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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   -   Sección:   Opinión

Sánchez, don erre que erre. Intolerancia y sectarismo

“Nunca es tan terca la obstinación como cuando mantiene una creencia equivocada” S.Butler
Miguel Massanet
domingo, 1 de mayo de 2016, 11:27 h (CET)
Cuando un aspirante a gobernar falla en sus aspiraciones para conseguir los apoyos necesarios para poder ser investido en el Parlamento como Presidente del gobierno, se debiera plantear con seriedad, objetividad e inteligencia, cuáles han sido las causas de su derrota para procurar, en la próxima ocasión que se encuentre en semejante trance, no repetir los mismos errores, no cometer idénticas torpezas o no incurrir en parecidas tácticas de las que se ha valido en aquellos intentos de los que ha salido fracasado.

El señor P.Sánchez empezó con mal pie su campaña para cumplir con el mandato recibido del Rey, con el objeto de reunir los apoyos necesarios del resto de partidos, para salir adelante en la designación de un candidato. En primer lugar, en el mano a mano televisivo con el señor Rajoy, se mostró excesivamente beligerante, mal educado y hasta grosero, cuando empleó términos verdaderamente insultantes hacia la persona del actual Presidente del gobierno. De este primer round, en el que se produjo una situación de excesiva tirantez, no habitual en esta clase de enfrentamientos políticos, que llegó a afectar al ámbito personal, con un intercambio de “lindezas” que luego, impidieron la posibilidad de posteriores encuentros y de reanudar rondas de negociaciones entre ambos partidos, que hubieran podido limar asperezas hasta llegar a acuerdos de gobernabilidad, que habrían sido la solución ideal para este momento tan difícil por el que estamos pasando.

Cualquier posibilidad de acercamiento, pese a las repetidas ofertas de Rajoy de intentar una gran coalición entre PP, PSOE y Ciudadanos o, entre PP y el PSOE, con mayoría suficiente para formar un gobierno estable, fuerte y adecuado para tomar las medidas precisas para sacar adelante a un país que ya estaba encaminado en la buena dirección, junto a algunas medidas sociales que hubieran podido favorecer a los colectivos más perjudicados por la pasada crisis; fue rechazada de plano por P.Sánchez que repitió hasta la saciedad la palabra no, no y no hasta acabar diciendo ¿ Qué parte del no es la que no entiende el señor Rajoy” cerrando cualquier posibilidad de acuerdo con el partido más votado y que aportaba 123 escaños a la coalición. El empeño del PSOE de apartar a la derecha de la negociación, su cinturón sanitario entorno al PP y el apoyo de los barones del partido a esta postura excluyente; redujeron las posibilidades de obtener apoyos de investidura a un pacto con diversos partidos de la izquierda, entre ellos y más importante, el de Pablo Iglesias con Podemos y la agrupación de otras formaciones comunistas que concurrieron con ellos a las elecciones. Aún así, las matemáticas no cuadraban y por ello Sánchez intentó con Ciudadanos, que se dejaron engatusar al conseguir que el PSOE, un partido sin un programa electoral definido, aceptara las 200 proposiciones que aportó A.Rivera para llegar a un acuerdo.

PSOE y Ciudadanos no sumaban bastante y Sánchez intentó una jugada a tres condenada a fracasar, porque no existía posibilidad alguna de que Podemos aceptara una entente con Ciudadanos y viceversa. Fracasaron los últimos intentos de recomponer la situación y P.Sánchez tuvo que reconocer, ante el Rey, que no estaba en condiciones de ser investido. Nueva ronda de visitas al Rey y la única solución consistía en un mes para conseguir acuerdos y, si no los había, nuevos comicios para el mes de Junio; tal y como ha sucedido. La nueva situación nos sitúa ante dos meses de plazo para que los partidos intenten convencer a los ciudadanos, con la particularidad de que ninguno de ellos tiene nada nuevo que aportar que no haga tiempo que ya conocen los ciudadanos. Un hecho previo que puede condicionar de una manera notable los resultados de las futuras votaciones: la ciudadanía esta harta de elecciones, desconfía de toda la clase política y se lamenta de la falta de consenso que lleva al país a tener que repetir de nuevo las legislativas, con la particularidad de que existe garantía alguna de que los resultados sean muy distintos a los del 20D.La gran amenaza: la abstención.

En todo caso se pudiera esperar que la experiencia de las pasadas negociaciones, de sus fallos de enfoque y del error indescriptible de haber dejado fuera de las negociaciones a la derecha, un partido con siete millones y medio de votos y que fue el que ganó las elecciones, fue la causa especial que dio al traste con toda posibilidad de acuerdo. Es evidente que, el tener que afrontar una nueva campaña electoral, impide a los líderes de cada partido expresar oficialmente con quién pactarían en caso de no conseguir la mayoría de votos necesarios para gobernar sin apoyos, sería tanto como admitir de antemano la derrota; no obstante, la más mínima prudencia política recomendaría que se evitaran las descalificaciones ad personam, se moderaran las críticas sin sentido y sin finalidad alguna y se descendiera más al terreno de los problemas que afectan a nuestra nación y a los ciudadanos; dejándose de promesas imposibles o de ofrecimientos que se sabe que son inalcanzables en una Europa en la que existe la libertad de mercados, una legislación comunitaria que no permite según que tipo de veleidades tercermundistas y unas instituciones que, como se demostró en el caso griego, no admiten que una nación decida por su cuenta la forma de atender a sus compromisos comunitarios.

Si en el caso de Podemos e IU ya sabemos que sus posibilidades de acercamiento al PP o a los mismo Ciudadanos, se puede decir que son nulas; el hecho de que el señor Sánchez de la sensación de no haber aprendido nada de su fracaso rotundo e injustificable, en el intento de ser investido; del error supino de no haber querido hablar con el PP para intentar un pacto de gobierno y de su equivocación garrafal de haberse humillado ante Podemos, lo que les ha permitido al señor Iglesias y sus compañeros mofarse abiertamente del PSOE y tomarse a chirigota sus propuestas de acuerdo, dejándoles, finalmente, como popularmente se dice: “colgados de la brocha”.; puede entenderse como un anticipo de un nuevo fracaso.

Suena a dejá vú el volver a escuchar de boca del líder del PSOE su cantinela de que hay que apartar a Rajoy del gobierno, su error de intentar vender que España va mal cuando todos los datos económicos afirman lo contrario o sus bravatas de lo que van a cambiar cuando, si las cosas no cambian de forma drástica, es muy probable que el Senado vuelva a caer en manos de los populares y, con ello, la imposibilidad de que se pueda alterar ni una letra de la Constitución, actualmente vigente. Si persiste en este camino, si no rectifica en su promoción del PSOE e insiste en la necesidad de un viraje radical hacia acuerdos con los comunistas bolivarianos de Podemos; es muy probable que, el anunciado sorpaso si se produce la unión de IU y Podemos, se materialice y muchos de los votantes socialistas de centro derecha se decidan por abstenerse o votar por el PP, antes de exponerse a que un partido centenario, como es el PSOE, acabe siendo absorbido por la voracidad caníbal de los seguidores de Iglesias y Errejón.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, sentimos, tenemos la intuición de que, a pesar de sus continuas manifestaciones en contra y en el bien de los ciudadanos, la intención verdadera del señor Pedro Iglesias es intentar salvarse del naufragio que le anuncian sus detractores dentro del partido como la única manera con la que podría evitarlo: consiguiendo un acuerdo que lo situara al frente del gobierno español. Lo que falta saber es lo que está dispuesto a ceder para conseguirlo, lo que los barones decidan que le van a consentir hacer y lo que, en realidad harían si, como pudiera suceder, no consiguieran aumentar los escaños, perdieran alguno o los de IU y Podemos los adelantaran en número de votos y fueran ellos los que les impusieran las condiciones para evitar que una posible coalición del PP y Ciudadanos ( parece que las encuestas les auguran una sustancial mejora) fuera suficiente para poder alcanzar una mayoría absoluta que los permitiera gobernar. Y es que, señores, a este sujeto de miras estrechas, ambición desmedida y de irreflexiva condición; como no lo paren los suyos y le pongan el correspondiente freno bucal, es posible que, el solito, sea capaz de llevarnos a todos al mismísimo Infierno.
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