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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Quijotes bondadosos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 10 de mayo de 2009, 08:52 h (CET)
Me reía dias atrás con el recuerdo de una anécdota, referida por Fernando Colina en uno de sus entrañables artículos. Resumía las tribulaciones de un famoso psiquiatra, cuando le preguntaron en un coloquio, ¿Cómo podría él reconocer a un HOMBRE BUENO? La perplejidad afectó de tal manera al buen especialista, que no atinó en una respuesta convincente. De tan sencillos, existen conceptos que se nos escabullen, son a la vez profundos; vida, tiempo, son algunos de ellos. No cabe duda, la bondad, y eso de un hombre bueno, se comprenden dentro de esas categorías de compleja definición.

Dentro de las respuestas habituales, resulta fácil vislumbrar su inconsistencia o como mínimo su incompletud. Las mencionadas bondades tienden a precisarse, bien como ternura o tolerancia, como una serie de actos bien intencionados, generosidad, humildad y otras cualidades con estos estilos. Aunque pocos discutirán que la presencia de esos valores positivos en algunos momentos; no son obstáculo para comportamientos inconvenientes, e incluso nefastos y crueles. Esa disociación o DOBLEZ dificulta la precisión calibradora. La claridad del hecho es meridiana, el aspecto bondadoso no garantiza en la recámara el buen ambiente y las existencias necesarias. No son conceptos paralelos esa bondad aparente y la noción de hombre bueno.

¿Dónde radicará el quid de la cuestión? El debate puede alcanzar tintes bizantinos de enormes trazados, abierto a tope; por que las sensibilidades se esparcen de tal manera, que resulta complicada la obtención de una visión de conjunto. En la citada reunión de psiquiatras, parece ser que fue Coleman Silk quien recondujo el diálogo a las orientaciones aristotélicas. La bondad aislada puede constituir un camuflaje o distracción, si no va implantada sobre una persona con BUEN JUICIO, atinado y perspicaz. Es la manera de que la responsabilidad y la moral de ese sujeto circule por derroteros adecuados. La apariencia bondadosa es sólo un apartado inicial de esa personalidad encomiable. Una parte, y no la fundamental. Resulta más que expresiva una somera exploración de los sucedidos cotidianos.

Recalca Colina una circunstancia archiconocida, aunque no la reconozcamos estando a la vista. Pudiera parecer que la insensatez y la maldad van aparejadas con la locura, y que la salud mental fuera garantía de buenos comportamientos. Cuando tampoco ese criterio de equilibrio en la mente garantiza al pretendo hombre bueno. En resumen, las grantías y los métodos de detección fallan estrepitosamente; nos enfrentamos a una entidad cualitativa, esa bondad referida, de DIMENSIONES desconocidas. Se impone la valoración de estos desajustes, para un intento de aproximación que nos convendría a todos.

Algo así debió de pensar Cervantes. La modernidad, también entonces había modernidad, despreciaba una gran parte de las cualidades valiosas. Los atropellos, las burlas, el honor desvalijado, abusos, hambre y miserias; no dejaban espacio para las buenas razones. Con la cordura ya no se va a ninguna parte, están desvencijados los esquemas mentales. Qué bondad, ni qué ternuras; ahora los molinos de viento se transforman en cambalaches monetarios y programas de cotilleo. Quizá desaparezcan de los diccionarios algunas de aquellas palabras cualitativas. Por eso bullía el clamor de un sueño QUIJOTESCO; sueño, sí; locura, también. Como única manera entrañable de desfacer el entuerto de una sociead claudicante. Esos sueños implicados en los mejores anhelos, ¿Serán definitivamente de otros tiempos?

En los ambientes actuales, la velocidad de los cambios es de auténtico vértigo. Vuelven ciertos totalitarismos con nuevos disfraces; manipulaciones, cambalaches económicos, dirigismos culturales, políticas con jerifaltes, pero sin contar con los ciudadanos, - Si acaso, sólo para el voto de vez en cuando y muy influenciado-. Esa vorágine inestable arrolla también conceptos, ideas, bondades y maldades, todo bien agitado dentro del mismo saco. Por ese motivo, cuando mentamos hoy la bondad de una persona, convendremos en que se trata de un serio RETO, ante enormes obstáculos; en ocasiones camuflados, aunque no faltan tampoco los visibles desde el primer contacto.

Los círculos sociales no son propicios a la consideración de esas características. Se imponen dos vias alternativas y contrapuestas. La abdicación acomodaticia y sin condiciones, metido de lleno en la movida general; frente a la opción por una LOCURA quijotesca para el entrañable ejercicio de unas cualidades muy desdeñadas. Es una elección, dirigida a las mayorias mecanizadas; o bien, encauzadas hacia las mejores esencias personales.

No se trata de un concepto bobalicón o bonachón; si no pasamos de eso, quedamos en bien poca cosa. No tratamos de unos individuos contemplativos y permisivos ante cualquier tropelía para felicidad de los perversos. Volvemos a la idea aristotélica de unas personas con tino, cabales, con el discernimiento necesario; con inquietudes críticas para la búsqueda y la elaboración de las mejores soluciones posibles. Es decir, el hombre que pudiéramos llamar bueno, por su propia consistencia se enfrentaría a la frivolidad reinante. Tensión y conflicto a la vista. Así, se convierte en un arma muy valiosa, el fino HUMOR cervantino; nos pone de manifiesto los buenos sentimientos y la necesidad de una acción correctora, sin grandes controversias, con la imagen del hidalgo y su escudero, que mueven a la sonrisa, sin dejar de lado su gran trasfondo.

Los acosos nos acechan con una constancia machacona, este es un signo de los seres vivos. En determinados momentos sólo se atisban frustraciones, agresiones, melancolía y rasgos de desesperación; Por las crisis económicas, por enfermedad, por desajustes sociales. Es necesario el recuerdo de otras realidades que también forman parte del elenco humano, que conforman el sentido cultural más genuino para la consecución de una convivencia deseable. Como las tendencias apuntan hacia derroteros insatisfactorios, cargados de odio, frivolidad y desprecio; por eso mismo, adquiere importancia el REVULSIVO quijotesco, con el humor y la ironía trascendentes.

La estupidez y el empecinamiento no presagian nada meritorio, representan un camino con una sola dirección, la degradante, con un progresivo descenso al fango y al sufrimiento. ¿Cómo se podrían invertir las tendencias? Resulta prioritario el primer paso, con suficiente apertura de miras. Para, con esa actitud, desbaratar las redes interesadas y maléficas de quienes se aprovechan del silencio de muchos para sus mangoneos. Pero, enseguida debemos preguntarnos, y respondernos, por cuáles sean las semillas que precisaremos. Es la única FÓRMULA posible para una reactivación cualitativa. ¿Locura? ¿Simple desvarío? ¿ Simplezas? En estos empeños nos va lo esencial.

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