada positivo ¡Valiente herencia para los que los sustituyan! Señora De la Vega, deje de una vez de tomarnos por unos indocumentados y no nos canse más con sus admoniciones. ¡Estamos hartos de ustedes!

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