Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La longeva contribución de Mandela

Jim Hoagland
Jim Hoagland
sábado, 9 de mayo de 2009, 08:43 h (CET)
Zuma es investido el próximo sábado día 9 de mayo.

Sudáfrica ha elegido nuevo presidente en sus cuartas elecciones nacionales democráticas y pacíficas desde su liberación del apartheid. Vaya con el eslogan de los cínicos de "un hombre, un voto, una vez" como norma de la política africana sin excepciones.

Las transferencias ordenadas del poder se han convertido en rutina en la nación conocida en tiempos como el polvorín racial del mundo. De manera que la elección de Jacob Zuma la pasada semana despertó escasa atención en los medios estadounidenses o por parte del gobierno estadounidense -- incluso si Zuma es uno de los nuevos líderes más coloristas, polémicos y ahora importantes de la escena internacional.

El éxito de la iniciativa de Zuma por negar a Thabo Mbeki un tercer mandato presidencial ciertamente tuvo sus aristas. Las acusaciones de corrupción vertidas contra Zuma (él afirma que están políticamente motivadas) desaparecieron misteriosamente, y sus seguidores consolidaron esta victoria haciéndose con el control del Congreso Nacional Africano en el poder de manos de Mbeki a principios de este año. Pero las batallas de forma dentro de la maquinaria del partido son mejores que la agitación y la violencia que marcan la lucha política en otras partes.

La batalla entre las distintas formaciones dentro del Congreso Nacional Africano puede representar en la práctica una prometedora tendencia de la política africana mientras las fuerzas de la oposición encuentran refugio en las estructuras de gobierno. En el vecino Zimbabue y en Kenia, los líderes de la oposición han accedido al gobierno a base de negociación para continuar su lucha desde dentro tras habérseles robado victorias electorales por obra de los déspotas en el poder.

Pero esa no es una trama para el futuro. Lo que más me intriga en calidad de alguien que visitó Sudáfrica por primera vez hace cuatro décadas -- en el apogeo del gobierno de la minoría blanca -- es el sorprendente éxito que ha tenido el país, gracias en gran medida a la inteligente dirección y las generosas políticas de conciliación de Nelson Mandela, el primer presidente negro de Sudáfrica.

La ratificación formal de Zuma en el Parlamento el miércoles, acompañada de la victoria del Congreso Nacional en los comicios nacionales legislativos del 22 abril, es sólo una señal de ese éxito. Desde la elección de Mandela en 1994, los gobiernos del Congreso Nacional Africano con frecuencia han protagonizado ritmos de crecimiento económico del 5 al 6%. (Para disponer de los detalles y un buen retrato de Zuma, vea "Tráeme mi ametralladora," el nuevo libro con defectos y todo acerca de Sudáfrica y el Congreso Nacional obra de Alec Russell.)

La capacidad de liderazgo cuenta en todas partes. Pero en África cuenta de verdad, donde las estructuras del estado y las protecciones legales son débiles. Monstruos tales como Roberto Mugabe, de Zimbabwe, u Omar Hassán al-Bashir, de Sudán, pueden convertir sus países en infiernos en vida, mientras Mandela, el keniata Jomo Kenyatta, el senegalés Leopold Senghor o Sir Seretse Khama, de Botswana, fueron capaces de lograr una relativa estabilidad de la agitación de la descolonización y el colapso del apartheid.

Mandela ha inspirado a la mayoría negra de Sudáfrica a centrarse no en la venganza del pasado sino en un mejor futuro para todos los habitantes de Sudáfrica, en gran medida como hizo Kenyatta en Kenia titulando su autobiografía "Sufrimientos sin amargura.”

Zuma, de 67 años de edad, es un populista mucho mayor que Mandela o Mbeki, defendiendo que debe haber un progreso económico más rápido para los pobres de Sudáfrica. Pero este antiguo pastor de cabras autodidacta ha prometido continuar con la reconciliación y las políticas pro-empresa de Mandela, al mismo tiempo incluso que utiliza un vocabulario radical más izquierdista. Y tiene muchos menos complejos que el reservado Mbeki, cuyos traspiés más sonados fueron su negación de la epidemia de sida que aqueja a su país y la glacial negativa a ejercer presión sobre Mugabe para que abandone su cargo.

Mbeki me sugirió en una ocasión que el hecho de que Mugabe estuviera siendo tan duramente criticado por las antiguas potencias coloniales de África, y por Gran Bretaña en particular, le hacía reticente a valerse de la presión económica para influenciar a su vecino. No deseaba ser visto cumpliendo la voluntad del hombre blanco.

La historia, la cultura y la logística, todo dificulta que las potencias extranjeras intervengan en Zimbabue y las demás crisis africanas como la de la provincia sudanesa de Darfur. Ese es el motivo de que sea importante para Zuma llevar la batuta en el tema de Zimbabue, igual que hizo Julius Nyerere, de Tanzania, en su intervención humanitaria por derrocar en 1979 a Idi Amin, de Uganda. Igual de cierto es en el caso de los vecinos africanos de Sudán. Los forasteros pueden ayudar, pero los africanos deben llevar la iniciativa en lo que respecta a la responsabilidad de proteger a la ciudadanía de sus propios gobiernos.

África no tiene demasiado peso hasta el momento en la agenda del Presidente Obama. Es una verdadera pena. Podría haberse valido de un respiro durante las severas advertencias de la semana pasada por parte de los líderes de Afganistán y Pakistán de que sus países colapsarán pronto si no reciben miles de millones más en ayuda estadounidense. Invite a Jacob Zuma a Washington enseguida, Sr. Presidente. No le dejará con lo puesto de una forma tan brutal, y tiene una inspiradora y estupenda historia que contar.

____________________

Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

Noticias relacionadas

Rajoy, el francés Valls, Piqué y Cataluña

Los tres se ocuparon de ella

Leticia esclava de su imagen y aguijonazos electorales

“Con los reyes quienes gobiernan son las mujeres y con las reinas son los hombres los gobernantes” Duquesa de Borgoña

Cataluña a la deriva (y 3)

Entre lo emocional, caótico y ridículo

Hipatia, filósofa de Egipto

Es una mujer dedicada en cuerpo y alma al conocimiento y a la enseñanza

Hipnosis colectiva

La capaña representa uno de los capítulos más esperpénticos
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris