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Opinión
Etiquetas:   Opiniones de un paisano  

Sobre la suspensión de los diputados imputados

Mario López
Mario López
sábado, 9 de mayo de 2009, 08:30 h (CET)
El otro día vimos cómo María San Gil en un acto público ninguneaba a Mariano Rajoy mientras derrochaba gentileza con los demás dirigentes del PP. Don Mariano se rascaba la sien, arqueando las cejas y dibujando una U invertida con los labios.

Hoy nos desayunamos con la decisión de la presidenta de la Comunidad de Madrid de mantener en sus cargos a los tres diputados imputados en el caso Correa, después de haber sido suspendidos de militancia por la dirección del partido. Esperanza Aguirre –la cojonuda- defiende su decisión con el argumento de que la suspensión de militancia de sus diputados es “cautelar y no definitiva”.

Alberto López Viejo, Benjamín Martín Vasco y Alfonso Bosch Tejedor están imputados, en firme, como posibles culpables de la comisión de delitos muy graves. De hecho, han evitado la prisión preventiva depositando fianzas de cientos de miles de euros. Por consiguiente, la situación judicial de los tres diputados autonómicos es de una gravedad suficiente como para que, con el código civil en la mano, se les suspenda de inmediato en sus funciones. Así parece haberlo entendido la dirección del PP, pero no la presidenta cojonuda. El hecho de que con su actitud lo único que pretenda doña Esperanza es mantener el pulso que desde hace algún tiempo viene echando a Mariano Rajoy y su entorno, debería ser suficiente motivo para que el presidente del PP extremara su vigilancia sobre la libérrima lideresa y diera alguna muestra de autoridad. Por encima de sus intereses personales, los de Rajoy, está el interés general de los madrileños. Y los ciudadanos de Madrid no debemos aceptar que nuestra presidenta se salte la legalidad vigente a la torera con el único fin de alcanzar sus objetivos políticos. Mariano Rajoy debería obligar a Esperanza Aguirre a suspender de sus cargos a los tres implicados. Y si no lo consigue, lo procedente sería que suspendiera de militancia a la propia lideresa. Y que no repita la foto de San Gil.

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