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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Hablemos, señores, del Crowding aut

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 8 de mayo de 2009, 08:00 h (CET)
Los entendidos en música nos dicen que, en la música occidental, se usan fundamentalmente dos tipos de escalas: la escala en modo mayor y la escala en modo menor, de una forma u otra. Se dice que la escala en modo mayor, debido a su particular orden de tonos, parece contar con un sonido “claro”, “alegre” y “positivo”, por el contrario, la escala en modo menor, por lo general, se la describe como “oscura”, “triste” y “pesimista”. No hay duda de que, si quisiéramos describir la situación de nuestro país en estos momentos con un símil musical, tanto si nos detuviéramos en la calidad y eficiencia de las personas que nos gobiernan y de las que dependemos para salir de la crisis, como si nos fijásemos en los resultados de las políticas que se han ido desarrollando para intentar contenerla; podríamos inclinarnos por calificarla como una escala de modo menor: oscura, triste y pesimista. Lo curioso del caso es que, el empeño del gobierno del señor Zapatero, la estrategia que parece que prefiere utilizar y la orientación que quiere imprimir a su gestión, de ahora en adelante, es intentar mantenerse, fuere como fuere y, a pesar del negro porvenir que se nos viene vaticinando por todas las instituciones que regulan el mercado y las finanzas, en el candelero. Así, nos encontramos ante una huida hacia delante consistente en aumentar el gasto público para seguir subvencionando el paro, para ir tapando los agujeros que se produzcan y para mantener a raya los posibles brotes de violencia que pudieran surgir de la circunstancia de estar abocados a un desempleo de dimensiones nunca conocidas. El propósito: capear como sea la crisis y, cuando empecemos a salir de ella, volver a utilizar sus consabidas argucias electorales para atribuirla al capitalismo, colgándose las medallas de ser él quien, con sus “consejos” y “adecuadas medidas”, ha sido el artífice de la recuperación.

Lo malo es que, según se nos viene anunciando desde la UE, es muy probable que seamos el furgón de cola de Europa y, cuando el resto de países ya se hayan rehecho y reanuden el camino de la normalidad económica, nosotros todavía seguiremos colgados de nuestra incapacidad para salir del fango económico en el que nos habrán metido quienes nos gobiernan. Sin embargo, me gustaría comentar algo, que considero bastante interesante, sobre lo que podríamos denominar “la orgía de la Deuda Pública”. En una serie de artículos aparecidos en Libertad Digital, se nos informa sobre un fenómeno que, no por ser desconocido por la mayoría de los ciudadanos, resulta menos preocupante, por sus efectos letales sobre las empresas y de retruque sobre los ciudadanos de a pie. Se trata de lo que se viene conociendo en inglés como el “crowding out” que podría considerarse como la antítesis del “credit crunch”. En castellano esta figura podría considerarse como un desplazamiento del sector privado ocasionado por la actuación del sector público. En definitiva, y para que se entienda por todos, cuando el sector pública les “birla” los créditos de los bancos a las empresas y a los ciudadanos privados. Puede que a ustedes les cueste creerlo, es posible que a algunos les parezca algo de ciencia ficción pero, como siempre suele ocurrir con quienes nos gobiernan, no deja de ser un engaños más a la ciudadanía basado en la capacidad del Gobierno de apretar las tuercas al pueblo.

Resulta que el Gobierno dice que los bancos han de darles créditos a las empresas y a los ciudadanos que los precisen; se hace hincapié en advertir a los bancos su responsabilidad en cumplir con las directrices de la Administración y, más tarde, cuando los créditos no aparecen por parte alguna, darse golpes en el pecho y quejarse de lo malas que son las entidades crediticias por no obedecer las consignas del Ejecutivo. Pero, y ahí tenemos la trampa, se olvidan de decir que, los que se están beneficiando de los créditos bancarios y de los las de las entidades financieras son, precisamente, las propias Administraciones Públicas que se dedican a acaparar el poco crédito disponible, dejando a empresarios, pequeñas empresas y comerciantes con un palmo de narices y comiéndose las uñas del despecho que tal situación les produce. Pero vayamos a las cifras que son harto elocuentes: durante el primer trimestre de este año el crédito concedido por el Banco Popular a las Administraciones Públicas ha crecido un 144 % ( 568’55 millones de euros) respecto al mismo trimestre del año pasado, mientras a familias y empresas sólo a aumentado un 4’8%; en el caso del Banesto ( dirigido por la hija de Botín), los créditos a organismos públicos se han disparado un 50’4% ( hasta 1.268´31 millones de euros), en tanto que a empresas y familias sólo se incrementó en un 0’2%; en el del grupo Santander la inversión crediticia del sector público se incrementa en un 37’6% ( hasta 7.514 millones de euros), no obstante, al sector privado los préstamos sólo subieron un modesto 0’6%; BBVA ha incrementado sus créditos al sector público en un 11% mientras que ha familias y empresas se reducen un 1’2%.

Y ustedes es muy probable que se pregunten ¿cuáles son los resultados para el sector privado de esta restricción de créditos?, pues, según los datos del estudio, el volumen de créditos concedidos al sector privado en el año 2008 cayó, nada más y nada menos, que un 61% respecto al año anterior. Pero, lo verdaderamente espectacular de todo este proceso es que, lo miren por donde lo miren, este dinero que chupa el Estado para endeudarse cada día más al objeto de poder cumplir con todos su compromisos –entre los cuales está el pago de los fabulosos intereses que gravan la Deuda Pública española en el extranjero que, al no poder amortizarse, cada vez van creciendo de una forma desaforada – al efecto de atender los compromisos ineludibles con los trabajadores en paro y con toda la serie de “mejora sociales” en las que tan alegremente se embarcó para ganar las elecciones; en resumidas cuentas, va a tener que salir del bolsillo de todos los ciudadanos y, no sólo de los desgraciados que hemos tenido la fatalidad de que nos pillara la crisis, sino también nuestros hijos y nietos, todos ellos van a tener que continuar apechugando con la desaforada deuda en la que nos ha metido este gobierno incompetente del señor Zapatero. Recuerden, Corwding out (en una traducción libre, algo así como populacho apartado), un sistema que ya se está poniendo en práctica en la propia administración del señor Obama con unas perspectivas más bien aterradoras por lo que estas libertades y facilidades para poderse endeudar las Administraciones, sin limitación alguna, es evidente que, al fin y a la postre, van a tener su coste leonino para los ciudadanos que, por increíble que pueda parecer, son los aparentes “beneficiarios” del despilfarro gubernamental.

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