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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Vinos: Cuestión de sabor y sexo

Nieves Fernández
Nieves Fernández
sábado, 9 de mayo de 2009, 08:40 h (CET)
Ser mujer y elegir o beber un buen vino, o incluso ser enóloga, ya ha dejado de ser algo excepcional, considerado desde siempre como terreno del varón, y por tanto presumiblemente muy masculino donde, hace décadas el papel de la mujer se relegaba, como mucho a ser vendimiadora o poco más.

Recientemente en la pasada edición de Fenavin (Feria Nacional del Vino) ha quedado demostrado con la presencia de cuatro señoras, eso sí moderadas por varón, no se puede pedir todo, que el mundo del vino puede tener aspectos masculinos y femeninos según para qué cosas.

El moderador en cuestión, Juan Fernández-Cuesta, pediodista de ABC, crítico de vinos y editor-coordinador de publicaciones vinateras, ha sentado en la misma mesa, colocándose entre ellas y disfrutando de su posición, a Alicia Huidobro, periodista; a Xandra Falcó, bodeguera, a Laura Martínez, enóloga, y a Ana Méndez, directora comercial de exportación de otra bodega.

Entre los cinco y el público asistente ha quedado demostrado que hay vinos de aromas florales y delicados que presumiblemente, sólo presumiblemente, pueden ser elegidos y degustados por una mujer, son vinos femeninos, si es que a un buen caldo se le puede poner esa etiqueta sexual basándose en su sabor o en el de la condición sexual de sus adeptos.

Se dirá entonces que un vino es masculino cuando tiene cuerpo, es recio, es fuerte, como los atributos que generalmente se le dan al varón. En cambio se asegura, y por todos y todas es conocido, que hay un vino que hace referencia a Jesús crucificado que es bien acogido por los gays y el mundo homosexual.

En un planeta global donde la mujer escala peldaños sociales y profesionales, algunos hombres no dudan en calificarlas en general pero tambien de una forma especial como más listas e inteligentes. Y eso se nota a la hora de elaborar una carta de vinos.

Ya es muy normal que la mujer haga cursos y catas de vinos. Ya es muy normal que la mujer dirija negocios bodegueros y sea ella misma quién elabore y coordine sus propios caldos, diseñe sus campañas comerciales y presentaciones de vinos y, en una palabra, esté presente en todo el proceso de creación desde la cepa hasta la copa.

Lo que no se entiende es que en restaurantes de alcurnia se entienda que una mujer que invita a dos hombres por motivos profesionales, o de cualquier tipo, no sea ella, que pide el menú y el vino e incluso la cuenta del pedido, la protagonista de la prueba y de la recogida de la factura, pues siempre el camarero va a llevar el vino y la factura a uno de los hombres que la acompañan.

Es decir, el hombre, socialmente, sigue mandando en los restaurantes a la hora de probar los vinos y a la hora del pago por permisivos tiquismiquis sociales que en nada benefician a la mujer, por mucha antigua cortesía con la que vayan disfrazados. Y es que los camareros y maîtres no preguntan quién va a probar el vino, automáticamente lo dan a probar al varón que "presida" la mesa, demostrando con ello que el mundo del vino todavía sigue muy masculinizado. Son errores de protocolo y desigualdad.

Salvo casos como éste, o como el que le ocurrió a Xandra Falcó en EEUU, donde lo normal es que el bodeguero invite, y en su caso al ser mujer, fue invitada por sus clientes, o en el caso de Ana Méndez, donde a veces no se le ha atendido en algunos negocios por ser fémina pues sus clientes vieron en ello una circunstancia y condición poco seria para comerciar sobre vinos, la realidad es que donde pone la mano la mujer, la mano y el gusto, impregna con su sello lo que toca y se puede decir que la igualdad, pero con matices, se apodera del mundo vitivinícola cada vez con mejores resultados.

En lo que están de acuerdo todos, seas hombre o no, sean más delicados o fuertes sus aromas, lo importante de un vino es que hay que asomarse a una botella y ver lo que hay dentro, luego después ver su etiqueta, sin reparar en cuestiones de sexo.

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