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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La religión y los jóvenes

Jesús Domingo Martínez
Redacción
sábado, 9 de mayo de 2009, 14:06 h (CET)
La transmisión de valores que se hace a través de las religiones son importantes para todos, pero lo son de modo especial para la formación de los jóvenes, que con frecuencia son tentados de considerar incluso la vida misma como un producto de consumo.

Ellos tienen capacidad para autocontrol, el sacrificio y la superación, como lo demuestran en el deporte, en las artes creativas y en los estudios. Nadie puede negar que cuando a los jóvenes se les presentan ideales altos –como hacen las religiones-, están dispuestos a asumirlos como un reto y se sienten atraídos por la práctica de la virtud, tanto por el respeto hacia sí mismos como hacia los demás. Con la no enseñanza de esta materia podemos estar produciendo una grave deficiencia en los futuros rectores de nuestra sociedad de la cual seremos responsables los actuales rectores.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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