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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Los jueces justicieros ¡al ataque!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 9 de mayo de 2009, 08:35 h (CET)
No se puede negar que, en España, todavía encontramos a algunos personajes que continúan pensando en que nos mantenemos en los siglos XVI y XVII, cuando España era dueña de medio mundo y nuestras tropas eran el terror de aquellos que osaban enfrentarse a ellas. “Dios es español y está de parte de la nación estos días”, así describía el Conde Duque de Olivares la grandeza del imperio, henchido de orgullo patrio. Han transcurrido muchos años desde aquellos fastos y, de aquella grandeza, por nuestra mala cabeza, ya no nos queda apenas nada y, menos nos va a quedar si los socialistas, como parecen decididos a hacerlo, consuman su tarea de desgajar España en gajos preñados de contenido independentista. No obstante, existen ciudadanos que siguen pensando en que “en el imperio español no se pone el Sol” y continúan aferrados a los libros de caballerías, cuya lectura tan nefasto resultado tuvo para el debilitado cerebro de nuestro entrañable Don Quijote de la Mancha. Es obvio que, ninguno de estos iluminados de nuestros días, tiene el más mínimo atisbo del espíritu romántico de la caballería andante, nada de su generosidad, nada de su inocencia y nada de su entrega a la tarea de “desfacer entuertos”, sin aspirar a recompensa alguna. Estos descendientes de los antiguos inquisidores, arbitrantes de litigios y repartidores de justicia, parece que se han querido constituir en una nueva orden de justicieros que, comandados por su mentor y precursor, el juez Garzón, han decidido emular a los líderes de las antiguas Cruzadas para poner orden en todas las naciones, por lejanas que queden, sin dejar impune, mal que les pudiera pesar a sus autores, ningún acto canallesco ni mala acción que se pudiera haber cometido en cualquier lugar, de los que tuvieren puntual noticia.

Hete aquí que mal que, en España, hay trabajo atrasado en esto de la administración de Justicia ( se dice que existen más de un millón de expedientes durmiendo el sueño de los justos en los archivos de los juzgados); pese a que no sería preciso que pusieran sus ojos justicieros en naciones remotas, puesto que, responsables de genocidios y crímenes alevosos los tenemos viviendo, tranquilamente, en nuestro país; algunos jueces o magistrados, a los que les sobra el tiempo o lo sacan de aquellos trabajos que debieran esmerarse en solucionar con mayor diligencia; fieles seguidores del rastro de polvo de estrellas dejado tras de sí por el inefable Juez Garzón y, en busca de su porción de fama ( y, porqué no decirlo, del sustancioso complemento crematístico que siempre suele acompañar a los que logran alcanzarla); han decidido incordiar, con más ímpetu que resultados, a aquellas naciones donde se han producido actos de guerra o actuaciones terroristas o revueltas intestinas, para alargar su brazo justiciero, bajo la advocación de la “Jurisdicción Universal”, con el objetivo de encausar a cualquier personaje, preferiblemente de gran notoriedad, sin importarles entrometerse en el campo jurisdiccional de los países afectados ni preocuparse de las consecuencias políticas que tales actos de imprudente injerencia en los asuntos internos de estos, pudieran acarrear.

Conviene que sepamos que, en la actualidad, la Audiencia, a la que están adscritos nuestros divos de la justicia, tiene abiertos expedientes a distintas personas por supuestos delitos de lesa humanidad, cometidos en Alemania, Argentina, Chile, China, Guatemala, Israel, Ruanda y el Sahara. Conocemos que,¡Dios sabe a quien se le ocurrió!,la LOPJ ( Ley Orgánica del Poder Judicial) permite, en su artículo 65, a la Audiencia, investigar tal tipo de delitos pero, a nadie se le puede ocultar las dificultades de todo orden que una intervención de este tipo y, máxime si se trata de asuntos que tienen sensibilizada a la ciudadanía a favor o en contra de la actuación controvertida, puedan ocasionar en el orden político, diplomático y de choque de competencias con la justicia del país donde se cometieron los supuestos hechos. Pero también deberemos dejar constancia de que, de los juicios abiertos sobre el tema, ya finalizados, todos han sido sobreseídos o archivados sin resultado alguno. Aún en el supuesto de que hubiera alguno con suficientes pruebas, el juicio debería celebrarse en España lo que supondría pedir la extradición del presunto culpable con las dificultades que se podrían derivar cuando se pusiera en cuestión alguno de los derechos reconocidos para sus ciudadanos por la nación a la que se le solicitara ( imaginémonos en el caso de China que ya ha advertido que cualquiera que se atreva a pisar su territorio con intenciones de realizar alguna gestión de semejante índole será, inmediatamente, detenido).

Sin embargo, contra viento y marea estos mosqueteros de la Justicia Universal, insisten en crearle problemas al Gobierno, que se las ve y se las desea para justificarse ante naciones con las que mantiene relaciones de todo tipo, en muchas ocasiones importantes relaciones comerciales, para explicarles a sus dirigentes como unos jueces, izquierdistas por más información, han decidido meterse con la cárcel de Guantánamo, por ejemplo y, por el contrario, se han olvidado de lo que ha sucedido en la Cuba de Fidel Castro con los de la oposición. Pero, señores, para esta élite de nuestra magistratura, para estos jueces Andreu, Pedraz, Moreno, Velasco y Garzón, el hecho de no pasar desapercibidos, sus deseos de lucimiento, su afán de golpear a todo que se les antoje un acto de las derechas, nada tiene importancia y nada les arredra para seguir poniéndonos en ridículo ante el resto de naciones que, por cierto, ya nos miran como a un bicho raro, seguramente pensando en que, con la que tenemos encima, con cuatro millones de parados y endeudados hasta la corinilla, ¿cómo es posible que haya unos señores que se metan en semejantes fregados? ¡Ah! Y no se olviden de contabilizar lo que nos cuesta a los españoles en viajes de los magistrados ( imaginensé, de turismo por China o por las Pampas argentinas), las actuaciones y las pesquisas para localizar a los posible reos y los gastos de traslados y obtención de pruebas ¡vaya un dineral! para que luego todo acabe, como debe acabar, en agua de borrajas.

Pero no quiero acabar este comentario sin hacer mención al nuevo ministro de Justicia, señor Caamaño que, eso sí., les ha pedido a los jueces “prudencia” cuando investiguen Guantánamo ( veremos como se toma tan espinoso asunto el señor Obama, el “amigo predilecto” del señor ZP). Se muestra como defensor de la Jurisdicción Universal, pero hace una importante distinción: “es distinto que se pretenda administrar la justicia universal en países democráticos que el hacerlo en aquellos que no lo son”. Para el ministro sí estaría justificarlo hacerlo si se tratara de países que no fueran democráticos. ¡A ver quien nos explica las razones de tal distinción y nos las analiza con argumentos jurídicos! O sea que, ¿deberíamos suponer que, en cualquier régimen que no sea democrático, el cometer un acto de genocidio puede resultar más digno de sanción que si dicho acto se comete en uno democrático? O, ¿acaso todos los otros sistemas de gobierno deberán ser considerados forzosamente repudiables y las democracias todas aceptables?. Veamos si nos entendemos, ¿pretende el señor ministro equiparar las “democracias” absolutistas actuales de Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia con la de Alemania, Reino Unido o Francia? Pienso que el señor Caamaño adolece del mismo virus que tenía su compañero que le precedió en el cargo, todos bailan al son, no de la justicia, sino de lo que dejó dicho Fernández Bermejo: “según convenga a la jugada”.

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